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Estos métodos alternativos demuestran que la desradicalización de los yihadistas es posible

La mayor parte de los que son detenidos al regresar a casa, acaban en prisión sin recibir rehabilitación alguna. Pero hay programas con los que pueden tener un segunda oportunidad

Son muchos los casos que conocemos de jóvenes musulmanes nacidos en Occidente que han viajado a Oriente Medio para unirse a las filas del Estado Islámico. La mayor parte de los que son detenidos al regresar a casa, acaban en prisión sin recibir rehabilitación alguna. Solo les queda la posibilidad de vivir eternamente con el estigma de ser unos radicales que, cualquier día, podrían cometer un atentado.

Sin embargo, desradicalizarse no es imposible, y menos para los más jóvenes. Una prueba de ello son los proyectos que han surgido en Alemania, Francia y Dinamarca con un mismo objetivo: devolverles su vida.

El caso de Alemania, es retratado en el documental Bare-handed, de Stefano Obino, en el que se muestra como jóvenes, de entre 16 y 21 años que han regresado recientemente de las filas de ISIS, luchan por desprenderse de la influencia radical en la prisión de Wiesbaden.

Lo hacen a partir de un proyecto experimental que combina el teatro y las enseñanzas del Corán. Un programa que está dirigido por un alemán que se convirtió al islam y se hizo imán, Martin Meyer Husamuddin, y un director de teatro, Arne Dechow.

De este modo, pretenden desprenderles de la rabia y de la discriminación que han sentido a lo largo de sus vidas. Con las enseñanzas del Corán aprenden a distinguir el contenido del texto sagrado de las interpretaciones radicales y c on el teatro reviven las experiencias del pasado y vuelven a conectar con su parte más humana.

En la prisión de Wiesbaden combaten el radicalismo combinando el teatro y las enseñas del Corán

Este método es similar al que imparte el imán franco-tunecino de la ciudad francesa de Rennes, Mohamed Loueslati, que lidera un grupo de 25 imanes que cada semana visitan a prisioneros de 20 cárceles con el objetivo de desradicalizarles a partir de la religión.

El caso de Dinamarca, fue retratado en un reportaje para NPR, de Hanna Rosin, a partir de l a historia de Jamal, un joven somalí que se crio en Dinamarca y que tras sentirse discriminado se radicalizó. Al juntarse con otro grupo de musulmanes que estaban igual de ofendidos que él con la sociedad danesa, llegó incluso a planear un viaje a Siria que, afortunadamente, nunca hizo gracias a una llamada de la policía.

Sin que él lo supiera, los agentes le hicieron participar en un programa, que lucha contra el yihadismo, al hablar con Erhan Kilic: un mentor de éste que le explicó como, siendo musulmán, se integró en la sociedad danesa. Hablar con Kilic le hizo entender que él también podía tener un futuro próspero en Dinamarca.

La metodología empleada en Dinamarca se denomina modelo Aarhus y consiste en intentar acabar con la violencia a partir de la amabilidad, una táctica que en psicología se llama comportamiento no complementario. El mismo que utilizaron Martin Luther King y Mahatma Gandhi.

Su adopción en Dinamarca, ha dado resultados muy positivos: mientras que en 2013, 30 daneses viajaron a siria, en 2014 y 2015 apenas lo hizo una persona al año.

Mohamed Loueslati, que lidera un grupo de 25 imanes que cada semana visitan a prisioneros de 20 cárceles con el objetivo de desradicalizarles

Estos casos demuestran que el camino para acabar con las creencias yihadistas es la terapia, la amabilidad y el trato humano. Un trato agresivo y criminalizador no es la solución porque puede suponer que estos chicos vuelvan a aferrarse al radicalismo que abrazaron cuando se sintieron discriminados. Un estudio publicado el pasado noviembre por el grupo de expertos británicos,Centre for the Study of Radicalisation and Political Violence (ICSR), confirmó esta teoría al demostrar que las prisiones esuropeas, a las que son enviadas los detenidos radicalizados, se han convertido en centros de producción yihadistas.

La buena noticia es que cada vez más países están intentando implimentar otro tipo de metodologías para acabar con la radicalización yihadista. España, que también se ha sumado a la ola, está intentándolo con el llamado Proyecto Saladino, en el que participan especialistas que controlan los gestos, las palabras y los actos de los presos encarcelados por terrorismo yihadista para que no radicalicen a otros.

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