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La revolución de la moda ética se teje en esta tienda de ropa

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Estos diseñadores se han propuesto acabar con la explotación laboral en la industria de la moda

Leticia García

23 Octubre 2014 11:05

A estas alturas no hace falta afirmar que comprar ropa no es un acto inocente. Todos sabemos que es imposible que una prenda cueste seis euros si en el proceso no ha habido infracciones ecológicas y laborales. El problema es que el modelo de consumo de moda actual está tan arraigado a lo cotidiano que apenas ofrece alternativas; cantidad frente a calidad, precio frente a diseño.

Pero las hay. Y, lejos de lo que muchos piensan, consumir prendas limpias (ambiental y legalmente hablando) no tiene que ver con precios altos o diseños anacrónicos. La moda puede ser justa y seguir siendo moda. Incluso comprar puede ser una forma de activismo.

Eso creen Manu Fernández, Manu García y Carolina Arcoya, sociólogos y politólogos familiarizados con los movimientos sociales que tienen que ver con el textil. Hace dos años decidieron montar Verde Moscú, un espacio con sede en Sevilla que alberga marcas de moda sostenibles ecológica y legalmente, prendas que no han sido fabricadas bajo condiciones de explotación ni han sufrido procesos de confección contaminantes. Un proyecto político que tiene a la moda como protagonista.

¿Qué condiciones tienen que cumplir las prendas para que decidáis venderlas en vuestra tienda?

Además de ser ecológicamente limpias, tiene que certificarse que en su confección se respetan los derechos laborales básicos. Ese es el mínimo. Después nos interesan aquellas cuyo consumo repercute en el bien de la comunidad;  las marcas de comercio justo, las prendas artesanales de producción local, las fabricadas en cooperativas…

¿Por qué, además de lanzar vuestra tienda online, decidisteis crear una tienda física?

En este tipo de proyecto es muy importante que la gente pueda interactuar con los productos. Tocarlos,  verlos de cerca, escuchar… Lo más importante de estas prendas, además del diseño, son los procesos. Todo se centra en los materiales y en las historias que hay detrás de cada pieza.

Por otro lado, nos interesaba dar visibilidad a la producción local, darles a los artesanos de la zona un punto de venta físico en el que poder promocionarse.

¿Cuáles son las principales trabas que os habéis encontrado a la hora de lanzar un proyecto como este?

Sin duda, el alquiler del espacio. Los precios disparatados que se manejan en el mundo inmobiliario actual son el mayor riesgo. Tienes que confiar mucho en tu proyecto para poder llevarlo a cabo, porque al principio todo son pérdidas.

Y a la hora de buscar proveedores, ¿hay muchas o pocas marcas de moda justa? ¿El panorama es tan optimista como parece?

Hay más de las que pensamos, sobre todo a nivel europeo. Trabajamos con marcas muy bien organizadas y sistematizadas. Saben lo que hacen y cómo lo hacen. Tienen procesos de entrega perfectos y el producto final suele ser impecable.

En Europa… pero, ¿y en España? ¿Cómo está el sector de la moda justa?

Somos pioneros en marcas de distribución de moda a gran escala, pero no estamos al mismo nivel que en el resto de países europeos cuando se trata de moda justa.

¿A qué crees que se debe? ¿Tiene que ver con la mentalidad, con la logística…?

Aquí no hay apenas venta al detalle, espacios comerciales pequeños. No está arraigado este modelo de consumo, es muy, muy difícil competir con las formas de consumir que proponen Inditex y otras grandes compañías.

¿Crees que aquí, a diferencia de otros países, existe el prejuicio de asociar moda justa con un tipo de ropa muy concreto? Muchos piensan en sostenibilidad y piensan a la vez en prendas de cáñamo, en ropa hippy…

Es así. Algunos clientes vienen a la tienda y te dicen “es chulo aunque sea ecológico”. El problema, por ejemplo, tiene que ver con el idioma: aquí se traduce ecofashion como ropa ecológica, y se pierde el sentido del término. No es sólo moda ecológica, es moda que siguiendo los estándares de diseño y las tendencias, posee certificados que demuestran que no sólo no se ha dañado el medio ambiente al fabricarla, también se ha respetado a sus productores. Pero pensamos que simplemente se trata de ropa hecha a mano con tres o cuatro productos naturales.

No obstante, creemos que, poco a poco, va habiendo un giro, otra forma de relacionarse con el consumo de moda, la gente se está desembarazando de prejuicios.

¿Y cuál es el perfil de cliente que compra moda justa?

Como sociólogos, cuando montamos la tienda comenzamos a categorizar a nuestros clientes potenciales. Al final, nada lo que teníamos en mente ocurrió. Por ejemplo, el ecoconsumidor, que se preocupa por la alimentación orgánica, no es nuestro cliente principal. Compran muchos turistas, sobre todo alemanes y franceses. Y, en general, se trata de gente que prefiere consumir ropa de otra manera: compran poco, una prenda cada cierto tiempo. Compran como una inversión y meditan lo que eligen. Se plantean la calidad de lo que compran porque quieren que les dure, y les interesa la producción local. En definitiva, esperábamos un público conocido y al final nos hemos encontrado con otra cosa.

¿Y cómo convencerías a la gente para que cambie su forma de consumir ropa? Está claro que no es fácil, hay que fichar contra los precios y contra marcas que están en todas partes.

Nancy Fraser tiene una frase que resume muy bien la problemática. Dice que cada vez que un americano entra a un Wallmart y se compra un producto que cuesta un dólar se está recortando a sí mismo el sueldo.

Los costureros de Camboya saben que su situación es insostenible y se están movilizando para cambiarla, pero es casi imposible convencer a un español de que tenga en cuenta la explotación de los camboyanos. Al final lo que funcionan es pensar localmente, saber que con tus decisiones de compra estás recuperando tradiciones propias de tu región o generando empleo en tu localidad. Hay que empezar convenciendo a través de la proximidad, a través de lo que te reporta un beneficio indirecto. Después vendrá lo local.

¿Cómo encontráis las marcas que vendéis? ¿Hay alguna entre todas ellas cuya labor os parezca especialmente relevante?

A través de páginas web y blogs internacionales sobre consumo responsable. Y sobre todo, a través de asociaciones de comercio justo.

En cuanto a las marcas, destacaríamos la labor de People Tree. Es una marca completa en todos los aspectos: visualmente tiene unos diseños magníficos y muy cuidados, sus prendas pasan por controles de calidad muy estrictos. Se trata de un proyecto cooperativo y parte de los beneficios se reinvierten en proyectos educativos de su comunidad. Para nosotros son el modelo a seguir.

¿Concebís Verde Moscú como un proyecto político?

Sí. Venimos de las ciencias políticas y la sociología y, la verdad, cuando empezamos no teníamos mucha idea de moda. Lo fundamental en el proyecto, más incluso que respetar lo ecológico, es tener en cuenta los derechos laborales en el sector textil. Nuestra intención siempre ha sido generar a través del consumo de moda una pequeña revolución, tanto ética como estética.

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