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Los mejores discos del 2014, parte 1 (hoy, del 80 al 31)

Un repaso a la mejor cosecha musical de la temporada

Ilustración de Rami Niemi

Se acaba el año, y en esta casa no podíamos pasar sin hacer recuento de los discos más relevantes del año a juicio de quienes hacemos PlayGround. Esta vez hemos situado el corte en el puesto 80. Además, en sintonía con los tiempos que corren, por primera vez hemos decidido tratar en igualdad de condiciones varios formatos. Es decir, en la lista que sigue encontrarás álbumes editados de forma comercial, lanzamientos sólo disponibles en internet, mixtapes gratuitas y también EPs con enjundia. Todo metido en un mismo saco, junto y revuelto, tal como lo hemos disfrutado a lo largo del año.

Hoy comenzamos nuestro repaso cubriendo las posiciones que van del 80 al 31. Mañana continuaremos la cuenta atrás de los mejores discos que, a nuestro juicio, se han editado en los últimos 12 meses. Hay mucho y muy buen material, que toca palos muy distintos. Seguro que algo encuentras que te gira la cabeza. Empezamos.

80. The War on Drugs - Lost In The Dream (Secretly Canadian)

Adam Granduciel cuenta que estas canciones vienen de la desesperación personal y de la ansiedad y que representan las tribulaciones del viaje y los triunfos de su destino. Los resultados son los más sólidos que se recuerdan, con un grupo en verdadero estado de gracia. Las influencias esta vez se amplían: ya no sólo es Bruce Springsteen, Bob Dylan o Fleetwood Mac, ahora The War On Drugs suenan por momentos, y mucho, a Dire Straits. Especialmente en cortes como “An Ocean Between The Waves”. Los mayores cambios que encontramos respecto a “Slave Ambient” son que las canciones se han alargado y agrandado. De hecho, los nueve minutos de “Under The Pressure” no se hacen nada pesados, aunque el último tercio sea puro feedback. También es interesante el uso de cajas de ritmos y sintetizadores, como un guiño a la tradición ochentera de las formaciones anteriormente citadas. Es una buena manera para crear atmósferas embriagadoras e incidir en ese punto de nostalgia que siempre ha tenido la música de la banda. The War On Drugs suenan igual o mejor que siempre, y eso es mucho decir en una banda que se ha convertido rápidamente en uno de los referentes de su generación en lo que al rock de guitarras se refiere.

79. Dotore – Variaciones (Sones)

Mucho hemos tenido que esperar los fans de Dotore para escuchar la continuación de aquel entrañable Los Veranos Y Los Días (Discos Primo, 2010). Tanto como cuatro años. Y, claro, con el paso del tiempo, también cambian las personas. En Variaciones el alma del proyecto, Pablo Martínez Sanromá, deja atrás la añoranza de su tierra para abrazar el cálido clima de su nueva casa de acogida, Barcelona. Estas ocho canciones parecen ocho postales mandadas desde distintos puntos del planeta por lo variado del repertorio.

78. Rainer Veil - New Brutalism (Modern Love)

El año pasado Rainer Veil no eran nadie: Liam Morley había estado en una discreta banda de post-rock y Dan Valentine no tenía pasado en la música. Pero Struck EP llegó al catálogo de Modern Love como aire fresco para el techno de alcance experimental: capas de ambientes húmedos, ritmos tenues, sensación somnolienta, muy cerca de ser la versión acolchada de la música de Andy Stott. El nivel de madurez mostrado en aquel primer 12" era abrumador, y la sensación de salto adelante que da New Brutalism EP es de las que provocan vértigo: estos 35 minutos les sitúan sin discusión entre los grandes de la electrónica de esta década, aunque con la cautela necesaria a la espera de que ataquen obras mayores. Pero si antes la música se adivinaba entre niebla, ahora se transparenta; si antes asomaba un gusto por el techno-dub, ahora las programaciones se vuelven más escarpadas y complejas, con giros hacia el drum'n'bass y el breakbeat con pegada, como una versión fantasmal y sonámbula del legado rave inglés.

77. St. Vincent - St. Vincent (Loma Vista/Republic)

St. Vincent ya no tiene nada que demostrar a estas alturas. Con su cuarto álbum, de título homónimo, se sirve de ese delicado equilibrio entre la experimentación y la accesibilidad para convertirse en una de las mejores artistas de la música moderna. Lo alucinante del tema es que estamos ante una artista de tan sólo 31 años y con cuatro álbumes a sus espaldas (cinco si contamos el que hizo con el ex Talking Heads). Todo esto sirve para refrendar que la carrera de la de Tulsa sólo puede ir a mejor si es que no se acomoda, que no tiene pinta de hacerlo. Cada nuevo disco es un paso de gigante hacia el estrellato, y este St. Vincent es una prueba de que la artista puede llegar a un público más mayoritario si se lo propone sin perder por el camino nada de esa genialidad y excentricidad que la caracteriza.

