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AMLO quiere ser como Lula: de izquierdas, pero amigo de los empresarios

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El candidato de izquierdas da un pasito a la derecha

Germán Aranda

13 Julio 2017 10:22

22 de agosto de 2002. Luiz Inácio Lula da Silva encaraba los últimos meses de su cuarta campaña electoral para ser presidente de Brasil. Y no quería perder. "Lulinha no quiere pelea. Lulinha quiere paz y amor", dijo de manera espontánea.

La frase se convertiría en un eslógan improvisado. Y Lula ganó aquellas elecciones y las siguientes en 2006.

"Lulinha paz y amor" era un cambio de tono con respecto al del sindicalista beligerante del que, según el propio Lula explica en el documental Entreatos, un 67% de los brasileños tenía miedo. "Me convencí de que el PT (Partido de los Trabajadores) tiene que abrirse en las elecciones", comentaba en otro trecho del filme de Moreira Salles, que siguió las bambalinas de la campaña que aupó al presidente.

Ese "amor" y ese "abrirse" no eran solo un cambio de maquillaje, sino también un paso decisivo para hacerse con el poder en un país que financia las campañas con dinero privado: hacerse amigo de los empresarios en lugar de atacarlos.

Y en efecto, una lista con 500 nombres de empresarios brindó apoyo a Lula en las elecciones que acabó venciendo.

Todavía falta un año para que en México se celebren las elecciones presidenciales a las que Andrés Manuel López O brador concurrirá por tercera vez. Es el gran favorito para vencerlas. Sus últimos movimientos van en la misma línea que los de Lula. Ya en 2012 fue bautizado como "AMLOVE", derivado de sus siglas AMLO, por sus discursos en los que defendía los principios de una "república amorosa".



Recientemente, expresó su apoyo a Obrador el empresario Lino Korrodi, que recaudó 90 millones de pesos para que Vicente Fox fuera elegido en el año 2000 creando una agrupación llamada Amigos de Fox. "Se vale rectificar", dijo Obrador sobre el cambio de bando. (Solo le faltó decir: "sobre todo si hay dinero de por medio").

Lo comentó el día que, junto a Korrodi, Obrador y otras 32 entidades (partidos, empresarios y sociedad civil) firmaron un acuerdo denominado Unidad por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México.

Fue otro gesto conciliador de alguien con un proyecto de izquierdas pero que quiere espantar cualquier parecido con Chávez, con quien también le han comparado.

Sin embargo, el gran guiño de Obrador hasta el momento hacia las élites empresariales ha sido la incorporación del agroindustrial y asesor del Banco Mundial Alfonso Romo, otrora cercano a los Legionarios de Cristo y al Opus Dei, como coordinador del proyecto de nación de AMLO 2018-2024.

"Hicimos un análisis del país como quien valora un negocio (...) En la parte económica no tengo problema. Fomentará a las pequeñas y medianas empresas", comentó Romo, que en el año 2000 fue uno de los denominados "supermillonarios" de México.

Romo también apuntó a la forma que tuvo Obrador de gobernar el Distrito Federal cuando fue alcalde como motivo para la esperanza. "Antes tenía pavor de Obrador", le dijo a varios empresarios el pasado mes de mayo, cuando ya trabajaba en su campaña.

Lula / Getty

En sus ocho años como presidente en Brasil, Lula consiguió dar un golpe histórico a la miseria en el país con un programa básicamente asistencialista de transferencia de renta a los más pobres: 36 millones de personas salieron de la pobreza extrema durante su gobierno y el de su sucesora Dilma Rousseff, del mismo partido (2002-2016).

La corrupción y la violencia social, no obstante, han quedado como dos asignaturas pendientes no resueltas por aquellos gobiernos. En cuanto empezaron a vivir cerca de las grandes empresas, además, Lula y sus hombres entraron en engranajes de corrupción y los llevaron a extremos insólitos con los casos "Mensalão" y, sobre todo, con "Lava-Jato", mayor trama de la historia de Brasil de pago de sobornos.

De hecho, el pasado miércoles el propio Lula da Silva que sirve de espejo a Obrador fue condenado a 9 años de prisión por corrupción.

La corrupción es, justamente, el principal mal que AMLO se ha propuesto erradicar, según sus discursos. Es también una de las responsables de la impunidad en todo tipo de crímenes en que Estado y narcotráfico se funden en uno. 

Ante la ofensiva xenófoba de Trump con los mexicanos y la tibieza del presidente Enrique Peña Nieto en sus respuestas, López Obrador ha emergido como el líder nacionalista y populista que da un atisbo de esperanza a los votantes. Los empresarios, por su parte, han entendido que ya es muy difícil derribar el fenómeno AMLO y parece que han seguido el consejo del dicho "si no puedes con tu enemigo, únete a él".

AMLO, por la parte que le toca, ha abrazado esa ayuda indispensable para una campaña potente. Para calmarles, ya ha advertido que su política no será de nacionalización de empresas y que está por el libre mercado.

López Obrador da un pasito a la derecha. Los empresarios, un pasito a la izquierda.

Y, en el medio, se encuentran.

Lo que está por ver es si esta historia de amor entre Obrador y las élites, espejo de la que se dio en Brasil, puede tener continuidad una vez llegue al poder sin que se den las oscuras relaciones e intercambios de favores que destrozaron (o casi) la reputación de Lula y su partido.


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