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Las mujeres egipcias que se rebelaron contra sus violadores

A comienzos de mes una ola de agresiones sexuales sacudió Egipto; sin embargo, las mujeres decidieron reunirse este fin de semana y plantar cara a sus acosadores

Las mujeres no saben conducir, dice él.

Recuérdalo cuando te arrolle, dice ella.

Joumana Haddad

El acoso sexual en Egipto se está convirtiendo en seña de identidad del país. Los datos oficiales hablan de que un 99,3% de las mujeres lo han sufrido en alguna ocasión. Por esta razón, bajo el lema “Walk like an Egyptian Woman” , el pasado sábado se celebraba una concentración frente a la Ópera del Cairo. ¿Su propósito? Protestar contra el acoso sexual y contra las violaciones que tuvieron lugar en Tahrir a comienzos de este mes, donde distintas organizaciones de derechos humanos documentaron al menos nueve incidentes de agresiones sexuales. En la Ópera del Cairo, mujeres y hombres hablan de cómo las reglas culturales protegen estas prácticas. Juntos gritan: “ El acosador es un perro cobarde”. La mayoría de las mujeres ahí reunidas pueden hablar del acoso en primera persona.

A comienzos de mes una ola de agresiones sexuales sacudió Egipto; sin embargo, las mujeres decidieron reunirse este fin de semana y plantar cara a sus acosadores

M.M, egipcia de 26 años, cuenta que ya ha dejado de utilizar el transporte público porque coger el autobús supone aguantar acoso verbal o tocamientos. Dice que un día intentó defenderse en la estación y los hombres que pasaban por ahí defendieron al acosador y la insultaron. “ Voy en taxi a todas partes —explica— y eso es muy caro, te lo aseguro, pero no quiero tener que pasar miedo cada día”. Coger un taxi es algo que, ese mismo día, tampoco pudieron permitirse dos hermanas de 25 y 14 años que fueron violadas por 10 hombres cuando iban de camino a su pueblo, en Dakahlia, al noreste de El Cairo.

Dina, de 30 años, cuenta que a ella la violaron cuando tenía 12 años. Cuando se lo contó a su padre, este la pegó. Entonces aprendió a mantenerse callada ante el acoso.

—Nos enfrentamos a diferentes tipos de acoso a lo largo de nuestra vida —me cuenta—. Primero viene el acoso verbal. Después, cuando te vas haciendo mayor, empiezan a tocarte, y si tienes suerte todo queda en eso. Si no eres afortunada pasarás por la experiencia de la violación y la sociedad hará que lo escondas.

La conversación queda interrumpida por los gritos de unas cuantas personas que se abalanzan sobre un coche y sacan en volandas al conductor. Al parecer, este le había gritado a una de las activistas que da igual lo mucho que se manifiesten, pues ellos seguirían siendo libres de hacer lo que quieran. La furia con que las mujeres entregan al hombre a la policía muestra que algo empieza a cambiar.

S.G. es una mujer americana que lleva casi diez años viviendo en Egipto. Ella cuenta su experiencia personal. Según S.G., el hecho de ser extranjera precisamente conlleva, para la mayoría de hombres egipcios, que vas a abrirte de piernas ante ellos. Ella misma ha sido víctima, dice, de varios episodios de acoso sexual y dos violaciones.

—Ser mujer en este país significa que eres un objeto sexual, y lo único que los testigos del acoso dicen es “déjalo ir”. Me han destrozado la cara, me han violado, y tengo que dejarlo pasar.

Dicen que un 98% de las extranjeras que residen en Egipto han sido víctimas de acoso sexual; para ellas, la buena noticia es que la hora de denunciar tienen ventajas.

—Como soy americana detuvieron a mi violador y fue condenado. Sin embargo, la chica que estaba a mi lado en la comisaría era egipcia y no hicieron nada por ayudarla —añade.

Todas las chicas con las que hablo coinciden en lo mismo: da igual que vayas tapada con hiyab o no; el acosador no distingue. De hecho, S.G. cuenta que a su llegada a Egipto siempre llevaba hiyab, y entonces los acosos era más frecuentes que ahora que no lo lleva.

Todas estas mujeres tienen en común que han decidido dejar de callarse. Han salido a la calle a gritar, a contar, a señalar. A exigir que su cuerpo no sea tratado como mercancía. A enseñarnos que les mueve la rabia y que se van a defender con uñas y dientes. Que quieren salir a la calle sin miedo.

“No te escondas. Di lo que te ha sucedido o lo que has visto a tu familia y a tus amigos.”

“No tengo miedo de responder al acosador.”

“Revuélvete contra aquellos que te hacen permanecer en silencio como una tumba.”

“Grita si eres testigo de acoso sexual y ofrece tu ayuda a la víctima. No acepto ser testigo de acoso y no hacer nada.”

“¿Te sientes mejor después de haberla acosado?”

“No digas que fue por cómo viste. Di que lo que le ha sucedido es un crimen.”

"Hombres, controlaos a vosotros, no a las mujeres"

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