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Ser ridículo es una virtud: la peor cantante de la historia llega al cine

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En agosto se estrenará Florence Foster Jenkins, la historia de la cantante de ópera más disparatada de la historia

Valentina Esponda Ornella

15 Abril 2016 14:41

Asesinato en DO mayor. Es el título de un disco firmado por Florence Foster Jenkins. Y no es un título casual. Foster es, probablemente, la única soprano de la historia que se hizo famosa por su completa falta de habilidad musical.

Ochenta años después de la muerte de la soprano, Stephen Frears se ha decidido a recuperar su historia. Florence Foster Jenkins llegará a los cines el 31 de agosto de este año. La película sigue a Florence (interpretada por Meryl Streep), una rica heredera y 'socialite' norteamericana que tenía una personalidad eternamente positiva y un sueño persistente: convertirse en cantante de ópera.

Foster logró llegar lejos con mucho trabajo y el apoyo de su marido, su dinero y su círculo de amigos. Su primera presentación pública como soprano tuvo lugar en el mítico Carnegie Hall de Nueva York, que se llenó de espectadores.

Pero su historia guarda una particularidad: Foster no tenía ni una gota de talento, y aquel público acudía, sobre todo, con ganas de reírse.



Florence Foster Jenkins nació en Pennsilvania en 1868 y siempre quiso ser cantante, pero su padre no se lo permitió. En 1909, con la muerte del progenitor, ella heredó una fortuna: por fin podría dedicarse a su pasión.

Había esperado 41 años para poder hacer lo que quería y nada la iba a detener, ni siquiera su pésima voz.

Foster contrató a Cosmé McNoon para que la acompañara al piano y se lanzó como cantante profesional. Una o dos veces al año hacía conciertos en el Ritz-Carlton de Nueva York para algunos invitados. Dicen que se cambiaba hasta tres veces de vestuario durante un recital y, mientras destrozaba la canción Clavelitos lanzaba rosas rojas hacia el público, que moría de la risa.

Con el tiempo, la comedia involuntaria de Florence se volvió tan popular que, en 1944, se agotaron las entradas para su primer gran show público, nada más y nada menos que en el Carnegie Hall.

Ella estaba tan entusiasmada que en vez de tirar rosas lanzó la cesta entera sobre las cabezas de los espectadores. Noel Coward se cayó por los pasillos en un ataque de risa incontrolable. Para el regocijo de los presentes, Foster, en vestido de reina completo con una corona gigante, asesinó La flauta mágica de Mozart.



Foster pasó años entrenando y gastando miles de dólares en profesores de canto y pianistas profesionales, pero nunca dejó de sonar como una gata pariendo, aunque en su mente estaba a la par de las grandes de su época.

Aún quedan algunas grabaciones de su “fantástica” voz, que se recopilaron en los álbumes La gloria de la voz humana y el citado Asesinato en DO mayor, dos discos indispensables para el que quiera poner a prueba su capacidad de aguante.

Tal vez Foster tenía delirios de grandeza, o a lo mejor se lo tomaba más en broma de lo que pensamos, pero una cosa está clara: ella tenía más huevos que cualquiera de nosotros.

¿Cuántas veces no hacemos lo que nos gusta por miedo al fracaso? Demasiadas, de hecho.

Florence es casi una inspiración, una mujer un poco loca que no tenía miedo al rídículo, hacía lo que le apasionaba y con eso le bastaba. Ella dijo que “la gente dirá que no puedo cantar, pero nadie podrá decir nunca que no lo hice”.

Los que se quedan callados no hacen historia. Ella sí la hizo, aunque por razones completamente atípicas.


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