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La mujer más fea del mundo terminó conquistando el planeta

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Lizzie Velásquez revoluciona las redes con su emotiva historia de superación personal en el TEDxAustin Women

José Necky

20 Enero 2014 13:38

A raíz de su impresionante charla en la TEDxAustin Women de Texas, Lizzie Vélasquez se ha convertido en un referente mundial. El vídeo en el que cuenta su trágica historia ha corrido como la pólvora a lo largo de la pasada semana. En él, Lizzie explica que sufre un extraño síndrome que le impide engordar: nunca ha pesado más de 29 kilos en toda su vida. Esta terrible condena le ha impedido crecer normalmente, dejándola ciega de un ojo. Por si fuera poco, Lizzie tiene además un penoso historial de bullying: la trataron como un monstruo, colgaron un vídeo suyo en internet calificándola como la mujer más fea del mundo y hasta llegaron a pedirle que se suicidara por hacerle un bien a la humanidad.

En contra de lo que podría pensarse, Lizzie no explica su historia con pesar, abrumada por una corta existencia marcada por el rechazo y la maldad. No se presenta como una víctima, sino que, con aire jocoso, se ríe de sus padecimientos y relativiza su tragedia, interpretándola como el trampolín que le ha llevado a ser lo que es ahora.

El problema es cuando Lizzie deviene el vivo testimonio de la lucha encarnizada contra las adversidades. Cuando simboliza que nunca debemos renunciar a quienes somos. Cuando se convierte en la prueba de que no hemos de abandonar nuestros sueños, ni... bla, bla, bla.

Todos sabemos cómo sigue, pues el testimonio de Lizzie solamente es la nueva dosis de metadona emocional que necesitábamos para aliviar nuestros corazones. Se trata de un caso que se ajusta a los esquemas ideales de la superación personal, un discurso que conjuga perfectamente con la lógica judeocristiana del dolor salvífico.

Caerse. Sentir pena de uno mismo. Caerse. Sentir más pena de uno mismo. Creer que estás en un punto de no retorno. Revelación. Levantarse. Conquistar el mundo.

Vaya por delante, pues, que este esquema forma parte de nuestro imaginario colectivo y funciona tanto para libros de autoayuda tipo El caballero de la armadura oxidada, como para explicar la trayectoria de la nación catalana. Es la misma estructura de la mítica conferencia de Steve Jobs y de casi todos los vídeos motivacionales que corren por Internet. El caso de Lizzie es carne de management, el típico ejemplo que la gente de recursos humanos pasará en todas las empresas modernas (o que Josep Guardiola proyectará a sus jugadores).

Del mismo modo que Zizek afirmaba que los telemaratones no estaban para favorecer a los niños pobres o a los enfermos, tampoco estos vídeos están para concienciar a la población, ni mucho menos para ayudar a los protagonistas: tienen la función de aliviar nuestros sufrimientos.

Nos importa una mierda lo que le pase a Lizzie. Lo que pedimos a gritos es que nos haga sentir bien. Nos pirramos por sentir una inyección de optimismo y positividad que nos lleve a creer que vamos a sobrellevar mejor nuestros propios problemas. Si la conciencia fuera una flecha que apuntara a la realidad, como algunas veces se ha planteado, al mirar este vídeo la flecha nos apuntaría directamente en la sien. Lo único relevante para nosotros es su historia en abstracto, la posibilidad de aplicar los trillados tópicos autoayudescos a la propia experiencia.

Al fin y al cabo, anhelamos leer un titular que nos hable de una mujer a quien llamaron fea, le pidieron que se suicidara y aún así conquistó el mundo. Queremos creer que esa mujer también somos nosotros.

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