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Miedo y asco en la fiesta de tu vida: el estrepitoso desastre de TomorrowWorld

La EDM ya tiene su Woodstock particular

Música, drogas, amor, esperas y… ¿toneladas de barro?

En la mitología festivalera —sección anglosajona— abundan las memorias hilvanadas alrededor de esos elementos. Los cuatro primeros se dan por sentado, y el quinto... bueno, nadie se revolcaría en una charca de lodo a diez metros de su casa, pero en mitad de un festival, cualquier cosa vale para cosechar recuerdos.

Pero una cosa es tirarse en plancha a los brazos de un prado embarrado —por puro antojo— y otra bien distinta quedarse tirado en mitad del fango por culpa de una organización que no ha sabido hacer su trabajo.

Lo sucedido este pasado fin de semana en Chattahoochee Hills, Georgia, encaja en la segunda de esas opciones. La opción de la desorganización. La opción del caos. La opción del fail.

En la mañana del domingo, la organización del festival TomorrowWorld, nominado en 2013 como "Mejor Evento Musical" en los Dance Music Awards, tomaba la decisión de limitar el acceso a su recinto a aquellos asistentes instalados en su "DreamVille", su área de camping. Quien no tuviera tienda en el camping no entró. Decenas de miles de personas se quedaron así sin disfrutar de la última jornada del festival aún estando en posesión de su abono.

La medida trataba de evitar que se repitieran escenas de caos como las vividas el día anterior. Escenas que han llenado Twitter de quejas como esta:

En la noche del sábado, cuando miles de almas exhaustas trataron de abandonar el recinto del festival tras el set de cierre de Hardwell, descubrieron con pasmo que no había manera de volver a la civilización.

El festival bloqueó el acceso a taxis y 'ubers', a la par que bloqueaba el servicio de lanzaderas del propio festival. ¿Resultado? Miles de personas tiradas en plena noche en mitad de la nada

Las lluvias que habían embarrado la zona llevaron a la organización a tomar la decisión de bloquear el acceso de taxis, ubers —curiosamente, uno de los partners del evento— e incluso cancelar sin aviso el propio servicio de lanzaderas que, teóricamente, debía ofrecer el festival. ¿Resultado? Miles de personas tiradas en plena noche en mitad de la nada, esperando durante horas, infructuosamente, a la llegada de algún tipo de transporte.

Las crónicas sobre el terreno hablan de miles de personas durmiendo a la intemperie en mitad del bosque, sobre el suelo mojado o sobre el barro, sin ningún tipo de resguardo, sin cobertura telefónica, y sin acceso a agua o comida. Otros prefirieron caminar los 16 kilómetros que les separaban de las opciones de alojamiento o transporte más cercanas.

"La Madre Naturaleza ha decidido en nuestra contra", esgrimía la organización para justificar las medidas adoptadas de cara al domingo, asegurando que "la experiencia de los visitantes de TomorrowWorld es siempre nuestra prioridad número uno". ¿Seguro?

Cierto, los imprevistos meteorológicos son incontrolables. Pero no su gestión.

Sorprende que un festival multitudinario —la asistencia estimada de este año es de 160.000 personas— nacido en el centro de una industria que mueve muchos millones de dólares dé síntomas de mala planificación propios de una rave principiante.

O quizás sea la constatación de lo que muchos ya saben: en el negociado de la EDM, lo que importa es el dinero, los billetes. Y no la gente. Y mucho menos la música.

Mo' Money, mo' problems

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