Actualidad

9 discos jugosos que no puedes pasar por alto

Aventura y placer para oídos exigentes

Ilustración de Rami Niemi

Otra semana, otra ración de discos buenos. Aquí está la columna-resumen con la que tratamos de tomarle el pulso a la actualidad discográfica cada siete días, destacando títulos recientes que, a nuestro juicio, merecen unos minutos de tu tiempo. Títulos que hay que sumar a los que vienen apareciendo cada pocos días en nuestra sección de Discos.

En la selección de hoy encontrarás rap codeínico, pop minimalista y sensible que se detabe entre la calidez y los ánimos grises, impresionismos neoclásicos, dream-pop esotérico y ritmos mecánicos para hacerte bailar con los ojos cerrados y la mandíbula apretada. Como siempre, un menú variado para que escarbes, remuevas y picotees de lo que más te guste.

Rome Fortune X OG Maco – Yep EP (autoeditado)

Nota: 8.1

¿Es Atlanta ahora mismo la mención ineludible si hablamos de nuevos aires en materia hip hop? Al menos, eso es lo que se empeñan en demostrar personajes como Rome Fortune y OG Maco, juntos aquí por la causa. En Hot New Hip Hop les han puesto la etiqueta de “Atlanta new wave of experimentalists”; paraguas que cobija su querencia a tomar riesgos, a seguir profundizando en unas maneras de hacer hip hop que han pasado de lo local a lo global en pocos años, pero que deja de lado su declarada intención de ascensión al mega estrellato (tal cual). Fortune y Maco contratan para ello a un manojo de productores (Childish Major, Suicide Year, TM88…) que a cambio les entregan unas bases sonoras siempre cerca del weird rap sobre las que ellos juguetean y superponen con acierto sus voces complementarias en este EP largo (son 9 temas) que da para mucho (más allá del número de canciones). Por dar, da hasta para ponerse noños (Suit Case), cosa rara en estos tiempos, y pasar un buen rato a orillas de una piscina en la veraniega Jungle. Por supuesto, se paga tributo al southern más pasado de rosca, dejándole a Moving On la misión de chaparles en oro y diamantes . ZC

Låpsley – Understudy (XL Recordings)

Nota: 8.0

Aunque 2014 fue el año del descubrimiento de la jovencísima Låpsley no ha sido hasta este 2015 que la chica ha dado un salto de calidad. Pero es que claro, con su fichaje para XL Recordings las cosas se han vuelto más fáciles para ella. Casualidad no ha sido, talento tiene de sobra la de Southport, como demostró en sus primeros sencillos. Ahora entrega su EP de debut, que exhibe una madurez y un sonido propio que es difícil de conseguir a los 18 años. Hay influencias, claro, de gente como James Blake, The xx o Daughter, pero la suya es una música subyugante, que tiene algo único. Su producción electrónica es minimalista, muy medida, y se suma a una voz delicada y personal que embriaga. A esto hay que sumar, además, una pluma emotiva y sensible. Sus canciones tienen un halo nocturno y ligeramente sensual que invita a una escucha en soledad. Se mueven entre lo ligeramente sombrío y lo cálido. El piano y esa voz masculina manipulada a lo Sampha ponen el resto en un trabajo que se hace corto y que invita a soñar ya con su álbum de debut. AGM

RONiiA – RONiiA (Totally Gross National Product)

Nota: 7.7

RONiiA es un ecléctico conglomerado de artistas compuesto por Nona Marie Invie (Dark Dark Dark, FUGITIVE), Mark McGee (Father You See Queen, Marijuana Deathsquads) y Fletcher Barnhill (Joint Custody, FUGITIVE). Lo que viene a dar buena cuenta de lo variado de su sonido. Sus influencias se mueven entre el folk oscuro, el dream-pop de atmósferas densas y el pop sintético pegadizo. Lo que viene a significar que, si te gustan Mazzy Star o Chelsea Wolfe, esto te encantará. El nombre de la banda está sacado de un cuento protagonizado por Ronia, un ser salvaje que vive libre en la naturaleza. Esa es la idea que recorre este álbum de debut de título homónimo. La estrella aquí, sin duda, es la voz de Invie, oscura y taciturna, perfecta para la música que acompaña. De tono bajo y parsimonioso, avanza igual que las canciones, construidas de forma minimalista y con desarrollos repetitivos. Apenas mutan del punto A al punto B, pero eso no significa que el trayecto se haga cansino; más bien consigue un efecto hipnótico a pesar de la extensa duración de algunos de sus cortes. Los lúgubres sintes y la percusión escasa redondean un disco en el que apetece sumergirte en estos días grises y lluviosos. AGM

