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La miliciana barcelonesa que plantó cara a un siglo de injusticias

La Concha desaparecía ayer en Barcelona, pero la suya es una extraordinaria historia de décadas de activismo que debe permanecer, en beneficio de la auténtica memoria histórica

1. 29 de septiembre de 2010, plaça de La Repla, La Barceloneta. Es huelga general. Las precarias del barrio hemos organizado un piquete que recorre las calles desde las 6 de la mañana, siguiendo el llamamiento a extender la huelga más allá del limitado repertorio de los sindicatos. A las 7.30 se nos une una mujer muy mayor que va en silla de ruedas. Nos saluda con la sonrisa más bonita que recuerdo. Tiene 95 años. Ella es La Concha

2. Estamos a principios de los años 30. Ella aún no ha cumplido los 19 pero ya se ha emancipado: no acepta que su madre le imponga tareas domésticas mientras su hermano milita en el anarcosindicalismo. En la turbulenta Barcelona de los años 30, Concha es pionera del amor libre, y cuando en abril de 1931 se imponga la II República participará en el asalto y liberación de presos en la cárcel Modelo de Barcelona. A los pocos días se produce el tiroteo en Sant Jaume. Allí la facción más cañera de la CNT ha desbordado a la oficialista y convertido un mitin en una manifestación que está a punto de entrar en el Palau de la Generalitat. Los Mossos abren fuego y Concha ve morir a tiros a un compañero. Entonces decide que la próxima vez que se vea envuelta en un tiroteo no estará desarmada. Su padre le regala su primera pistola. Es una pistola pequeña. Curiosamente, la pierde el día en que estalla la guerra del 36.

3. 4 de Junio de 2011. Plaça del Mercat. El movimiento 15M lleva ya varias semanas acampado en las plazas y ha convocado asambleas de barrio por todos los rincones de Barcelona. En La Barceloneta participamos un centenar de personas, y en ellas destaca un nutrido grupo de señoras mayores, pertenecientes al movimiento vecinal. Entre ellas se encuentra La Concha, y su inseparable amiga Llum.

4. Cuando estalla la guerra del 36 Concha participa en el asalto al cuartel de Pedralbes. Gracias a ella y sus compañeros, el golpe fracasa en Barcelona. Luego se hace miliciana y se enrola en la Columna Los Aguiluchos de la FAI, la última de las grandes columnas anarcosindicalistas catalanas. La envían al frente de Huesca hasta que en septiembre de 1936 su jefe militar García Vivancos se decanta a favor de la militarización: si has visto la peli Tierra y Libertad de Ken Loach podrás hacerte una idea de las discusiones que se vivieron entre los partidarios de integrarse en el ejército —cosa que automáticamente excluía a las mujeres— y los que, como Concha, defienden seguir siendo milicianos. Los militares republicanos obligan a Concha y el resto de insurrectos a volver a casa.

En Barcelona sobrevive al fuego: mientras circula por Via Laietana en un coche blindado, una bala le atraviesa la pierna y es trasladada al Hospital Clínic. Allí teme que los estalinistas le encuentren, así que escapa por una de las ventanas.

Pierde la guerra.

Como miles de derrotados, se ve obligada a pasar la frontera de Francia. Allí es detenida e internada en varios campos de concentración. En uno de ellos, Argelés Sur le Mer, colabora con un médico que, con escasos medios, intenta que las enfermedades infecciosas no se extiendan por todo el campo. Se enamoran. El médico se une a la resistencia francesa contra Hitler cuando Concha estaba embarazada de pocos meses.

Nunca volvería a tener noticias de él.

Sin embargo, cuando su hijo Ramón apenas cuenta con 8 meses, ella no duda en volver a Barcelona para unirse en la clandestinidad a lo que quedaba de la CNT.

5. 25 de octubre de 2010, Plaça de La Barceloneta. Se celebra un homenaje a Miquel Pedrola, vecino de La Barceloneta, militante del POUM muerto en el frente de Aragón en 1936. De 1937 a 1939, la calle Sant Miquel se llama oficialmente Carrer d'En Miquel Pedrola. Recientemente se ha restaurado la pintada original con la que se consagra el cambio de nombre. Los vecinos del barrio realizamos un sencillo homenaje; en primera fila, cantando A Las Barricadas, está La Concha.

6. De vuelta en Barcelona reencuentra a Maurici, un amor de juventud con el que, en sus propias palabras, se juntó; a fin de cuentas, ella no era la mujer de nadie. Los dos son compañeros hasta la muerte de él, que ejerce siempre como padre de su hijo Ramón. Junto a Maurici, Concha monta un pequeño puesto de bisutería y abalorios en el Mercat de Sant Antoni. Además de servirles de sustento, también funciona como punto de encuentro para los militantes de la CNT en la clandestinidad. Más de una vez es empleado como refugio de militantes que estaban en busca y captura. Por las noches, en el puesto se realizan asambleas y demás actividades ilegales. Concha nunca deja de estar afiliada a la CNT. En 1976 se vuelve a hacer un carnet del sindicato y funda el Sindicat del Comerç de Barcelona.

7. La Associació de Veíns de l'Òstia de La Barceloneta ha sido la protagonista de las luchas contra la especulación, los planes urbanísticos que pretenden gentrificar el barrio y la presión turística de la última década. Su alma está formada por señoras mayores que han aprendido lo que es el activismo con casi setenta años como Emiliona, Marga, Pepa, Llum y un largo etcétera. Desde que reside en el barrio, Concha ha sido compañera y amiga de ellas y del resto de la asociación.

8. Llum Ventura es una peluquera que un día se encuentra en el papel de consellera de districte de Ciutat Vella. Mientras ejerce el cargo, funda la asociación Dones del 36 para recuperar y honrar el papel que tuvieron las mujeres en la guerra civil. En el momento de fundar la asociación, esta la componen mujeres republicanas, comunistas, socialistas... No hay ninguna anarquista. Llum contacta con Concha a través de la CGT y tiene que vencer sus reticencias: ella no desea tener nada que ver con ninguna iniciativa que naciera de las instituciones. “No me veas como consellera de distrito, habla conmigo como Llum”, dice Ventura, y esas son las palabras que al fin convencen a Concha. Nace así una amistad fortísima que ha durado veinticinco años. Para Llum, descubrir a Concha supone reencontrarse con las raíces anarquistas de sus padres. Hasta el fallecimiento de Concha, las dos son inseparables.

9. Si la expresión “ memoria histórica” tiene algún sentido, esta no tendrá que ver con el uso que se le ha venido aplicando desde la política progre. La historia nos impone el deber de reivindicar y recordar a las luchadoras como Concha Pérez. Si este país tuviera decencia, en vez de hacer homenajes a Suárez, Fraga o Carrillo, hoy lamentaría la pérdida de La Concha.

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