76. Marissa Nadler – July (Sacred Bones)

Marissa Nadler es una de esas cantautoras que no se corta cuando tiene en su mano la pluma. Sólo hay que comprobar los dos primeros versos de July, el primero que edita en el exquisito sello Sacred Bones, para sentir el peso de sus palabras. “If you ain’t made it now / You’re never gonna make it”. Más claro, el agua. Su música vaga en algún terreno entre el shoegaze, el folk y el doom-metal, de ahí a que haya conseguido captar el interés de la plataforma estadounidense. Resuenan ecos de Mazzy Star en July, o de PJ Harvey en Was It A Dream, con una línea de guitarra de toma pan y moja. En su sexto álbum demuestra que no pierde fuelle, más bien al contrario. No sería osado catalogarlo como su mejor trabajo hasta la fecha.

75. Lost Twin – Mist (Squaring The Circle)

El productor sevillano ha creciendo desde un hip hop al uso con un toque personal hasta abrazar una electrónica 'de autor' que poco a poco va quitándose las telarañas a través de la asimilación e integración en su propio tejido sonoro de diversas influencias. En ese sentido, las ocho canciones que conforman Mist se antojan como su trabajo más personal hasta la fecha, siendo este un ¿álbum? que lleva una semana poniéndole hilo sonoro a mis sueños en vigilia. Canciones llenas de brumas, tanto mentales como físicas, que trasmiten sensaciones dulces, sentimientos optimistas que te envuelven en tonalidades sepia que en ocasiones tornan a un blanco y negro vintage.

74. Wen – Signals (Keysound)

El grime da periódicamente álbumes mayores, y en el renacimiento del género vivido en los últimos dos años, Wen es uno de los actores principales. Su primer LP es frío como el acero y cortante como un bisturí, profundo y espacioso, como una cueva bien ventilada. Tras un puñado de EPs, remixes estratégicos y mucho spinning de dubplates en garitos oscuros, este primer álbum de Wen viene a codificar de manera ambiciosa cómo suena el nu-grime. La mugre original asociada al sonido se ha ido por el desagüe y ahora es un audio aseado, con pátina brillante, aunque igualmente duro a primera escucha y frío al tacto.

73. Tinashe – Aquarius (RCA)

En su primer álbum oficial, Tinashe amplifica el potencial mostrado en sus mixtapes y se postula como la mejor revitalizadora del R&B de aliento más noventero, sin olvidarse de tender puentes con el pop comercial y sin perder de vista las tendencias sonoras del momento. Más allá de su vertiente más mainstream, si algo hay que aplaudirle es cuando se presta a sonar más oscura, introspectiva y experimental de lo que se podría esperar de ella gracias, en parte, a sus productores. La chica tiene talento, sabe de quién rodearse y tiene toda la vida por delante. Su viaje no ha hecho más que empezar.

72. Korallreven - Second Comin' (cascine)

Colorido, espiritual, excitante, bello, emocional, con luces y sombras, Korallreven han conseguido dar con un álbum redondo, que no flaquea por ningún lado. Second Comin' muestra el camino a seguir para otros artistas synth-pop, con una música que demuestra que la elegancia y el vigor no están reñidos con la accesiblidad. Además se cierra con dos aportaciones de Maria Lindén de I Break Horses, en las que la chica demuestra que puede ofrecer mejores cosas que en su banda principal. Korallreven saben cómo terminar un disco, con un corte más grande que la vida que une lo mejor de sus dos discos en un ejercicio de pop pluscuamperfecto.

71. Millie & Andrea - Drop The Vowels (Modern Love)

Andy Stott y Miles Whittaker recuperan su proyecto Millie & Andrea cuatro años después de su interrupción para rehacer los cimientos del drum'n'bass, el techno oscuro y el footwork de vanguardia. Un viaje infernal que marca el camino para la regeneración de la electrónica de riesgo. El dúo genera una detonación lo suficientemente sucia y ruidosa para que su onda expansiva resuene como llamada de advertencia durante todo el año electrónico: si alguien quiere hacer algo bueno, debe aspirar a triturar los lenguajes ya conocidos. Sólo de las ruinas, como aquí, puede surgir una nueva electrónica que persiga el futuro.

70. SZA – Z (Top Dawg Entertainment)

SZA tiene los mimbres para ser la próxima estrella del R&B alternativo. En este álbum de debut se rodea de padrinos como Toro y Moi, Chance the Rapper y Kendrick Lamar para navegar por aguas de soul, pop, electrónica ambiental y una espesa jungla de guiños urban. El sonido de SZA es fino, con más piel que hueso, a medio camino entre el sonido atmosférico de Clams Casino y las nuevas divas del indie que se pasan momentáneamente al paraíso urban. Es como si Solana quisiera hacer el camino inverso, comenzar allí donde recibe la influencia de Chairlift, Beach House y Lana del Rey.

69. Tallesen - Stills Lit Through (Software)

La música de Cayman "Tallesen" Johnson fluye como cauces viscosos ante los ojos de quien observa. Y decimos observa, porque es música que se ve. Los beats crujen y estallan salpicándote con sus dulces jugos oníricos. Las atmósferas se revuelven como agitadas por cambios de presión, o golpeadas por lenguas de aire que soplasen en direcciones casi opuestas. Y por debajo de todo, siempre, unas texturas que se debaten entre el vapor, el gas de alta presión -un gas que buscara expandirse, forzando la colisión de sus moléculas contra el contenedor celeste- y lo acuoso. La sensación que uno tiene a veces es la de estar contemplando un lienzo vivo, una acuarela de colores aún frescos, o un vertido de líquidos tornasolados, mientras las retinas se desprenden poco a poco de los ojos.

