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Esta mujer vistió igual durante tres años, y fue la mejor decisión que tomó

¿Alguna vez has intentado calcular cuánto tiempo pierdes a la semana pensando qué ponerte?


Cuando Matilda Kahl, directora de arte de una de las agencias de publicidad más prestigiosas de Nueva York, empezó a acudir a su puesto de trabajo vistiendo todos los días la misma ropa, muchos creyeron que se trataba de alguna apuesta, que había sido captada por una secta e incluso hubo quien empezó a mover hilos para conseguirle un ascenso pensando que se trataba de problemas económicos.

Sin embargo, el motivo que había llevado a Matilda a vestir con el mismo conjunto de camisa blanca y pantalón negro, semana tras semana, era mucho más sencillo: dejar de perder tiempo por las mañanas.

Cuando empezó a ir a trabajar todos los días con la misma ropa, muchos creyeron que se trataba de una apuesta

Todo empezó un lunes, antes de una reunión importante. Como tantos otros días, Matilda se había cambiado múltiples veces de ropa sin llegar a dar con nada que le hiciera sentirse realmente segura. Así que, cuando llegó a la oficina, lo hizo tarde y mal.

Sin embargo, aquella mañana, al encontrarse a todos sus compañeros masculinos ya reunidos y de colegueo con el nuevo jefe en la sala en la que ella ya hacía tiempo que también debía estar, decidió que aquella sería la última vez que su imagen la limitaba.

Matilda pasó dos días buscando, de tienda en tienda, un outfit que poder convertir en su propio uniforme personal. Cuando encontró la camisa de seda perfecta, encargó quince iguales y confeccionó un lazo de cuero negro para el cuello a modo de toque personal. Durante los meses más fríos añadió una chaqueta negra y voilà, pasó tres años llevando la misma ropa cinco días a la semana. Un uniforme que solo ha cambiado por uno nuevo a causa del desgaste de las prendas.

Cuando encontró la camisa de seda perfecta, encargó quince iguales y confeccionó un lazo de cuero negro para el cuello a modo de toque personal

Sin embargo, no fue hasta que la página estadounidense Mashable publicó un popular artículo llamado Por qué los hombres de éxito llevan la misma ropa todos los días cuando muchas personas de su entorno, que hasta entonces se preguntaban si no se aburriría de llevar siempre lo mismo, comenzaron a entender lo que Kahl estaba haciendo.

De repente, se dieron cuenta de que algo que les resultaba tan extraño, sobre todo, en una mujer era algo habitual entre muchos de los hombres más influyentes del mundo.

En la lista, nombres como los de Marck Zuckerberg, famoso por sus camisas y sudaderas grises, Obama por sus trajes o Steve Jobs por sus camisetas negras de cuello de cisne coincidían en el motivo de su imagen monótona: no perder tiempo y energía pensando qué vestir.

Mark Zuckerberg y Steve Jobs también decidieron vestir siempre igual para no perder tiempo y energía  

De hecho, Steve Jobs estaba tan convencido de la eficacia del uniforme que intentó introducirlo entre sus empleados de Apple. Sin embargo, la propuesta fue ampliamente rechazada. Tal vez porque no es lo mismo confeccionar tu propio uniforme en base a tu identidad, a que te lo impongan.

En el primer caso, tú eres el que lleva el uniforme mientras que, en el segundo, el uniforme te lleva a ti.

No es lo mismo confeccionar tu propio uniforme en base a tu identidad, a que te lo impongan.

Sin embargo, los casos de Kahl, Zuckerberg o Jobs demuestran que,  cuando es autoimpuesto, un uniforme puede tener también personalidad propia.

Dentro del mundo de la moda tenemos el ejemplo Karl Lagerfeld, director creativo de Chanel, que ha adoptado como uniforme público un traje negro, gafas de sol y guantes.

El problema no llega a la hora de encontrar referentes uniformados dentro del mundo de la moda sino a la hora de encontrarlos dentro del universo femenino. En cierto modo, debido a que los hombres sienten menos presión a la hora de vestir puesto que se les juzga menos por su imagen.

Los hombres sienten más libertad a la hora de vestir porque se les juzga menos por su imagen

A pesar de ello, Matilda solo tiene palabras positivas con respecto a su experiencia. Recientemente, declaraba a la edición norteamericana de Harper's Bazaar que sus pantalones negros y sus blusas blancas no solo la han hecho ahorrar un montón de dinero en ropa, sino que se han convertido en un recordatorio cotidiano de que está al mando en su propia vida.

A pesar de que los anuncios intentan convencerte de lo contrario, tu ropa no constituye tu personalidad

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