Actualidad

Mindlessness: las ventajas científicas de comportarse como un idiota

Estar en la parra puede ser una buena forma de estar

Vivir en el ahora cansa. Estar siempre "despierto" cansa. La atención plena cansa.

Puede que el objetivo del ' mindfulness' —la (pen)última moda en materia de productividad y espiritualidad— sea ayudarnos a recuperar nuestro equilibrio interno, traer paz y perspectiva a cada aspecto de nuestra ajetreada vida. Suena bien sobre el papel, seguro. Sin embargo, cualquiera que haya intentado poner en práctica sus prédicas sabe que ese 'vivir el momento presente' puede llegar a ser una actividad extenuante. Y nadie quiere un cerebro achicharrado por un exceso constante de consciencia. ¿O sí?

Quizás por eso, en un claro ejercicio de reactancia psicológica, hay quien empieza a hablar del 'mindlessness' como alternativa.

Su tesis es esta: actuar de forma inconsciente (o sea, como un imbécil) puede ser una vía para el éxito.

Las ventajas productivas de no pensar

Crecer para triunfar. El éxito como resultado feliz. Esas son las palabras sagradas, el mantra que nos repiten desde los púlpitos de esa literatura de coaching y autoayuda que quiere guiarnos en nuestro "desarrollo personal". Porque detrás de su inspiración supuestamente holística, detrás de su caparazón místico, la moda del 'mindfullness' está íntimamente relacionada con su aplicación práctica a la vida laboral: en el fondo se trata de liberarnos del estrés para rendir más, y no simplemente de vivir mejor.

Partiendo de esa misma retórica económica, los psicólogos Todd B. Kashdan y Robert Biswas-Diener quieren convencernos de los beneficios de actuar sin cabeza. A eso dedican uno de los capítulos de El poder de las emociones negativas. Cómo la rabia, la culpa y las dudas son esenciales para el éxito y la realización personal.

Frente a la sonrisa comercial y la felicidad hegemónica, Kashdan y Biswas-Diener nos animan a abrazar la pena y el enfado, a encontrar valor en la ansiedad o a exponernos al ridículo bajo la premisa de que todas las emociones son útiles. Y frente a la obsesión cultural con el 'mindfulness', con el estar siempre centrado y consciente, ellos abogan por lo contrario: la inconsciencia.

En su libro se atreven a enumerar «tres áreas en las que l a investigación científica sugiere que el 'mindlessness' puede ayudarnos a ser más productivos, más creativos, y a manejar mejor la confusión que emana de los lances de la vida diaria». 

¿Cuáles son esas áreas?

1. Vivir en piloto automático.

«Para salvar espacio de computación en el cerebro, la gente confía en el pensamiento heurístico, esto es, el uso de atajos cognitivos automáticos». En otras palabras: no es necesario que te pares a racionalizarlo todo, porque tú cerebro ya lo hace de forma automática.

Diversas investigaciones muestran que la gente es capaz de realizar juicios categóricos inconscientes a velocidades increíbles. En un estudio sobre primeras impresiones, la gente sólo necesitó una décima de segundo para llegar a conclusiones sobre la personalidad, la confiabilidad, la bondad o la estabilidad emocional de otra persona. El 70% de esas observaciones resultaron certeras.

Kashdan y Biswas-Diener apuestan por trasladar esa confianza en nuestro "piloto automático" al plano de las relaciones sociales, los procesos creativos o la regulación emocional. De manera sucinta: fíate de tus primeras intuiciones porque siempre hay una maquinaria mental trabajando en segundo plano que sabe lo que se hace.

2. Decidir de forma impulsiva.

«Comprar un libro por una portada intrigante, zambullirse en un nuevo café sin pensarlo, dejarse llevar por un encuentro sexual espontáneo, iniciar una conversación con algún extraño interesante; las reacciones impulsivas y las actividades no planeadas, aunque arriesgadas, pueden ser tremendamente satisfactorias».

Nada que no sepamos ya. Pero Kashdan aporta otro dato a tener (o no) en cuenta: cualquier decisión debería poder resolverse en menos de diez segundos.

Según el autor, cuanto más importante sea la cuestión que se valora —por ejemplo, elegir una casa, un colegio o un compañero sentimental—, más repentinos deberían ser nuestros juicios y más deberíamos fiarnos del instinto.

3. El valor de soñar despierto.

El 'mindfulness' es observar sin juzgar, es vivir lo que acontece en el presente, es estar en el aquí y el ahora, es poner claridad en la cabeza a pájaros. Es, en cierto modo, negarnos la posibilidad de tener una mente distraída, evitar perdernos en el pasado o el futuro.

Frente a eso, uno de los principios centrales del 'mindlessness' es la idea de que una mente a la deriva es una mente creativa. Divagar mentalmente cuando estamos en mitad de una tarea aburrida puede llevarnos de manera inconsciente a una cadena de eventos que pueden transformarse en una profunda epifanía.

En realidad, más que plantear una solución por oposición, Kashdan y Biswas-Diener quieren lo mejor de ambos mundos.  

«En vez de elegir un ganador entre los dos modelos de pensamiento, 'mindlessness' y 'mindfulness', nosotros argumentamos a favor de los méritos relativos de ambos. Si descuentas la mitad del pensamiento humano, la mitad de la consciencia humana, entonces creas un techo artificialmente bajo para tu éxito y tu bienestar»  .

¿Perogrullo? Seguro. Pero en estos tiempos que corren, en los que las exigencias propias de la optimización empresarial se han inmiscuido en casi todas las parcelas de nuestra vida privada, no está de más que alguien nos recuerde que actuar de forma impulsiva, seguir nuestros instintos, o estar un rato en las nubes puede ser, además de tremendamente liberador, una estrategia ganadora.

Así que ya sabes: la próxima vez que tu pareja o tu jefe te llamen la atención por estar en la parra o por tu comportamiento irracional, siempre podrás decirles que estas siguiendo recomendaciones científicas. Imagínate que cuela.

Repite con nosotros: no subestimaré los efectos liberadores de perder el control

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar