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La moda que dinamita las barreras entre lo analógico y lo digital

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Patrones matemáticos y esculturas vivientes

Leticia García

17 Septiembre 2014 14:32

Poco a poco, la impresión digital está cambiando la apariencia de ciertas prendas. Muchos diseñadores experimentan en la actualidad con estampados y motivos gráficos que serían imposibles de realizar con las técnicas tradicionales.

Otra cosa muy distinta es la impresión en 3D. Mientras esta técnica está revolucionando lentamente ciertos sectores (con ella se puede fabricar casi de todo, de armas a prótesis), a excepción de ciertos creadores como Iris Van Herpen, sus posibilidades no están calando demasiado en la moda.

¿Pero qué ocurriría sí, además de aprovecharnos de las innovaciones digitales y tecnológicas, estas sirvieran como fuente de inspiración a la hora de idear colecciones? El trabajo de la diseñadora israelí Noa Raviv parte de esa misma premisa.

Su colección Hard Copy se basa en esos conceptos que emergen de la interacción entre lo manual y lo digital: la autenticidad frente a la copia, la escultura imaginada frente a la escultura realizable y, en definitiva, en todo aquello que es digitalmente posible pero analógicamente imposible.

Sus complejos estampados de líneas que se cruzan, se curvan, convergen y se alejan crean ilusiones ópticas, volúmenes imaginarios perturbadores. Los diseña digitalmente, y posteriormente aplica lo que ella misma denomina “comandos imposibles”, códigos informáticos que confundirían el funcionamiento de un programa y que, trasladados a lo visual, crearían proporciones y figuras lógicamente imposibles.

Después pasa al terreno del patronaje, y mezcla sus estampados con siluetas intrincadas. Camisas de amplísimos hombros y estrechísimas cinturas, vestidos semitransparente de los que surgen volantes inesperados y trajes de los que brotan líneas y espirales en tres dimensiones. Esculturas vivientes modeladas a golpe de matemática.

El resultado se asemeja, en moda, a lo que Escher lograba con sus pinturas: estéticas verosímiles pero imposibles, juegos de proporciones imaginables y que, sin embargo, escapan a toda lógica.

Lo costoso de la producción (y lo difícil que resultaría llevar dicha estética a la vida cotidiana) hacen que Noa Raviv no tenga intención de comercializar sus diseños. Se trata más de una experimentación artística que de una colección al uso. Sin embargo, su proyecto abre alternativas más plausibles dentro de la creación de moda: quizá la innovación no sólo resida en las nuevas técnicas, también en el imaginario estético que emerge de ellas.

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