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Cruz Verde: los voluntarios que han convertido las calles de Venezuela en una UCI

Han sido comparados con los "cascos blancos" de Siria aunque ellos aseguran que son apolíticos y solo se rigen por un objetivo: socorrer al mayor número posible de manifestantes heridos en las protestas de Venezuela

Primeros Auxilios UCV

Una protesta en una autopista de Caracas. Resuenan los gritos que piden el fin de Maduro y fuerzas de seguridad gubernamentales echan manos de las bombas de gas lacrimógeno. A los pocos minutos, los miembros de Primeros Auxilios UCV, conocidos como Cruz Verde, se ven acorralados.

Ante aquella situación que presagiaba un inminente desastre, no les quedó otra opción que agarrarse a una reja para cruzar el barranco que había bajo la calzada. "Ese día temí por mi vida. De hecho, ha habido muchos momentos en los que he estado asustada. Pero eso no me frena", explica a PlayGround la codirectora de la organización, Federica Dávila, al recordar un crítico momento que vivió un mes atrás. Y añade: "más que las protestas, me da miedo que no podamos rescatar a nuestro país"

Ella es una de las caras de Cruz Verde, la agrupación de estudiantes de Medicina de la Universidad Central de Venezuela y de profesionales del sector sanitario de Caracas que ha sido comparada con "los cascos blancos" de Siria. Cada día salen a la calle con un mismo objetivo: socorrer a las personas que resultan heridas en las manifestaciones que llenan las calles de Venezuela desde abril.

Aseguran no distinguir entre bandos, aunque después de que les acusaran en la televisión estatal de ser un "grupo paramilitar" han optado por no acudir a manifestaciones chavistas en las que pudiesen sufrir por su integridad.

I. La agudización de la violencia

Sus comienzos se remontan a la oleada de protestas que se desencadenaron en 2014, cuando la crisis económica irrumpió en el país. El ahora fundador de la organización, Asdrubal Moreno, fue testigo de cómo las personas heridas o fallecidas en un enfrentamiento entre ambos bandos no habían sido atendidas de forma adecuada ni de inmediato.

Así que ante aquellas carencias, el entonces estudiante de Medicina optó por crear junto a un médico ahora exiliado en España, Hipólito García, la brigada de primeros auxilios. Ahora, el número de miembros que operan en Caracas ha ascendido a 210, y su labor es más necesaria que nunca. Porque, como asegura la Directora Adjunta de Investigación de Amnistía Internacional para las Américas, Carolina Jiménez, la actual profusión de manifestaciones es distinta a la anterior.

"Lamentablemente se ha agudizado el grado de violencia. El Ministerio Público de Venezuela informó de que entre febrero y junio de 2014 hubo 43 fallecidos. Pero ahora, en un lapso de tiempo inferior que va desde abril a junio de este año, ha habido 75", lamenta Jiménez. La organización humanitaria se basa en los últimos datos que revisó del Gobierno venezolano a finales del mes pasado.

Aunque hay una guerra de cifras. Según reveló este martes la fiscal del país, Luisa Ortega Diaz, el número de personas que han perdido la vida ya asciende a 90.

"Ese día temí por mi vida. De hecho, ha habido muchos momentos en los que he estado asustada. Pero eso no me frena"

Para Jiménez existen varios factores que han convertido el escenario de lo que deberían ser unas protestas pacíficas en un territorio hostil. Uno de ellos es el modo en cómo se utilizan las armas de disuasión. Mientras tres años atrás la Policía Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional Bolivariana las empleaban para contener a la muchedumbre, hoy están haciendo un uso potencialmente mortífero de ellas.

Otro elemento es el Plan Zamora con el que el Gobierno ha avalado a grupos armados irregulares, denominados colectivos, para que "controlen" a los manifestantes. "Es muy grave que desde el propio Estado se promuevan estas fuerzas. Hoy hay multitudes de denuncias formuladas por personas que fueron atacadas por civiles en moto y que no saben a quién señalar", sostiene Jiménez.

II. Cuando la brutalidad se viste con el uniforme de las fuerzas del Estado

Los voluntarios de Cruz Verde rescatan a diario a personas asfixiadas por haber estado expuestas a bombas de gas lacrimógeno y a otras que han recibido impactos a quemarropa del mismo proyectil, de perdigones, de metralla o, incluso, de armas de fuego.