68. Jenny Hval & Susana – Meshes Of Voices (SusannaSonata)

Algunos pensarán que la colaboración entre Jenny Hval y Susana Wallumrød tenía que surgir tarde o temprano por el simple hecho de que ambas son mujeres y figuras fuertes dentro de la escena noruega, ambas tienen una pluma de esas que enamora y cautiva e incluso comparten (a veces) una misma visión a la hora de componer música. Pero ya está. Ahí se acaban los parecidos. Por eso este disco que han hecho conjuntamente, Meshes Of Voice, resulta especialmente sorprendente. Porque ahí donde la primera pone la tormenta, la segunda impone la calma. Una tiene una vocación más tempestuosa y retorcida, forzando la colisión entre folk y drone, mientras que la otra demuestra una inclinación más templada y clásica alrededor del pop. El álbum es generoso en canciones y duración, lo que da espacio para que las dos féminas muestren distintas caras. Pero si algo muestran estos quince temas es un amor por la música que exuda una belleza clásica, profunda y pálida, insondable. La clave de todo esto reside en no ser conformistas, en aventurarse a probar cosas nuevas, explorar sonidos distintos. Y los resultados acompañan. Una colaboración a tener muy en cuenta.

67. Perfume Genius - Too Bright (Matador)

Hablar de Mike Hadreas, mente maestra de Perfume Genius, es hacerlo de un tipo atormentado por su pasado, pero que ha conseguido que la música se convierta en su vía de escape, una suerte de terapia para curar heridas y alejar fantasmas. Perfume Genius transmuta en su tercer disco en un ser confiado, pero a la vez consciente de sus propios problemas. Con una instrumentación más agresiva, pero aún así dependiendo mucho del piano como en el pasado, Mike Hadreas ofrece en Too Bright la evolución suficiente como para que estemos hablando de uno de los álbumes del año.

66. Lotic - Damsel in Distress (Janus Berlin)

Al houstoniano emigrado Lotic y a sus compañeros de las fiestas Janus le debemos el haber insuflado un aliento más aventurero a una noche clubber berlinesa que, gracias al cielo, cada vez está menos limitada a lo que puedan ofrecer el techno y el house. Lo que nació como club hace dos temporadas se ha transformado este año en plataforma discográfica, con Damsel in Distress como su primera y única referencia (digital, y de distribución gratuita) hasta la fecha. Lotic saca la trituradora para crear media hora de pesadilla híbrida en la que hay grime y trap, ficciones sónicas en los límites del beatmaking narcotizado y UK bass neurótico, refixes de aires góticos de hits R&B y temas propios que dejan con ganas de más. Queremos más Janus en 2015

65. Wild Beasts - Present Tense (Domino)

Wild Beasts entregan su trabajo más escurridizo y maduro hasta la fecha. Todo se ha mejorado aunque se haya dejado parte de la inmediatez por el camino. Valiente y agresivo, Present Tense, es un álbum más completo que les sitúa en el Olimpo de las bandas británicas. Volvemos, por tanto, al tema de la madurez. Este álbum la exhibe por los cuatro costados. Le faltan pelotazos, sí, pero objetivamente, es un trabajo más completo que Two Dancers, por ejemplo. El camino que puedan emprender a partir de aquí sólo ellos lo saben, pero que no quepa ninguna duda que ya van cuatro discazos y el pelazo de Hayden Thorpe no se ha movido de sitio.

64. Pharmakon – Bestial Burden (Sacred Bones)

El 'power electronics' y la música industrial en general no suelen ser géneros accesibles. Pero hay algo en el sonido de la artista noise Margaret Chardiet que la hace especialmente fácil de digerir a pesar de la tensión que existe en sus composiciones. Piezas en las que apenas hay beats y que están repletas de gritos escalofriantes, tosidos y sonidos de respiración y asfixia. Aunque Pharmakon lleva tiempo sumergida en este tipo de música, se entiende que este disco haya salido como ha salido, virulento e insalubre, de una sequedad muy física, pues se empezó a gestar después de que la artista fuese ingresada por una urgencia médica que resultó en una operación importante justo antes de partir hacia Europa para empezar una nueva gira. Y es esta extraña sensación la que puebla este fascinante trabajo, repleto de ráfagas de ruido, beats primitivos, risas diabólicas y gritos capaces de helar la sangre de cualquiera.

63. Neel – Phobos (Spectrum Spools)

Neel traduce las leyes de Kepler en forma de composiciones sonoras, estructuras livianas creadas a base de sintetizadores modulares y hardware que se suceden formando capas y capas de detalles precisos, imperceptibles, de un tamaño microscópico. Grabado en Roma y Curinga, entre el verano de 2013 y la primavera de 2014, Tilliechi tuvo mucho tiempo para tumbarse sobre la hierba y buscar entre las constelaciones. Su investigación ha dado fruto: podemos notar el óxido ferroso en los crujidos iniciales de Post Landing, los ruidos circulares de un ente mecánico al aterrizar, o unos dedos translucidos manipulando las pantallas táctiles mientras se preparan para un acontecimiento que nos es misterioso en Storm In Stickney. En Life On Laputa Regio incluso crees escuchar el trajín de unos marcianos trabajando en la construcción de algo. ¿Qué será lo que levantan?

