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El momento más peligroso de la historia ha llegado, según Stephen Hawking

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Brexit, Trump, la inteligencia artificial y la desigualdad preocupan al astrofísico, cada vez más inquieto por el presente que vivimos

PlayGround

02 Diciembre 2016 13:21

Vivimos en la época del Brexit, Donald Trump y el cambio climático. La destrucción de las manufacturas y la conquista de la inteligencia artificial. Y la situación se está tornando preocupante.

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Hasta Stephen Hawking, acostumbrado a formar parte del selecto grupo de científicos de la Universidad de Cambridge, está empezando a mostrarse inquieto. En su más reciente columna para The Guardian, titulada Este es el momento más peligroso para nuestro planeta, el físico teórico revela su angustia por el presente. Reunimos sus reflexiones más destacadas.


Como físico teórico con sede en Cambridge, he vivido mi vida en una burbuja extraordinariamente privilegiada [...] Además de esto, con la fama que me ha llegado por mis libros y el aislamiento impuesto por mi enfermedad, siento como mi torre de marfil se hace cada vez más alta.

Por lo que el rechazo aparente a las élites, tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña, está sin duda dirigido a mí tanto como a cualquiera.

Independientemente de lo que pueda pensarse, en la decisión del electorado británico de rechazar formar parte de la Unión Europea y la de los americanos de abrazar a Donald Trump como su próximo presidente, no hay duda de que estas elecciones en la mente de los comentaristas son un grito de rabia de la gente que se sintió abandonada por sus líderes.

Era, todo el mundo parece estar de acuerdo, el momento en el que los olvidados hablaron, encontrando sus voces para rechazar el consejo y la guía de los expertos y la élite de todo el mundo.

Las preocupaciones subyacentes de esos votos sobre las consecuencias económicas de la globalización y la aceleración del cambio tecnológico son absolutamente comprensibles. La automatización de las fábricas ya ha diezmado trabajos en la fabricación tradicional y el aumento de la inteligencia artificial es probable que extienda esta destrucción de empleo a las clases medias, dejando solo los trabajos más cuidadosos, creativos o de supervisión.

Esto a su vez acelerará la desigualdad económica ya ampliada a todo el mundo. Internet y las plataformas que lo hacen posible permiten que grupos muy pequeños de individuos hagan enormes beneficios empleando muy poca gente. Esto es inevitable, es el progreso, pero también es socialmente destructivo.

Otra de las consecuencias no deseadas de la difusión mundial de internet y los medios sociales es que la naturaleza cruzada de estas desigualdades es mucho más aparente de lo que ha sido en el pasado.

También significa que las vida de las personas más ricas en las partes más prósperas del mundo son dolorosamente visibles para cualquiera, incluso a los pobres que tienen acceso a un teléfono.

Y puesto que ahora en el África subsahariana hay más personas con un teléfono que con acceso a agua potable, esto significa que casi todo el mundo, en nuestro cada vez más poblado planeta, es incapaz de escapar a la desigualdad.

Más que en cualquier otro momento de nuestra historia, nuestra especie tiene que trabajar junta. Nos enfrentamos a retos medioambientales impresionantes: el cambio climático, la producción de alimentos, la superpoblación, la destrucción de otras especies, las enfermedades epidémicas y la acidificación de los océanos.

Todos ellos juntos son el recordatorio de que estamos en el momento más peligroso del desarrollo de la humanidad. Ahora tenemos la tecnología para destruir el planeta en el que vivimos pero aún no hemos desarrollado la capacidad de escapar de él.

Tenemos que acabar con ello, no construir barreras dentro y entre las naciones. Si vamos a tener la oportunidad de hacer esto, los líderes mundiales deben reconocer que han fallado y están fallando a muchos.

Con recursos cada vez más concentrados en las manos de unos pocos, vamos a tener que aprender a compartir mucho más que en la actualidad.

Podemos hacerlo, yo soy un gran optimista de mi especie; pero requerirá que las élites, desde Londres hasta Harvard, desde Cambridge hasta Hollywood, aprendan las lecciones del año pasado. Para aprender, sobre todo, una ración de humildad.

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