"Hay veces que no sabes cuál será la reacción de los policías, ni de los guardias, ni de los manifestantes, ni de cualquiera de los que te rodean. Hace tres semanas atendí a un chico a quien la metralla le había perforado el hígado. Cuando llegó a mí estaba casi en estado de shock y había perdido mucha sangre. Si no hubiésemos estado junto a él no hubiese llegado al hospital", explica a otra codirectora de la organización, Daniela Liendo.

Pero hay veces en las que ni siquiera ellos pueden llegar a tiempo. David Vallenilla , a sus 22 años fue asesinado por las fuerzas del Gobierno dos semanas atrás. Horas antes de que le dispararan a quemarropa, el presidente Nicolás Maduro había elogiado a los cuerpos de seguridad del Estado alegando que no hacían uso de armas de fuego ni de perdigones.

En aquella ocasión, los miembros de Primeros Auxilios UCV llegaron tarde. Como recuerda Liendo, sus compañeros le encontraron yaciendo en el suelo y sin signos vitales. "Es muy frustrante saber que no pudimos hacer nada. Si hubiésemos estado a su lado en el momento de los hechos le habríamos salvado", lamenta Liendo.

La brutalidad con la que actúa la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolvariana fue ratificada recientemente por Human Rights Watch al condenar las agresiones ejecutadas en un comunicado. Después de hablar con víctimas y con sus familiares, con abogados y testigos, HRW exigió a los altos mandos que respondieran por las violaciones contra los derechos humanos cometidas por sus subordinados.

III. Cuando la violencia acecha al que intenta salvar vidas

Desde Cruz Verde aseguran que no se ha alineado con ninguno de los bandos enfrentados, pero aún así también están siendo víctimas de las manifestaciones.

"El Ministerio Público de Venezuela anunció que entre febrero y junio de 2014 hubo 43 fallecidos. Pero ahora, en un lapso de tiempo inferior que va desde abril a junio de este año, ha habido 75"

Moreno aún recuerda el día en el que un agente del Cuerpo Nacional de la Policía Bolivariana disparó a uno de los civiles delante de miembros de la organización. Acto seguido, se dirigió a una de las voluntarias que se encontraba en el lugar para decirle: "¿Tu no eres médico? Pues allí tienes a un herido".

Aunque la peor de las agresiones fue la muerte de un compañero que trabajaba en Primeros Auxilios LUZ, el grupo de asistencia médica que realiza la misma labor que Cruz Verde en el estado de Zulia. Se llamaba Paul Moreno, tenía 24 años y murió arrollado, mientras socorría a heridos en las protestas, por una camioneta sin matrícula, de acuerdo con los testigos. Le arrebataron la vida el 18 de mayo y hoy su muerte aún es objeto de investigación.

Desde entonces, no ha habido día en el que los voluntarios de Cruz Verde no le recuerden antes de salir a las calles. "Al hacer recuento de cuántos de nosotros saldremos a la calle lo hacemos a partir del número dos. Porque él es nuestro número uno", asegura Dávila.

IV. Un grupo imparcial condenado por una corriente de opinión

Como explica Moreno, los ataques contra la organización aumentaron después de que Pedro Carvajalino, presentador de la televisión estatal les tachara de "grupo paramilitar" al compararlos con los Cascos Blancos que operan en Siria que, según él, apoyan a grupos armados de Oriente Medio.

Hoy Cruz Verde sigue defendiendo que es una institución imparcial que se financia gracias a donaciones de personas que valoran su labor. Son ellas también las que les abastecen de insumos sanitarios que, con la actual escasez de medicamentos que golpea al país, son difíciles de conseguir. A pesar de que repudian la violencia y a todo aquel que la ejerce, se consideran personas apolíticas que únicamente se mueven entre manifestaciones para auxiliar a los que lo necesitan.

La peor de las agresiones que ha sufrido la agrupación está sellada con el nombre y el apellido de un compañero. Se llamaba Paul Moreno y con 24 años murió arrollado por una camioneta mientras socorría a heridos en las protestas

Al igual que ocurre en prácticamente cada rincón de Venezuela, en casa de Liendo la mitad de su familia está a favor de las protestas y la otra no. "Se trata de un debate que continuamente pone sobre la mesa lo que está bien y lo que está mal. Pero yo estoy apostando por la vida. Y estoy segura de que eso nunca va a estar mal", sostiene la codirectora.

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