Mike Will Made It – Ransom (autoeditado)

Nota: 7.9

El productor Mike WILL Made It, un tipo que suele vestir de la cabeza a los pies uniformado como los Chicago Bulls de los 90, ha cerrado el año 2014 con una mixtape cargada de producciones nuevas en las que se junta con sus homies de Atlanta y apaña la presencia de un ramillete de estrellas que incluye a Nicki Minaj, Lil Wayne, Kendrick Lamar y Gucci Mane. Trata con ello de sacarse la espinita de ese megahit veraniego que no lo llegó a ser (no tanto): un Buy the World -junto a los mencionados Wayne y Lamar- incluido en este Ransom. El arsenal de instrumentales incluye algunas de sus mejores faenas hasta la fecha en forma de rap codeínico (Someone to Love, Game for a Lame, Screen Door), R&B moja bragas de ese con voces melosas que no logran ocultar sus verdaderas intenciones (Drinks on Us), brillos del mejor bling (Stop-Start), bases que lindan con la heterodoxia alternativa y mucho olor a pollo frito (beats enfermos, rítmica trap) que desembocan en ese péplum urbano que es That Got Damn. Súmale la convocatoria de unos cuantos rappers en estado de gracia (Juicy J, Swae Lee, Slim Jxmmi…) y este Random te lo gozas fácil. ZC

Viet Cong – Viet Cong (Jagjaguwar)

Nota: 7.8

Una formación que lleva una referencia al Frente Nacional de Liberación de Vietnam por nombre, y que, por si fuera poco, nace de la trágica disolución de Women -formación que pudimos ver en el Primavera Sound de 2009 compartiendo escenario, irónicamente, con Girls y Mujeres-, viene con la guerra asegurada. A pesar de ser su álbum debut, tras el EP Cassette (Mexican Summer; 2014), Viet Cong suenan consistentes, energéticos y maduros. Es un trabajo de post-punk cavernoso y experimental que juega con la arriesgada combinación de agresividad y oscuridad ocasionalmente iluminada por puntos de luz celestial. Como una franja de cielo azul que se cuela entre las trincheras. Parafraseando su carta de presentación, su instinto de humanizar las canciones heladas es su mayor regalo y también su arma más aguda. Desde el primer disparo, con la batería militarizada de Newspaper Spoons, al canto de esperanza que supone March of Progress, y culminando en Death, un larguísimo final digno de Michael Gira. ¡Bien jugada, Victor Charlie! AC

Sean McCann - Ten Impressions for Piano & Strings (Root Strata)

Nota: 7.5

Compositor y artista experimental con base en Los Ángeles, Sean McCann vuelve con un antídoto anti-gravitatorio de diez piezas gestadas entre 2010 y 2011, y que han tardado cuatro años en salir a la luz. Tal vez por la calidad etérea y translúcida de las capas instrumentales que las pueblan, era muy difícil plasmarlas en formato físico. Los leves arreglos de teclados electrónicos, piano acústico y sección de cuerdas parece que vayan a evaporarse y desaparecer a cada paso que dan. Como una corriente de nubes que surcan el cielo con un desplazamiento suave pero rápido hasta filtrarse por el abismo del horizonte ante los ojos –o oídos- que atónitos las perciben. La tranquilidad, cero amenazante, es el principal elemento de un disco que culmina el trasvase de McCann desde el ambient de fibras sintéticas al paisajismo de inspiración neoclásica. Una calma que solo se ve rota por una leve tormenta de crujidos al final de Vacant Passage. Como llegar al nirvana, estas piezas se disuelven en el oído, casi imperceptibles, pero delicadamente conmovedoras. AC

Prostitutes - Ecstasy, Crashing Beats and Fantasy (Diagonal)

Nota: 7.6

¿Os acordáis de aquella obra maestra que facturaron Carter Tutti Void hace ahora casi tres años? Hablamos de Transverse, un ejercicio de industrial seco y repetitivo de cuatro cortes. Pues bien, Prostitutes, es decir, James Donadio, parece que haya entregado su secuela. Por lo menos si escuchamos Crawl In From Broadway, el tema que abre su nuevo EP, Ecstasy, Crashing Beats And Fantasy, editado por Diagonal, el sello del malrollero Powell. Y ese título dice mucho porque efectivamente estamos ante una música que invita a tomarse un pastillazo y dejarse llevar por esos ritmos mecánicos y ese beat imponente. Existe una tensión latente en estas cuatro piezas, aunque a veces tengan algo de funk. Construidas con hardware analógico (además de los prominentes sintetizadores también aparece percusión seca y guitarras atonales), esto está específicamente destinado a salas de baile oscuras, sudorosas y sofocantes. Porque esas cajas de ritmo te aprietan la caja torácica hasta dejarte casi sin respiración. A lo largo del trabajo también hay pinceladas de acid y electro, lo que aporta algo de variedad a un extended que sólo tiene un propósito: hacerte bailar con el puño cerrado y la mandíbula apretada. AGM

