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La misteriosa relación entre Ikea y los ritos chamánicos

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La multinacional sueca planea ganar 50 mil millones de dólares en 2020. ¿Su secreto? Laberintos

Natxo Medina

23 Enero 2014 08:02

¿Habéis ido a Ikea un sábado por la mañana? ¿Habéis sentido ese impulso irracional por meter en vuestras cestas todo lo que sale a vuestro paso, robar lápices, llegar al final del recorrido y meteros entre pecho y espalda cuatro o cinco de esos perritos calientes de procedencia dudosa mientras os veis absorbidos por un vórtice espacio-temporal de cuerpos danzantes, gritos infantiles y confusión mística? Si lo habéis hecho, sabed que estuvisteis a un paso de la elevación. Y que estuvieron jugando con vuestro cerebro.

Actualmente el ingreso anual de la multinacional sueca supera el PIB de Serbia, y en 2020 planea estar ingresando 50 mil millones de dólares. Y para llegar allí, el camino elegido es un laberinto.

En 2011, el profesor Alan Penn, de la Bartlett School of Architecture y su equipo describieron las tiendas de la marca sueca como laberintos de los que es muy difícil encontrar la salida, y en los que, sin embargo, sólo hay un camino que seguir. Definiendo una lista de características que explicasen su éxito, se dieron cuenta de que la mayor parte tenían que ver con la desorientación, y la relación que ésta guardaba con el comportamiento gregario. En una tienda Ikea rara vez verás a alguien circulando en sentido contrario al convenido. Hay por tanto algo de comodidad dentro del rebaño que nos hace estar lo suficientemente confiados, exaltados o entumecidos como para que no nos importe ir acumulando items innecesarios en nuestras bolsas.

Para acabar de confirmar que en realidad la tienda Ikea es un Maëlstrom de consumo, una catedral erigida al Leviatán de la compra irreflexiva, hoy nos hacemos eco de una imagen reveladora que precisamente formaba parte de la investigación de Penn.

Mapa de calor Ikea

En esta tomografía térmica de los recorridos del público vemos la imagen de un tornado. Un tornado incomprensible que es el mismo que impulsa todo sentimiento religioso, la furia de los desconocido, el pánico de Dios que sólo puede ser apaciguado ardiendo en el altar de la caja registradora.

Desacralizada la práctica religiosa, y mal vistas las raves y las prácticas santeras, algo hay que hacer para continuar las prácticas chamánicas los fines de semana. Ikea como rito de paso, como manera de hacerse adulto. Ikea como acto de sumisión supremo. Y comiendo carne de caballo a modo de comunión.

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