62. Gazelle Twin – Unflesh (Anti Ghost Moon Ray)

Unflesh no es un disco para escuchar solo en casa a medianoche. Dejando a un lado el miedo a los fantasmas, la oscuridad hostil de la noche no se ha pensado para enfrentarse a la dificultad de lo que este álbum explota: la irreconciliable relación entre mente y cuerpo, los traumas y heridas profundas que derivan de ello. Es un trabajo sangrante que se presenta sobre una fría capa de electrónica distópica, acunado por una voz que puede llegar a las cotas de una soprano, entre melosa y aterradora. La enigmática Elizabeth Bernholz, artista afincada en Brighton, dice que el material de este su segundo álbum fue gestado "en este constante estado bajo amenaza" y versa sobre "el estar preparado para afrontarlo". A pesar de ser un trabajo donde se proyecta una huida constante, al final debe enfrentarse a sus terrores. Como en el canto ritual de Still Life, en el que aboga por rendir cuentas de uno mismo y prepararse para lo que viene.

61. Leon Vynehall - Music for the Uninvited (3024)

El productor de Portsmouth da el salto al formato largo en del sello de Martyn con un trabajo inspirado en los cassettes de hip hop y funk que su madre le ponía en la tronada radio del coche. Es esa fuerte sensación de compresión del sonido que le marcó en sus años mozos la que guía y compacta estas seis piezas de sintetizadores y cuerdas que intentan -con y sin éxito- cuadrarse dentro del género house, en su faceta más liberal y expansiva. El resultado son deliciosas y pequeñas sinfonías a caballo entre lo clásico y lo moderno.

60. Caribou - Our Love (Merge/City Slang)

Tras tocar el cielo con Swim, Dan Snaith prosigue su evolución sonora, ahora llamando a la puerta de los clubes y buscando el éxtasis en el house. Ha perdido melodía y capacidad de sorpresa, pero al menos le queda amor, mucho amor para dar. La primera predisposición es la de aceptar Our Love también por lo que es, no por lo que desearíamos que fuera. Al fin y al cabo, es un trabajo sobre el amor -el tema que ocupa todo el arco de la carrera de Dan Snaith, desde el primer álbum hasta éste-, sobre compartir y dar, sobre pasar un buen momento juntos, sin pedir más a cambio.

59. Freddie Gibbs & Madlib - Piñata (Madlib Industries)

Piñata tiene todo lo que le quieras pedir a un buen disco de hip hop a la vieja usanza: coros soulful, rapeados relajados sobre ritmos que parecen blandos pero son auténticas piedras, samples jazzy, atmósfera cargada y esa pachorra que todavía colea desde los días en los que el rap fue hippy. Y esta vez, las colaboraciones aportan personalidad al contexto en vez de restarle valor en forma de lucha de egos: Raekwon, Danny Brown, Earl Sweatshirt y Scarface han venido aquí para servir, no para servirse. Más que una piñata, un pepino.

58. Answer Code Request – Code (Ostgut Ton)

En su álbum de debut, Patrick Gräser se aparta de la pista de baile para entregar un trabajo de diseño sonoro exquisito que aglutina y adapta influencias de distintos géneros y etapas -desde el Detroit de ciencia ficción al breakbeat hardcore, el intelligent techno inglés de los primeros 90 y el primer dubstep, sin olvidarse del legado berlinés- dentro de un marco techno que suena versátil, moderno e intrigante. Atmósferico y expansivo a ratos, claustrofóbico y denso en otros momentos, alternando patrones simples y complejos, episodios plácidos con otros de rítmicas más pulsantes y opresivas, Gräser se acerca al techno desde una perspectiva low-end más propia de la música bass, como si quisiera revivir y propulsar hacia nuevos espacios aquella conexión Bristol-Londres-Berlín que nos hizo hablar de dubtech hace ya algunas temporadas.

57. TCF – 415C47197F78E811FEEB7862288306EC4137FD4EC3DED8B (Liberation Technologies)

La propuesta musical de TCF nace del concepto, aunque su disfrute no dependa de él. Y es que antes que músico, Holdhus es artista. En su obra ha recurrido a todo tipo de medios y formatos para explorar nociones relacionadas con el juego, las subculturas y los sistemas sociales, mostrando un especial interés por las condiciones de exclusión, de rechazo a la norma y la creación de situaciones de caos en sistemas ordenados. Este es un trabajo en el que da rienda suelta a su interés por la programación y la criptografía, aproximándose a la creación sonoras a partir de estrategias algorítmicas. Holdhus no piensa en música, sino en código. Es la renderización de ese código la que da lugar al hecho sonoro. Puede parecer un proceso frío, excesivamente lógico o demasiado aleatorio dependiendo del caso, pero las "composiciones" de TCF se muestran increíblemente vivas, brillando en forma de paisajes virtuales que fluctúan de forma imprevisible y de los que parece emanar una intensa cualidad sinestésica. Entre el orden y el caos digital también hay lugar para la emoción intensa.

