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Probablemente no lo sepas, pero también tú sufres el 'síndrome de cerebro disperso'

Correos, llamadas, vistazos a las redes sociales, reuniones inesperadas... La capacidad multitarea se cree beneficiosa, pero está teniendo un impacto no previsto en nuestro cerebro

Quién nos iba a decir hace 20 años que enviar y recibir mensajes a miles de kilómetros de distancia costaría menos que bajar a comprar el pan. Le hubiéramos tratado como un tarado. Cuando no había correos electrónico ni Whatsapps, la vida debía ser pesadamente lenta. Las esperas y la paciencia eran obligadas. Ahora no.

Ahora vives las enfermedades de tus novios al minuto, las alegrías o los dramas de los amigos al instante y ya no hay sorpresa en qué habrá para comer cuando llegues a casa: tienes apasionantes retransmisiones al minuto de cómo se han cocido los guisantes y selfies orgullosos con la sartén y la olla exprés.

La tecnología —pensamos con un sonrisa orgullosa en la cara— es simplemente maravillosa. Nos permite vivir el momento al momento. Qué bien que no nos perdemos ni se nos escapa nada. ¿No? Craso error. Porque por culpa de esa tecnología tampoco puedes huir del trabajo. Ni de tu jefe.

La rutina laboral comienza mucho antes de que pongas un pie en la oficina con el mensaje que te llega al correo en el móvil diciéndote que el informe tienes que estar acabado hoy. Antes de que te pongas con la tarea, recibes una llamada que te advierte de un reunión inesperada. En el momento que te empiezas a teclear, recibes más emails que tienes que contestar al momento. Todos esos imputs te obligan a atender tareas dispares a la vez. Y encima, tus colegas no dejan de enviarte Whatsapps.

Interrupción-interrupción-interrupción.

La empresa lo llama multitarea. Pero en realidad tiene otro nombre clínico menos favorecedor: el síndrome del cerebro disperso. Es decir, que al intentar estar en todo a la vez al final acabas en la nada.

Aunque desde los departamentos de personal se vea la multitarea como un requisito indispensable, en realidad un número creciente de investigaciones está alertando de que esa forma de trabajo es contraproducente ya que hace a los empleados menos productivos.

"La multitarea produce un pensamiento más superficial, reduce la creatividad, aumenta los errores y disminuye nuestra capacidad de bloquear información irrelevante", explica la doctora Sandra Bond Chapman. "El cerebro no fue construido para la multitarea y eso pasa factura. Con el tiempo puede conducir a niveles elevados de estrés, depresión y menor capacidad intelectual en general", apunta.

Un estudio de 2007 encontró que, en el caso de empleados que eran interrumpidos cada tres minutos por un correo electrónico y otras distracciones, su capacidad general para hacer cualquier cosa quedaba ampliamente disminuida. El mismo estudio estimó que esta clase de interrupciones le cuesta a una compañía que tiene 50.000 trabajadores cerca de mil millones de dólares al año en tiempo perdido, creatividad reducida, errores y agotamiento.

Pero no todo es culpa de los jefazos. Resulta que nosotros también tenemos parte de responsabilidad. Como si se tratara de una droga, somos adictos a las interrupciones porque nos crean una falsa sensación.

"Cuando hacemos muchas cosas a la vez, digamos, respondiendo mensajes de correo electrónico mientras escribimos un informe o tomamos una llamada mientras estamos en una reunión, nos hace sentir ocupados y productivos, pero es falso", argumenta la misma doctora.

¿Qué es lo mejor? Pues nunca mejor dicho, centrarse. Dejar de hacer malabarismos con cientos de cosas y focalizarse en una de ellas. El problema es que todo esto se lo tienes que decir a tu jefe. Siempre puedes decirle que cada vez más investigaciones te avalan tu petición.

[Vía BBC]

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