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Descubren vida extraña dentro de los cristales gigantes que pueblan la inhóspita cueva de Naica

Una científica de la NASA ha despertado a estas criaturas prehistóricas

En las profundidades de la Cueva de los cristales de Naica (México), dentro de los gigantescos cristales de selenita que pueblan las grutas, se han encontrado unos extraños microbios prehistóricos dormidos que podrían tener 50.000 años de vida.

La cueva, conectada a la mina de Naica —de la que se extrae plomo y plata— y situada a 300 metros por debajo de la superficie, puede resultar maravillosa para los ojos, pero es un infierno para la vida. Con temperaturas que oscilan entre los 45ºC y 65ºC y con una humedad del 99%, el ambiente es extremadamente inhóspito.

Sin embargo, en unos bolsillos de líquido encontrados en el interior de algunas de las columnas de selenita, unos antiguos y extraordinarios organismos habrían logrado sobrevivir. Tras extraerlos de las cavidades, ahora los investigadores de Instituto de Astrobiología de la NASA los han conseguido despertar —ya que se encontraban en un estado inactivo— y han desvelado información sobre ellos.

Se trataría de 40 cepas distintas, de microbios pero también virus, que habrían podido seguir existiendo a base de hierro y manganeso. Al hallarse en absoluta oscuridad bajo tierra, lejos del sol, los microbios no pueden fotosintetizar pero sí realizar la quimiosíntesis y valerse de los minerales que contienen los cristales.

Los microbios encontrados son tan anómalos que no se ha encontrado ningún organismo similar entre todos los registrados científicamente. A pesar de que se descubrieron organismos dentro de las paredes de la cueva y cerca de los cristales en una expedición previa en 2013, los del interior de los cristales tendrían un ADN muy diferente. Los análisis revelaron que su información genética difiere en un 10% de la de sus parientes más cercanos, una distancia tan grande como la que separa a los humanos de los hongos.

Los investigadores sospechan que las criaturas tienen entre 10.000 y 50.000 años de vida. Si se confirma el dato, supondría que los microbios poseen la enorme capacidad de resistir durante miles de años en los peores hábitats y, quizás más importante, que su existencia es muy probable en el espacio.

La otra tremenda sorpresa es que hayan logrado resucitarlos en laboratorio de su estado inactivo y que hayan podido cultivar más en placas. "Fue laborioso, perdimos a algunos de ellos, ya que tienen necesidades que no pudimos cumplir", manifestó Penelope Boston, directora del estudio, a The Telegraph.

Los investigadores piensan seguir estudiando a estos misteriosos microbios porque la vida en esta cueva nos puede estar hablando de la vida en el cosmos.

[Vía Science Alert]

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