56. JJ – V (Sincerely Yours/Secretly Canadian)

La música del perezoso dúo JJ ha tardado en germinar, pero por fin, tras un álbum de debut maravilloso pero ya lejano, y unos pasos intermedios entre el acierto y el error, llega un tercer disco que se erige como un resumen de todo lo que son. Mezclando su habitual pop de aliento balearic con dosis de R&B, rimas hip hop y hasta guitarrazos indie rock, los suecos entregan un trabajo para consagrarse.

55. Fennesz – Bécs (Editions Mego)

En la música de Fennesz hay un antes y un después que se llama Endless Summer (2001). Antes de eso, el austriaco era un músico moderadamente conocido en la escena electrónica experimental, ni demasiado radical ni tampoco fácilmente accesible, estaba en ese término medio. Después de 13 años sin editar nada en Editions Mego, el hijo pródigo del sello vienés vuelve con un nuevo álbum que suena como la continuación oficiosa de Endless Summer: ambient experimental de alta densidad y capas de ruido por el que sobrevuelan melodías casi cubistas. No es un hito pero se acerca.

54. Roll The Dice - Until Silence (Leaf)

El dúo sueco Roll The Dice continúa explicando el desarrollo y declive de la civilización occidental con un tercer disco que habla sobre guerras y convulsiones sociales, de un infierno creciente ilustrado con electrónica espesa y una sección de cuerdas dramática. Ojalá el próximo sea sobre la era de la información y el caos digital. Pero lo más importante no es lo bien que hablan sobre su estado de forma creativo, sino la forma clarividente con la que Roll The Dice explican el mundo convulso en el que estamos atrapados.

53. Visionist – I'm Fine Part II (Lil City Trax)

El verano pasado el londinense Louis Carnell asomaba en la plantilla del sello Lit City Trax con I'm Fine, seis miniaturas de orfebrería electrónica que, desde una óptica decididamente aperturista, aglutinaban elementos del grime, el electro y el footwork con una naturalidad pasmosa. Y lo hacía logrando evocar, además, una idea de futuro intrigante, difícil de encontrar en otros ámbitos de la escena electrónica. Visionist vuelve ahora con la segunda parte de aquello, y el listón queda aún más alto. Consigue sonar altamente enigmático, evocador, irradiador de una melancolía no 100% humana. Posiblemente, su mejor referencia hasta la fecha.

52. Kassem Mosse - Workshop 19 (Workshop)

Workshop 19es un doble vinilo y, a efectos formales, el álbum de debut de Gunnar Wendel (su nombre real). Todo lo demás se corresponde, más o menos, con el guión previsto: un cuidado celoso por el ese sonido arrugado, de beats irregulares y textura pálida, que corresponde al minimal experimental. Las rupturas del protocolo estarían en B4 (corte de vuelo psicodélico, casi trance) y en las pequeñas piezas ambientales, que más que diluir la fórmula lo que hacen es darle más carácter y seriedad. Ya no inventa nada, pero Kassem Mosse no deja pasar una buena oportunidad para perfeccionar su lenguaje.

51. Pye Corner Audio - Black Mill Tapes (Volumes 3-4) (Type)

El misterioso Pye Corned Audio, el más variado y elástico de los productores de electrónica esotérica inglesa, cierra el ciclo iniciado en 2012 con los dos últimos volúmenes de la serie Black Mill Tapes, un festín de texturas analógicas, ritmos hipnóticos y excursiones cósmicas. Si las dos primeras partes eran quietas y fantasmales, la continuación es rítmica y saltarina, se advierte una excitación en su manera de hacer que le lleva disimuladamente al borde de un club experimental en el que se permitiera tachonar de bombos una exploración galáctica. Pero lo importante del bloque son las dos últimas entregas, que recomendamos consumir por separado y no como parte de un ciclo coherente.

50. Joey Anderson - After Forever (Dekmantel)

Esto es house, pero no suena al house que conocías: las atmósferas flotan entre una sensación de mareo, hay referencias al futuro y muy pocos guiños al pasado, y el conjunto es sólido como el cemento. Joey Anderson se saca de la manga un clásico de su género, el equivalente deep al techno que hace Actress. Lo que anticipaban los EPs de 2012 y 2013, que más que maxis parecían milagros, lo cumple con creces este álbum que resulta valiente por atreverse a existir -muchos productores que vinieron a salvar el house, como ocurrió antes con Joy Orbison, nunca quisieron plantearse un movimiento ambicioso en este sentido-, y por triunfar en la batalla de la ética y la estética.

49. Erik Urano & Zar1 – Cosmonautica (Gamberros Pro/Galleta)

Tres años después de entregar el soberbio Energía Libre, uno de los grandes hitos en la historia del hip hop en castellano, Erik Urano & Zar1 regresan con Cosmonautica. Los ingredientes son los de siempre, pero en versión más depurada si cabe. O sea, beats que se debaten entre la tradición sampleadora y la ciencia ficción, frecuencias y atmósferas de travesía espacial, sintes en órbita y rimas codificadas, encriptadas a base de metáforas complejas y referencias cruzadas, en las que nuestro hombre de Urano se muestra más cabreado, más descreído, siempre con la mente bullendo, en guerra. Erik Urano & Zar1 te lo traen más maduro, más denso, más tóxico. Una vez más, lecciones magistrales de rap espacial desde Valladolor.

