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La memoria es más fuerte que la muerte

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Antoine Wauters ha escrito 80 páginas de muerte, amor, enfermedad y memoria que estremecen al lector

Luna Miguel

17 Marzo 2015 06:00

—Fotografías de Jonathan Moyal

Escribe William T. Vollmann que “la muerte no puede ser experimentada ni por los vivos ni por los muertos”, y sin embargo hay un sentir muy profundo —ese que ni es vida ni es muerte— recorriendo las venas de los que aún pueden respirar.

Es curioso cómo los vivos se obsesionan con la muerte. Es curioso cómo los vivos se convierten en escritores, en artistas o en músicos, y a diario sacan sus cuadernos o sus imaginaciones para plasmar en ellos lo que significa irse, desaparecer, serlo todo y, después, no ser nada.

“La muerte no puede ser experimentada ni por los vivos ni por los muertos”, pero a diario miles de millones de personas piensan en una cosa y en otra e incluso dedican horas, semanas e incluso vidas enteras a reflexionar sobre el vacío.

Hay quienes hasta presumen de “morir excepcionalmente bien”, como ocurrió con la poeta suicida Sylvia Plath, a la que hoy recupera el joven Antoine Wauters para dar nombre a su último libro de poemas, Sylvia (Cheyne Editeur, Fancia, 2014).

Wauteurs, un escritor y editor que viene de Liège (Bélgica) y que con apenas 33 años ya tiene a sus espaldas una gran obra literaria, también se lanza a la piscina de la vida y de la muerte, y lo hace en un homenaje lírico, delicioso y cruel al mismo tiempo.


Wauteurs nombra hermana a Plath y la invoca con el propósito de resguardarse en su fortaleza



No es casual que el poeta belga se obsesione en estas páginas con la obra de Sylvia Plath. Por ser ella una gran autora de la muerte, su obra le sirve Wauteurs como una especie de antídoto. Como una guía de supervivencia sentimental con la que él mismo será capaz de afrontar el dolor.

Tras el repentino fallecimiento de Charles y Armande, sus dos abuelos, Wauteurs se ahoga en una nube negra de tristeza que le hace temblar. Esos temblores son los que el escritor consigue contagiar al lector con sus poemas: pequeñas piezas en prosa llenas de recuerdos, descripciones exactas y ceniza.

Ahora que él está solo, no le queda otra opción que escribir. Que purgarse para al fin encontrar la serenidad tras la negrura. Y puede que suene obvio, pero aquí no hay más certeza que la de las cicatrices. Porque hay que caerse para volver a levantarse, Wauteurs nombra hermana a Plath y la invoca con el propósito de resguardarse en su fortaleza.

Sólo las palabras nos salvan, más allá de la vida o de la muerte y más allá de la enfermedad o del amor. Sólo las palabras exactas pueden darnos la clave para entender el mundo que nos ha tocado vivir.

O el mundo que nos ha tocado morir.


O los rostros queridos que nos ha tocado recordar, para hacer justicia a todo el amor que en vida nos entregaron



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