PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

No están desnudas, están armándose para la guerra

H

 

Nadia Lee Cohen retrata a un puñado de mujeres desnudas

Luna Miguel

02 Febrero 2015 13:13

Se respira un ambiente espeso.

El olor a perfume de violetas y tabaco crea una nube mágica y brillante que a primera vista destruye cualquier nitidez posible.

Sin embargo, la mirada avanza entre la humareda.

Si nos fijamos bien, en el centro de la escena hay una mesa de madera oscura con un tapete verde sobre el cual reposan botellas de vodka, ceniceros repletos de colillas finísimas y una baraja de cartas esparcidas por toda la superficie.

Las manos que fuman, que beben y que juegan con pasión son las de un grupo de mujeres sentadas alrededor, que hablan en voz alta, casi chillando, y que ríen mostrando sus blanquísimos dientes manchados a veces de carmín.

Pelucas estrafalarias, collares de perlas enormes, gafas de pasta dura que esconden ojos muy azules y demasiado maquillados. Los colores de sus joyas son dañinos a la vista, porque a veces son rosa fosforito y otras verdosos o amarillos.

Llevan joyas, porque son reinas.

Llevan perlas y pañuelos estampados porque les gusta notar la suavidad de la seda sobre sus cuerpos desnudos.

Sí, van desnudas y sus pieles huelen a perfume de violetas y a tabaco. Están todas juntas en el garaje de una de ellas. Están todas juntas bebiendo, y jugando, e imaginando cómo sería el mundo si no tuvieran que esconderse para bailar, para maquillarse, para eructar o para independizarse.

No están locas: son libres. No están desvestidas: en realidad llevan sobre su cuerpo la más fuerte de las armaduras.

Ríen, cantan, bromean con la posibilidad de dejar a sus maridos, de abandonarlos para siempre, de vengarse de su autoridad. Son los años 50 y sueñan cómo serán las mujeres del futuro.

Son las doce de la noche, y sueñan cómo sería la vida en otro tiempo, en otro lugar, o en mundo en el que hacer lo que les de la gana no sea un tabú.

Se respira un ambiente espeso. Están preparadas para la guerra.

Se respira un ambiente único. Nosotros queremos quedarnos con ellas.


La libertad sabe a carmín y a carcajada



share