48. Ekoplekz: "Unfidelity" (Planet Mu)

Están los discos como Ekoplekz, magmas de electrónica analógica a punto de entrar en ebullición, con textura muy antigua y resultados experimentales muy violentos, y también sus colaboraciones con Mordant Music, Bass Clef o Nochexxx. Pero este álbum pone orden al descontrol y lo hace dejando clara una cuestión: estábamos ante uno de los grandes músicos electrónicos del momento, sólo que los árboles no nos dejaban ver el bosque. En Unfidelity tenemos un Ekoplekz ordenado, bien aconsejado por Mike Paradinas para separar el grano de la paja, y un proyecto estético resuelto de manera brillante. Ekoplekz siempre ha tenido que ver con lo proto-industrial, con lo planeador y la library music, con la edad dorada del equipo analógico, y aquí saca todo el partido a esa estética retro y la actualiza con ciertos guiños amables, con un sonido más cuidado y con homenajes inteligentes.

47. Downliners Sekt - Silent Ascent (InFiné)

Silent Ascent es el tercer álbum de Downliners Sekt. Y su tercer pieza con InFiné, tras la trilogía (otra vez) de EPs en el renacido Disboot. Por azar o con premeditación velada, parece que el tres adquiere con este disco una especie de proporción áurea en el trayecto de DS. El nuevo trabajo suena trascendente, sorprendentemente upbeat y rematado con una exquisitez artesanal. Y con la maleabilidad suficiente como para ser disfrutado en un millón de contextos. Pura energía extrasensorial.

46. Douglas Dare - Whelm (Erased Tapes)

Douglas Dare te puede recordar a James Blake, a Rufus Wainwright o a Radiohead, y algo tiene de todos ellos: voz solemne, inflexión triste y sonido que busca la emoción que rodea al silencio. Pero él lo hace con un piano de textura expansiva. Y es que Dare no es un compositor al uso, ni tampoco un letrista convencional. Sus canciones se basan en hechos históricos y con esa mezcla de cultura y sensibilidad, de pop y música clásica, de vanguardia y corazón, ha dado forma a un disco que poco a poco va creciendo y ganando la estima del que lo oye. Su recompensa no es tan inmediata como la de James Blake -no ha venido a jubilarle, sino a acompañarle, destacándose como el mejor de sus discípulos-, pero cuando se detectan los matices se siente cómo el corazón se llena de felicidad y vida. Uno de los mejores debuts del año.

45. V/A – Weightless Volume One (Different Circles)

"Beatless Club Music" aunque la expresión pueda parecer un oxímoron, los seis ficciones sónicas que caben en esta primera referencia del sello Different Circles demuestran que no lo es. Logos y Mundance, las mentes que manejan los hilos de esta nueva plataforma, tenían como objetivo dar visibilidad a una nueva -en algunos casos no tan nueva- generación de productores que, desde los márgenes del nuevo grime instrumental, están mirando más allá del club. Música que reduce las sacudidas rítmicas hasta dejarlas sólo en su onda expansiva, o en su traza luminosa. Eso y atmósfera, ambientes como de realidad virtual con mucha carga melódica. Un sonido al que desde Different Circles se refieren como 'weighless', y que sabe a ciencia ficción y a futuro, a veta aún por explorar.

44. Young Fathers - Dead (Big Dada/Anticon)

Young Fathers no es un proyecto totalmente desconocido -antes de este primer álbum oficial publicaron dos mixtapes en Anticon-, pero a mucha gente le sonará a nuevo, y además a marciano. Porque un trío de rap con base en Edimburgo (¿hip hop escocés? No nos suena que haya), de ascendencia africana y con un sonido tan nebuloso, abstracto y venenoso no aparece todos los días. Por momento suenan a proyectos como cLOUDDEAD -atmosféricos y ensoñadores-, a ratos se apoyan en melodías pop y soul sobre fondo raro -como una versión borrosa y modernizada de Massive Attack-, y casi siempre recuerdan a un trip hop tóxico heredero del lenguaje de Tricky. En definitiva, un disco difícil, pero con mucha miga para desmenuzar. Desde el Black Up de Shabazz Palaces, el avant-rap no sufría una sacudida tan dura.

43. Jessie Ware - Tough Love (PMR/Island)

Unida al súper dúo de productores BenZel, Jessie Ware crece en su segundo disco. No tan soulful como en su debut y apostando por un abanico estilístico más variado (aquí se abre sin rubores al pop y al R&B), la londinense consigue sacarse de la chistera el disco que debería convertirla en una verdadera estrella a nivel global. A pesar de las letras tortuosas, Ware ha hilvanado un disco mucho más variado que su antecesor, más cercano en muchas ocasiones al pop y al R&B que a la vibración soul que tanta gloria le dio en el pasado.

