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Cuando los niños hablan, las bombas callan

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La guerra en Gaza explicada por 10 niños

Alba Muñoz

18 Diciembre 2014 10:00

Este martes, un colegio de Peshawar, Pakistán, quedó en silencio. 132 escolares fueron asesinados por los talibanes en uno de los atentados más sangrientos que ha sufrido el país. Nos llegaron las imágenes de la sangre en el suelo, de los padres y madres gritando, de las carreras hacia el hospital. Es imposible encontrar palabras para expresar tanta miseria.

Sólo los niños, cuando sobreviven, son capaces de pronunciar las palabras desnudas que definen qué son, en realidad, las guerras de los adultos. El pasado verano, el reportero Hernán Zin viajó a Gaza durante la operación “Margen Protector”, y en vez de filmar los bombardeos israelíes con el tradicional lenguaje bélico audiovisual, se detuvo: quiso que sólo la infancia hablara.

El documental Nacido en Gaza acaba de estrenarse, y en él no veremos explosiones. 10 niños y niñas palestinos huérfanos, lisiados o trastornados son quienes explican la guerra. Hay que recordar que en la Franja de Gaza la media de edad es de 17 años, y en contra de lo que se pueda pensar, las voces de los protagonistas de este film no son lastimeras, ni sentimentales, ni se centran las cuestiones políticas.

Sencillamente, sus testimonios son los más duros porque son verdad: “Me hirió en la barriga y se me salieron las tripas. Yo soy una niña, no tengo misiles, no deberían hacer estas cosas”, explica Sondos en el hospital. “El pedazo más grande que quedó de él era así”, cuenta Ahnour mientras junta las manos para calcular el tamaño al que quedó reducido su hermano.

Producido por Jon Sistiaga y Olmo Figueredo, Nacido en Gaza ya es candidato a los premios Goya como mejor largometraje documental. En parte, esto se debe a las nuevas formas de narrar uno de los conflictos más largos, mediatizados y visibilizados de la historia. Para ello, Zin utilizó tres recursos poco habituales, como la cámara lenta (slow motion) y los drones, lo cual le permitió tomar imágenes aéreas y comprobar el grado de devastación zona.

El tercero de estos recursos son las cámaras subacuáticas. El mar es para muchos gazatíes el único lugar donde se sienten libres, donde por un rato los niños pueden parar de crecer abrazados a la muerte. El mar, en cierta medida, es un cielo alternativo que no hay que temer. Así lo siente Mohamed: "Yo quiero al mar. He nacido en el mar. Me gustaría poder estar siempre en el mar, nadando y viviendo en él. Olvidarme de todos los problemas a mi alrededor y seguir viviendo toda mi vida en el mar". 


Sólo los niños que sobreviven pueden contar la verdad de la guerra.



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