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Algo se mueve en los cimientos del sistema educativo estadounidense

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La deuda de préstamos de estudio crece imparable mientras los colectivos estudiantiles intentan organizarse para cambiar las normas del juego

Tomás Fullola

25 Marzo 2014 15:55

La educación superior en Estados Unidos es por lo general terriblemente cara. A la vez, introducirse en el mercado laboral sin haber pasado por la universidad supone por lo general encontrarse en un callejón sin salida de empleos mal pagados y precariedad eterna. La crisis que comenzó en 2008 vino a añadir un ingrediente más al coctel molotov de la deuda estudiantil: con el paro alcanzando máximos históricos, muchos de los 40 millones de jóvenes endeudados del país eran y son incapaces de encontrar un trabajo que les permita devolver el dinero que deben. Un dinero que de media ronda los 57.000 dólares, una cantidad nada despreciable que en algunos casos puede ascender a más de 100.000. Eso sin contar los intereses. En total, a día de hoy la deuda asciende a un alucinante 1.2 billones de dólares. Más que la deuda de tarjetas de crédito de TODO el país. Casi el mismo dinero que mueve toda Australia en economía de consumo.

Aún así, más allá de señalar que la situación es de "crisis", el gobierno estadounidense no parece haber puesto en marcha soluciones demasiado efectivas. Algunos programas gubernamentales ofrecen facilidades para la devolución de la deuda, o la posibilidad de pagar el dinero debido durante 10 años a cabo de ocupar puestos públicos remunerados. Lo que en realidad se traduce en trabajar para el Estado durante 10 años con la esperanza de que tu deuda sea olvidada. El sueldo recibido nunca será suficiente para compensar las cantidades que suelen deberse. Mientras tanto, los bancos siguen sus presiones, la inflación sube, los precios de las matrículas aumentan y las becas se recortan.

Más allá del problema económico de base, o del verse atrapado en deudas que no vas a poder pagar, también está el problema de cómo vive el estudiante su situación. Normalmente es un problema que se sufre en privado, y que muchos aceptan como un fracaso propio, en lugar de un asunto político de alcance colectivo. Ante semejante indefensión van surgiendo aquí y allá iniciativas que tratan de poner freno a la espiral de deuda, sobre todo esde la emergencia del Movimiento Occupy, en 2011. Fue un punto de inflexión en el que comenzó a percibirse que la deuda era un problema compartido. Probablemente, el problema de una generación.

En un primer momento, se planteó una acción de protesta para conseguir que un millón de deudores se declarasen en bancarrota al mismo tiempo. Pero fallos de comunicación, funcionamiento y coordinación dieron al traste con el plan. En estos tres años, otras iniciativas como Strike Debt, Rolling Jubilee o la reciente formación del Debt Collective están intentando unir esfuerzos de estudiantes, abogados, activistas, artistas y profesores para, a través de la tecnología, lograr establecer un plan de acción más efectivo. Después de muchos años de parálisis, algo se mueve en el sistema educativo norteamericano.

La deuda de préstamos de estudio crece imparable mientras los colectivos estudiantiles intentan organizarse para cambiar las normas del juego

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