42. Lykke Li - I Never Learn (LL/Atlantic)

Lykke Li ha vuelto a sufrir desengaños, no consigue que el amor entre en su vida, y acepta que el interior de su alma se ha teñido de negro. Así, su tercer álbum abandona el camino del pop de antes y se adentra en un tipo de canción melancólica y arty con altas capacidades para emocionar. Lo mejor que ha hecho nunca. Se desarma de cualquier tipo de coraza y desnuda su alma para mostrarnos un interior negro como el velo y el luto de la foto de portada, pero de un negro pálido, como si su tristeza pidiera perdón por molestar. El mensaje está condensado en nueve canciones, todas impecables, sin un solo minuto de relleno, hasta completar media hora excelente que querrás escuchar muy a menudo, cuando salga el sol y también cuando se ponga.

41. Rich Gang – Tha Tour, Part 1 (autoeditado)

La escena rap de Atlanta continúa dando nuevos y potentes nombres. En esta ocasión nos fijamos en los creadores de ese hipnótico himno trap llamado Lifestyle, Young Thug y Rich Homie Quan, quienes aquí se han aliado con Birdamn, otro rapero de flow macarra. Juntos han parido una mixtape bien jugosa bajo el nombre de guerra de Rich Gang. En Tha Tour recogen el cetro que Lil Wayne dejó caer hace años y se marcan 16 cortes repletos de bajos atronadores, armonías vocales imposibles, “purple slurp” y odas al “bling bling” desatado. Lo que vendría siendo el trap de toda la vida pero con un sonido cien por cien 2014 y unas voces con muchísima personalidad. Más real no se puede.

40. Ø - Konstellaatio (Sähkö)

Mika Vainio vuelve con otro disco más dentro de su frenética espiral editorial, pero no con un álbum cualquiera: esta es su composición más espacial y silenciosa, una descripción de la magnitud del universo con tremendos silencios, pulsos dub distantes y una variación ambiental del techno. Konstellaatio no es un disco de ruido sin domesticar, como Through a Pre-Memory (2013), que firmó junto a O'Malley como ÄÄNIPÄÄ, ni tampoco un capricho improvisatorio. Es, en la forma, una muestra de su techno alejado de todas las convenciones, un ejercicio de minimalismo en su expresión más depurada -de eso siempre ha tratado el proyecto Ø- y un regreso, en cierto modo, al dub, el latido primario de la música de Pan Sonic.

39. LV & Joshua Idehen - Islands (Keysound)

El regreso del trío LV junto al storyteller Joshua Idehen tras su Routes (2011) supone la enésima llegada desde la Pérfida Albión de un artefacto sonoro con la capacidad de enlatar el enorme y mutable acervo sonoro de la metrópolis. Una ciudad, Londres, que en este caso tiene conexión directa con el continente africano. Islands es un disco que huele (y sabe) a calles encapotadas por la niebla y a corral transformado en improvisada pista de baile, a sudor sobre piel tostada por el sol, a neón y asfalto, a callejón estrecho lleno de meados y a amplio salón en rancia mansión colonial. Todas esas evocaciones se van sucediendo a través de los ritmos sincopados y las voces cavernosas de canciones de percusión agitada.

38. Moiré – Shelter (Werk)

El enigmático Moiré, productor de tecno afincado en Londres, comparte con Actress más que su afiliación al sello Werkdiscs. Al igual que este último, Moiré trabaja en los márgenes a lo largo de los cuales la música de baile se transforma en otra cosa. En la frontera del ritmo, en ese difuso territorio en el que los patrones reconocibles y las melodías pegadizas empiezan a superponerse y descoyuntarse. El álbum debut del británico, es una odisea autista por una pista de baile en proceso de derribo. Y por su carácter solipsista (que también recuerda al trabajo de su compatriota patten) puede perder al oyente en más de una ocasión. Aún así, y a pesar de que todavía le falta desarrollar su lenguaje, aquí hay mucho talento que seguir.

37. Dalhous - Will To Be Tell (Blackest Ever Black)

Si algo nos ha fascinado siempre de Dalhous, dúo de Edimburgo formado por Marc Dall y Alex Ander, es su parecido sutil con otra pareja escocesa, Boards Of Canada. Liberados de la oscuridad y excentricidad de Young Hunting, su anterior alias, ahora practican una electrónica paisajística donde la hostilidad no tiene lugar. No es ni mucho menos una copia de los hermanos Sandison, sino una especie de relectura personal de su colosal legado. Will To Be Well difiere de An Ambassador For Laing, su álbum de debut, por ser más cálido y más centrado en los drones que en los beats (de hecho, éstos sólo aparecen en tres cortes). Es música sintética para dejarse llevar, absolutamente mágica y esotérica, planeadora y con algunos toques new age. Sin hacer mucho ruido, Dalhous se establecen como uno de los grupos más cruciales que han aparecido en los últimos años en los márgenes de la escena electrónica underground. No nos extrañaría que pronto dejasen Blackest Ever Black para fichar por un sello mucho más grande. Se lo merecen.

