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El mundo de la moda diseña un futuro... ¿vegano?

Un buen puñado de marcas están demostrado que se pueden crear piezas innovadoras y modernas sin tener que utilizar pieles o cuero

Quizá aún no hayan visto el vídeo que lanzó hace pocos días Igualdad Animal. Algunos de sus miembros se infiltraron durante dos años en fábricas para mostrar cómo cientos de conejos eran tratados brutalmente con el fin de vender su piel a marcas de moda tan reconocidas como Marc Jacobs, Burberry o Saint Laurent París. Si tienen el estómago suficiente para mirar de frente a las imágenes, aquí lo tienen:

Por desgracia, no es el primero ni el último de los escándalos que salpican a la moda, aunque este lo hace en un momento peliagudo: ha pasado un año y medio de la catástrofe del Rana Plaza en Bangladesh, y desde entonces, muchas marcas se han puesto las pilas en lo que respecta a su responsabilidad social corporativa. Ni explotación laboral ni crueldad animal. O, al menos, eso parece.

El problema es que, si bien hemos hecho un largo camino en lo que se refiere a los materiales utilizados, y, por suerte, ya no es común encontrarse sobre la pasarela con demasiados visones, cocodrilos o conejos, lo cierto es que, en este caso, s e trata de un problema cultural que viene de lejos y que, por lo tanto, es muy difícil de erradicar.

Durante la historia, las pieles animales (y más si se trataba de animales exóticos o en extinción) eran sinónimo de lujo. Hoy las firmas de alta gama han reducido su uso, pero existen millones de clientes ahí fuera que siguen este mantra: “si no es de piel o de pelo de conejo, no es bueno”. El binomio calidad-piel animal lleva siglos presente en nuestro imaginario. Las marcas lo saben, y las menos valientes (o las más tradicionales) se rinden ante la evidencia.

“El abrigo de piel de la abuela era la compra de lujo que atesorabas durante toda la vida. Desde hace cinco o seis años la tecnología volvió a hacer que los diseñadores regresaran al uso de la piel, permitiendo que pudiera ser tratada de mil maneras. Ahora es asequible y hay una nueva generación que ha vuelto a enamorarse de las pieles” contaba Mark Oaten, director ejecutivo de la Federación Internacional del Comercio de Pieles, al diario The Guardian. Su intervención llegó al hilo de un hecho que tuvo lugar en las pasarelas el pasado invierno: decenas de diseñadores volvieron a lanzar abrigos de pieles. Conviene recordar que los directores creativos de las marcas no diseñan apartados del mundo. Si decidieron apostar por la piel fue porque, quizá, había un sector social que la estaba demandando.

Pero hay algo que a Oaten se le olvidó mencionar: la tecnología permite nuevos tratamientos de pieles, pero también permite crear materiales de calidad completamente libres de crueldad .

Nadie diría, a simple vista, que los bolsos y zapatos de Stella McCartney no están hechos con el mejor cuero; sin embargo, la diseñadora utiliza desde hace unos años fibras naturales tratadas sintéticamente para lograr un efecto similar. Incluso el pleather, la polipiel de toda la vida, está ganando una cohorte de adeptos entre clientes y diseñadores.

Hace algunos meses, la Human Society americana elaboró una lista de firmas que no usan pieles animales en sus productos. Existen centenares de enseñas, de Ralph Lauren a Levi’s, pasando por Lacoste o Calvin Klein. Algunas han firmado el convenio “Consumidores por una sociedad libre de pieles” por el que se comprometen a utilizar materiales sintécticos en todos sus productos.

En la pasada edición de la semana de la moda de Nueva York se incluyó en el calendario oficial el desfile de Vaunte Couture, una firma completamente vegana que cada día gana más adeptos. La marca de gran distribución Forever 21 decidió no usar cuero para fabricar sus zapatos y bolsos. Y la enseña Olsen Haus utiliza caucho, plástico y celulosa para confeccionar sus zapatos de lujo.

Otros están introduciendo piezas libres de cuero para concienciar poco a poco al consumidor de que la piel animal no es el único ni el mejor material para producir bolsos y zapatos. Doc Martens posee un modelo vegano de sus míticas botas, hecho a base de goma neumática y materiales técnicos. Y la diseñadora americana Rebecca Minkoff ha lanzado la línea R&EM, cuyos accesorios están alejados de cualquier producto derivado de animales.

Asímismo, cada vez son más los blogs de estilo, como Vegan Fashion Blog o el masculino My non leather life, que muestran looks diarios con prendas veganas.

PETA, por su parte, realiza anualmente una entrega de premios a las mejores marcas, diseñadores y prendas que confeccionan productos veganos. El de 2014 es, sorprendentemente, un palmarés ecléctico: se premian las piezas de Stella McCartney, Vaute Couture y otras enseñas que abanderan la moda libre de animales, pero también se galardona a Fred Perry, Obey, Scotch and Soda o la firma de Gwen Stefani, por haber apostado por los sintéticos y las fibras naturales.

“Mucha gente de la industria de la moda considera que usar piel real o cuero aporta una percepción más elevada a las prendas. Y todo el mundo siempre quiere aparentar que su ropa cuesta mucho y es de calidad. Ocurre especialmente durante las crisis. La gente quiere asegurarse de que invierten en algo que les durará más tiempo”, afirma a la CNN propósito de este tema Jaclyn Jones, consultora de tendencias.

Eso explicaría por qué el pasado invierno los abrigos de pieles vivieron una breve resurrección. Pero también explica por qué es tan difícil desacreditar un cliché cultural que lleva años entre nosotros. Sabemos que el consumo en ciertas tiendas low cost sólo refuerza la explotación laboral, pero e s muy difícil que la gran mayoría deje de preocuparse por su bolsillo para preocuparse por las condiciones de vida de los demás. Sabemos, también, de las crueles condiciones en que viven y son tratados ciertos animales, pero seguimos pensando que si un bolso, unos zapatos o un cinturón no son de cuero, no son de calidad.

A veces las marcas sólo siguen lo que la sociedad les demanda. Si queremos pieles o cuero, nos darán pieles o cuero, porque su negocio se basa en vender lo que diseñan. Pero cada vez son más las valientes que son fieles a sus valores independientemente del impacto comercial que ello suponga.

Por fin hemos desterrado esa idea preconcebida que nos hacía pensar que la moda sostenible era fea, poco variada y mucho menos innovadora. Ahora cientos de marcas nos muestran que ni la piel ni el cuero son necesarios para fabricar piezas de lujo. Sólo falta que empecemos a creérnoslo.

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