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Así verías el mundo si fueras una mujer con velo

El fotógrafo Hassan Ammar cambia tu punto de vista

El mundo es muy diferente según los ojos del que mire.

El mundo es muy diferente según si esos ojos son de hombre o de mujer.

El mundo es muy diferente según el lugar en el que hayan nacido esos ojos de mujer.

Y es muy, muy diferente, cuando un velo cubre esos ojos, ya sea por elección propia o por imposición.

Hassan Ammar es un fotoperiodista libanés que trabaja desde hace años en Oriente Próximo para la agencia Associated Press.

Su trabajo es mirar el mundo y, por eso, hace poco se dio cuenta de que no lo estaba observando con los ojos de quienes habitan su entorno. O al menos, no con los de la mitad de esa población.

Día a día saca fotos de mujeres que cubren sus rostros con un velo, pero nunca se había preguntado cómo se ve el mundo tras ese trozo de tela.

Así que se puso un niqab. Y siguió haciendo su trabajo.

Inquieto por la expansión del Estado Islámico por las vecinas Siria e Irak, Hassan fue fotografiando escenas cotidianas detrás de su niqab, preguntándose cómo cambiaría todo para las mujeres de su vida si se vieran obligadas a llevarlo.

Y descubrió que el verde de la hierba y el azul del cielo perdían, de golpe, parte de su brillo.

Se dio cuenta de que los seres queridos se convertían, según la luz del día, en sombras sin rostro. En fantasmas a contraluz.

Tras el velo, Hassan sintió que una especie de crepúsculo hacía que sus fotos vivieran eternamente en la penumbra. Incluso en un día soleado en el parque de atracciones de Beirut...

... o en un domingo caluroso en la playa de Biblos, al norte de la capital libanesa. Hace calor, mucho calor, pero la brisa no logra alcanzar sus mejillas para refrescarlas.

A veces, en el tumulto de un zoco, Hassan siente que el velo le protege de miradas indiscretas, se siente resguardado en el anonimato.

Y se detiene a observar los colores vibrantes de un jardín con la libertad del que se sabe invisible.

Pero el anonimato deja de ser cómodo cuando cae la noche y apenas reconoce a sus propios vecinos. Tampoco ellos le reconocen a él. Es una sombra más en la oscuridad y se siente borroso, desdibujado.

Dentro de las casas es peor. La luz de interior es más evasiva y solo una bengala ayuda a Hassan a ver con cierta claridad los rostros de quienes fotografía.

Son niñas en una fiesta de cumpleaños. Ellas todavía no llevan velo. Todavía ven el mundo sin barreras, no saben de esa penumbra permanente. Si lo llevan en el futuro dependerá de ellas.

O quizá, desgraciadamente, no.

Qué lástima perderse el brillo intenso de un cielo despejado

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