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Camboya, esclavas sin salida: entre la jaula textil y la explotación sexual

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El documental 'High Cost of Cheap Clothes' destapa la unión que existe entre la confección a gran escala y la trata de blancas

Leticia García

22 Octubre 2014 11:13

(Fotografía de Tim Matsui)

En un par de días se días se cumplirá un año y medio de la catástrofe del Rana Plaza, el derrumbe del complejo textil en Bangladesh en el que murieron más de mil personas y que manchó las manos de las firmas low cost más conocidas.

Los departamentos de responsabilidad social corporativa se convirtieron en un hervidero. El lavado de imagen tenía que ser inminente y efectivo. Y aunque de cara a la galería puede que hayan conseguido mejorar su reputación, la realidad es muy distinta. Dieciocho meses después, las cosas no van mucho mejor:

Según informa la web The Fashion Law, en la última inspección llevada a cabo en la zona se han encontrado más de 80.000 problemas de seguridad en 1.106 fábricas, lo que se traduce en una media 80 infracciones por cada planta textil. Se ha alertado de los graves riesgos a los que están expuestas 20 de ellas. Allí confeccionan sus prendas unas 150 marcas americanas y europeas.

Mientras tanto, tal y como informaba Modaes este verano, España ha aumentado en estos últimos meses su importaciones de ropa desde Bangladesh en un 18'1%. Como era de esperar, poco ha cambiado.

Pero lo que no sabíamos es que en zonas como Camboya, la explotación laboral está estrechamente ligada a la sexual. El país, que concentra una de las mayores tasas de explotación sexual del mundo (y cuyas principales víctimas son menores) lleva años poniendo en marcha una maquinaria que "reeduca" a miles de mujeres entregándolas a fábricas textiles. Allí cosen sin descanso por unos sesenta euros mensuales, un salario que no les llega ni para pagar el alquiler.

Así lo muestra Vice en un breve documental titulado High cost of cheap clothes (el alto coste de la ropa barata) Suroosh Alvi, cofundador del medio, viajó hasta allí para detallar el procedimiento.

Tras las redadas policiales en prostíbulos, la policía ofrece a estas jóvenes dos alternativas. O bien pueden permanecer toda su vida bajo custodia (y sufrir abusos por parte de agentes corruptos) o bien ser reinsertadas en la sociedad con un nuevo trabajo. Entonces se las envía a zonas periféricas a trabajar en plantas textiles. En el vídeo se muestra cómo el NGO Forum, organización supuestamente enfocada al rescate de víctimas de la trata de blancas, posee una red de fábricas que emplea a medio millón de camboyanas. Allí se realizan el 80 % de las exportaciones a Occidente del país.

Les pagan el salario mínimo por larguísimas jornadas con un breve descanso en edificios que no cumplen las normativas de seguridad. Al final, para pagar el alquiler y la comida de sus hijos, cosen de día y vuelven a prostituirse por la noche. Muchas de ellas, incluso, han decidido salir de las fábricas y regresar a las calles. "Sólo volvería a la industria de la confección si cambiaran las leyes", cuenta una de las entrevistadas.

Tras el incidente de Bangladesh, se realizó un estudio para averiguar si las actitudes de los consumidores frente al low cost habían cambiado. El 43% afirmó que no iba a plantearse la procedencia de la ropa. El 14%, que lo harían mucho más que antes. Ahora sabemos que muchas de las mujeres que fabrican la ropa que cuelga de nuestro armario sólo tienen dos opciones: o ser esclavas sexuales o estar prisioneras frente a una máquina de coser. Quizá poner rostro a las prendas sirva para que, de una vez por todas, leamos lo que pone en la etiqueta.

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