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Los mimos de pago son el nuevo sexo

La ‘abrazadora’ profesional Samantha Hess se acurruca con desconocidos y les cobra por horas

Cada vez más personas están dispuestas a pagar por tener contacto físico con desconocidos. Se trata del negocio de los mimos, de los abrazos y del cariño sin ningún componente sexual.

Este mercado está creciendo al tiempo que la vida urbana genera formas de vida más independientes y solitarias, y cómo no, ha traído la profesionalización de estos servicios y el surgimiento del gremio de los “abrazadores”. Un caso paradigmático es el de la joven estadounidense Samantha Hess, que antes era coach personal.

Hace dos años, cuando Hess atravesaba la ruptura de una relación que había durado más de una década, vio un experimento por la televisión que le cambió la vida: “En la calle había un hombre que con un cartel que decía ‘Abrazos de lujo a 2 dólares’. A su lado había otro chico con un cartel de ‘Abrazos gratis’. La gente fue al que era de pago”.

Hess entendía que la gente prefiriera un servicio de pago, porque ello indicaba que era más profesional y valioso. Así que a esta joven de 30 años no se la puede tachar de oportunista: ella necesitaba lo mismo que esas personas que habían sido filmadas para el experimento televisivo: “Yo estaba en un momento en el que requería un servicio que no existía. No estaba preparada para otra relación, pero tenía la necesidad de sentirme amada y aceptada. Un consuelo físico seguro y socialmente aceptable”, explicó a Business Insider.

Así que puso en marcha su empresa, Cuddle Up To Me, una idea de negocio que llamó la atención de cuarenta canales de televisión a lo largo de Estados Unidos. Su proyecto despegó.

La cuchara, la bicicleta y el Tarantino

Como otros cuddlers o abrazadores profesionales, Hess marca la diferencia al ofrecer sus servicios en un entorno íntimo, como una cama o un sofá, y se desplaza hasta donde el cliente necesite. Es en este entorno donde es posible ofrecer la postura más demandada por sus clientes, la cuchara o su vertiente “bicicleta” (que sería como la cuchara pero con la pierna del abrazador pasando por encima del abrazado).

Hess se presta a acurrucarse con un desconocido por 45 euros la hora y a vestirse según los gustos del cliente. También se adapta a personas que necesitan contacto físico pero que tienen barreras para sentirse cómodos: “La postura Tarantino, por ejemplo, es para aquellos que quieren mantener su espacio personal. Nos sentamos uno frente al otro, pero nuestras rodillas se rozan y nos abrazamos con las piernas y los brazos", explica Hess.

Alrededor del 90% de sus clientes son hombres, pero de todas las edades. Hess afirma que muchos padecen traumas o discapacidades que les impiden tener ese tipo de contacto humano con una mujer. Ella lo llama “un masaje para la mente”: “La felicidad en el cerebro ayuda a restablecer el sistema de arriba abajo. Se trata de ser capaz de mirar realmente a alguien a los ojos y hacer que se sientan amados y aceptados tal y como son”.

Como comer chocolate

En el siguiente reportaje del canal CBS, titulado El arte del abrazo, aparece Hess y otro colega de profesión para desentrañar las claves de su oficio. Explican la diferencia entre abrazo y carantoña y también cuentan con el testimonio de un psicólogo de la Universidad de Berkeley Dacher Keltner, que explica cómo en la cultura anglosajona el contacto físico es casi inexistente comparado con la latina: “En Sudamérica se tocan hasta cien veces en el mismo rato en que los estadounidenses se tocan dos. Los ingleses ninguna”. En un estudio, Keltner comprobó que los jugadores de la NBA que se tocaban más antes de los partidos, jugaban mejor durante toda la temporada. Asegura que rebaja el estrés, que es tan bueno como comer chocolate y no ve problema en que ahora se pueda pagar por ello: “Pagamos a personas para que nos hagan la compra, ¿por qué no íbamos a poder pagar por un abrazo?”.

De una relación íntima, mucha gente añora los mimos más que el sexo: las carantoñas en la cama o en el sofá y un poder especialmente regenerador, relajante y que no suelen cubrir otro tipo de servicios, como los masajes. Digamos que ha llegado el momento de poder gozar del contacto físico no sexual sin estar en una relación: "En nuestra cultura, la única experiencia que alguien tiene con este tipo de contacto ha sido en un sentido romántico", explica Hess. Aunque también sería bueno probar recordar la existencia de esa figura satélite y comodín llamada "amigo".

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