36. Population One ‎– Theater Of A Confused Mind (Rush Hour)

Con la noticia de que Terrence Dixon va a dejar pronto la música, se hace indispensable la escucha del segundo álbum de Population One, uno de sus alias más notables. Theater Of A Confused Mind llega veinte años después de su predecesor y lo hace en Rush Hour. Curiosamente el EP que siguió a aquel debut, Hippnotic Culture, inspiró el nombre del sello. Pero vayamos al caso. Aquí nos encontramos con un sólido ejercicio de techno y electro de formas minimalistas. En otras palabras, si te gusta lo que hace gente como Robert Hood y Jeff Mills, esto está diseñado específicamente para ti. El productor de Detroit ofrece aquí algunas de sus piezas más inspiradas sin apenas despeinarse. Testimonio del afro-futurismo, el disco ofrece un recorrido por la geografía psicológica de Detroit a lo largo de sus ocho piezas. No es que nos pongamos nostálgicos porque se nos va este señor, pero esto es crema pura.

35. Leyland Kirby - We Drink to Forget the Coming Storm (History Always Favours The Winners)

Leyland Kirby cumple 40 años y lo celebra regalando un álbum de 40 piezas de ambient frágil con piano que marcan un nuevo techo en su expresión deprimida. Una colección de tres horas de electrónica y piano para olvidar que se acerca el apocalipsis. Te hunde. Kirby parece escribir música bajo la amenaza de catástrofe. Sus títulos son constantes proclamas pesimistas sobre la decepción que ha supuesto el futuro, la añoranza de la idea de utopía o la esperanza de encontrar la felicidad y la paz de espíritu en un mundo (¿un plano espiritual?) diferente a éste. El abrumador Watching Dead Empires in Decay (Modern Love, 2013) era el mejor apéndice a Sadly, The Future is no Longer What it Was (History Always Favours The Winners, 2009), dos obras hermanas a la hora de desplegar una decepción infinita y un resignado carpe diem.

34. Roman Flügel – Happiness Is Happening (Dial)

Para alguien que en su tiempo disfrutó mucho de ese legendario Altes Testament que Roman Flügel firmó como Roman IV para Ladomat o con todo lo que hacían Alter Ego, su grupo con su compañero de tropelías Jörn Elling Wuttke, resulta la mar de interesante volverse a encontrar con semejante personaje casi una década después de haberle perdido la pista. Flügel regresa ahora con un álbum que es una absoluta delicia. Happiness Is Happening es extraño, no nos vayamos a engañar. De algún modo viene a sentar las bases que estableció en su álbum de debut bajo su propio nombre, Fatty Folders. Y lo hace con una serie de maquinaria que aporta al trabajo un sonido muy analógico. Hay cortes llenapistas con salpiconazos ácidos, melodías retrofuturistas, piezas repetitivas que se te meten en la cabeza y ya no hay manera de que salgan, algo de italo, ritmos motorik, mezclas de género imposibles y mucho más.

33. Ariel Pink – pom pom (4AD)

Ariel Pink, mejor acompañado que nunca, presenta un doble álbum de un colorido extraño, pintado con su particular humor, que oscila entre la broma trash y la evocación de un pop pluscuamperfecto, entre la sonrisa irónica y el ahogarse en el dolor burlón de uno mismo. Con Pink nunca sabes dónde termina el humor y empieza el lamento, dónde está el misógino y dónde el bromista. Aún así, nos brinda momentos de gran lucidez creativa. En ese sentido, pom pom en un disco cargado de luces y sombras, una descalabrada montaña rusa de sintetizadores, guitarras y melodías salidas del imaginario televisivo ante la que resulta imposible permanecer impasible.

32. Ben Frost - A U R O R A

Ben Frost culmina el tercer álbum de su trilogía islandesa con una sensación ambigua: habla de las ruinas del mundo, pero también de su renacimiento. La experiencia física, a partir de retales de noise, electroacústica y hardcore, es de un impacto considerable. Es un disco que duele. Sus dos últimos álbumes oficiales -no contamos obras para danza contemporánea como Sleeping Beauty, F A R o Black Marrow, ni tampoco su remake de la banda sonora de Sólaris con Daníel Bjarnasson- provocaban cambios en el cuerpo, abrían los poros, transformaban la temperatura, trabajaban tan bien los mecanismos del terror que incluso se salía de ellos con un notable desgaste físico. La experiencia de escuchar A U R O R A de la manera correcta, también.

 

31. Lee Gamble – KOCH (PAN

Consolidado como uno de los experimentadores electrónicos del momento, Lee Gamble regresa al sello PAN con un ambicioso álbum que intenta cartografiar zonas borrosas de la memoria techno, como un viaje alucinado a Londres, Berlín y Detroit perfilados como laberinto mental. Cada pista se sostiene en un suelo húmedo e inestable -no es un campo de minas, tampoco son arenas movedizas, pero nunca se tiene la sensación de pisar sobre seguro-, y es en esa textura gomosa donde KOCH consigue su objetivo final: sonar nuevo sin serlo, sonar antiguo sin parecerlo, alternar sabiamente los instantes de especulación ambiental, que pueden ser tanto frustrantes como expansivos (Flatland, Ornith-Mimik, Oneiric Contur), con los puramente techno (Gillsman, 6EQUJ5-7, Jove Layup, Caudata), y salir del laberinto sabiendo que, tanto si ha sido hacia delante o hacia atrás -al final nos damos cuenta de que ni una cosa ni la otra; KOCHes puro presente-, el viaje ha merecido la pena.

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