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Todo lo que sabemos del nuevo sistema solar descubierto por la NASA

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Los rasgos de estos planetas son casi tan fascinantes como el descubrimiento en sí

astrid otal

23 Febrero 2017 13:59

Ayer la NASA hacía el gran anuncio: existe un sistema solar formado por siete planetas rocosos de tamaño similar al de la Tierra en la constelación de Acuario. El descubrimiento entusiasma porque es la primera vez que se encuentran tantos planetas con esa característica orbitando alrededor de un sol cálido llamado Trappist-1, con la emocionante posibilidad de que algunos alberguen vida.

Son los candidatos perfectos para centrar nuestra búsqueda de agua líquida en otros mundos rocosos y averiguar la respuesta a la frecuente pregunta de si estamos solos en el universo, aunque la otra vida sea microscópica.

Pero antes de que queramos compramos billetes para mudarnos a otros planetas, debemos tener en cuenta algunos inconvenientes que no los hacen del todo... perfectos.

No están a la vuelta de la esquina

El primer problema es que se encuentran a 39 años luz de distancia, lo que significa que nos seguiría costando casi 40 años llegar aún si dispusiéramos de un nave que viajara a la velocidad de luz. Planear una jubilación en esos mundos requeriría tener las cosas ya muy claras desde adolescentes y no arrepentirse por el camino.



Trappist-1 es una estrella roja tenue

Su sol es mucho más frío que el nuestro. Trappist-1 es una estrella roja diez veces más pequeña y 2,5 veces menos cálida, por lo que la enana se parecería más a Júpiter que al Sol de nuestro sistema.

Los planetas están muy cerca de su sol

¿Cómo es posible entonces que haya esperanzas de encontrar agua líquida si su sol es más tenue? Bueno, porque los planetas están muy cerca de Trappist-1. Todo el sistema cabe dentro de la distancia que separa a Mercurio del Sol. O en otras palabras: están tan pegados que un año del planeta más interior dura aproximadamente un día nuestro. Y eso no son buenas noticias.

Las llamaradas solares podrían socavar las atmósferas —todavía se necesita averiguar si poseen— y la radiación solar podría hacer imposible cualquier tipo de vida.

¿Ni días ni noches?

La cercanía temeraria también podría hacer que los planetas estuvieran 'bloqueados'. Es decir, que una cara de su mundo apuntara siempre al sol y a la otra a una oscuridad perpetua. Sin giro, los días y las noches no existirían. Solo habría un lado iluminado mientras que otro jamás sabe lo que es la luz del sol.



Una 'vida' en un mundo diferente

Aun si uno de esos planetas fuera habitable, la vida allí sería muy diferente. Si no hubiera plantas, no es que solo nos dejáramos de perder las vistas a las praderas, sino que no habría fotosíntesis. Por no mencionar lo que sería un mundo si hongos, que reciclan los desechos, o sin los animales. Un hogar distinto.

A pesar de los inconvenientes, el descubrimiento posee un valor incalculable. Son siete mundos que nos mantendrán en vilo durante la próxima década, cuando la siguiente generación de telescopios que se desarrolle nos permita ahondar nuestro conocimiento sobre ellos.

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