Sierra – Tiene mucha fuerza (Tormina/Gramaciones Grabofónicas)

Nota: 7.4

Hugo Sierra es un magistral alquimista sonoro. Tiene formulas efectivas para el post-punk tropical de Margarita, la cariñosa psicodelia pop de Prisma en Llamas y ahora para el pop con ribete synth ochentero de Sierra, un proyecto que debuta con un EP editado con mimo por la discográfica de Lidia Damunt, Tormina Records y por Gramaciones Grabofónicas. Esta vez el madrileño opta por una fórmula más sencilla, jubilosa y directa de lo que en él es costumbre. Sierra ha mezclando sin pudor en sus probetas y matraces el art-pop con ángulos a lo Colin Newman (Tiene mucha fuerza) las guitarras del surf (Golpes), ecos de oscuridad after-punk (Sintéticas), o la lucidez lírica del mejor pop de la Movida (La Chica del Cohete , con un aire a Pegamoides). En este nuevo juego creativo la cosa no va de innovar, sino de reformular y racionalizar lo conocido y Sierra sabe hacerlo bien. Solo nos queda decirle, parafraseando la canción que da título al disco, aquello de “los trucos que me has hecho, ya no tienen magia pero hazlos otra vez, por favor”. AC

 

OAKE - Auferstehung (Downwards)

Nota: 8.1

Es invierno, hace horas que ha oscurecido, te sientes incómodo en tu propia piel, desolado por algo que acaba de suceder en tu entorno más próximo, y decides salir a exorcizar esos demonios a base de beber y bailar ritmos mecánicos, tú solo. Pones rumbo a un club oscuro y recio y te pasas allí varias horas, inmerso en tu circunstancia agorera, empapando tu cerebro en alcohol blanco mientras las sacudidas rítmicas del techno y el dubstep de pulso más comatoso van nublando tus sentidos. En un momento dado decides que es hora de volver a casa, pero de camino algo llama tu atención. Es una puerta enrejada, la entrada a un pequeño campo santo. Algo te empuja a entrar, caminas abotargado hasta llegar al borde de un mausoleo, traspasas su verja baja y te sientas sobre la superficie de piedra. La mezcla de alcohol y sueño te deja paralizado, sumido en una especie de coma psíquico que desemboca en una densa duermevela. En ese estado entre la vigilia y el sueño empiezan a aflorar las imágenes: en medio de la oscuridad crees ver fuegos fatuos danzando animados entre la niebla, siluetas negras que escapan de tu mirada, gente sin rostro entregada a ritos paganos, oyes voces que crees reconocer, pero que hablan una lengua extraña, desconocida para ti. Todo eso, mientras los ritmos de las horas previas siguen golpeando en tu cerebro. Esa escena imaginada, ese cúmulo de imágenes y sensaciones que podrían surgir derivadas de un estado anímico devastado, de la experiencia difuminada de tus horas en el club y de la energía que emana de un lugar como el descrito, bien podrían ser un resumen de este álbum de debut de OAKE. Auferstehung (‘resurrección’ en alemán) es una bestia sombría que avanza entre ritmos tensos -como pequeñas detonaciones de onda expansiva casi seísmica, o ráfagas de metralla-, bajos profundos, voces murmuradas y atmósferas de mal agüero. Una narración de once capítulos que conectan el techno industrial de Downwards con el aliento gótico de los 80, la vibración esotérica de Coil, la volatilidad shoegazer, el imaginario renegrido de Blackest Ever Black y la sensibilidad drone-ruidosa de ascendiente bass de los alumnos del sello Subtext. Algo así como juntar a Raime, Roly Porter, The Haxan Cloak, Kerridge y a los Dead Can Dance más etéreos a poner banda sonora a un Cabo de Año en lo más profundo de un bosque denso y frío. Estado mental invierno, la pena instalada en los párpados, y la música brotando en pasos negros, solemne y enigmática, como un lamento intenso, capaz de congelar el tiempo. LMR

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