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Los mejores discos del 2014, parte 2 (hoy, del 30 al 1)

Un repaso a los mejores lujos musicales de la temporada

Ilustración de Martina Paukova

En PlayGround no podríamos vivir sin música, y como cada año hemos seleccionado aquellos discos que más nos han hecho vibrar y más relevantes nos parecen de entre todos los publicados en los últimos 12 meses. Ayer os ofrecíamos un primer tramo de esa lista aquí. Hoy llegamos al final del trayecto cubriendo las posiciones que van del 30 al 1. Tres decenas de discos que no deberías pasar por alto si te interesa conocer cómo suena el presente. Sin más, comienza la cuenta atrás.

30. Lawrence English - Wilderness of Mirrors (Room40)

El compositor australiano vuelve a maravillar con un enésimo tratado de ambient drone que suena tan familiar como magnético. Influenciado por los directos de bandas como Swans, Earth o My Bloody Valentine, en la manera en que estas bandas juegan con la dinámica y el volumen afectando así a las cualidades físicas del sonido y consiguiendo nuevos niveles de expresividad, English ordena capas y capas de drones armónicos que se convierten en una masa confusa, recorrida de timbres metálicos, nebulosas que de vez en cuando aparecen iluminadas por la luz. Su música recuerda a una cala sumida en la niebla, humedecida por las olas que llevan la voz de las ballenas hasta la orilla. Dice el autor que al componer muchas de las canciones eliminaba la capa base dejando así un reflejo, porque solo a través del espejo podemos ver la auténtica aura de cada sonido u objeto. Las armonías que se reflejan pueden ser más interesantes que el sonido original en sí. Bajo esta premisa, English ha firmado un trabajo inquietante y conmovedor.

29. Sun Kil Moon - Benji (Caldo Verde)

Mark Kozelek se saca de la manga su mejor álbum hasta la fecha, un trabajo honesto que parecen las páginas de su diario imaginario, plagado de referencias personales, pop y de la vida en general, pero con la muerte como hilo conductor. Nunca un disco acústico había tenido tanta sustancia. Es el más sincero, el menos irónico, el más punzante, el menos insustancial. Cuesta creer que un trabajo que es acústico en un 80% consiga unos resultados como éste. Es por eso que el mérito es mayor. Cuesta creer que alguien consiga superar estas cuotas de grandeza, incluso el propio Kozelek, que a sus casi 50 años ha firmado una rotunda obra maestra, que ya veremos si es capaz de mejorar con el tiempo.

28. OG Maco – OG Maco EP (autoeditado)

Fenómeno de la plataforma Vine y héroe de Atlanta tras aquel U Guessed It elevado a hit tardío del pasado verano, el joven rapero OG Maco entrega ahora EP (así lo llama él, no siéndolo en absoluto) como tarjeta de presentación. Una propuesta salvaje, minimalista (simple but dope) sumergida en suficiente cantidad de graves como para reventar el sonido de tu Honda Civic. Rimas arrastradas, beats lentos que caen a plomo y melodías desvencijadas. Teclados de ajado organillo de feria, y teclados que hacen de instrumentos de cuerda para crear fondos sonoros entre lo siniestro y lo circense.

27. The Bug - Angels & Devils (Ninja Tune)

Kevin Martin sintetiza los lenguajes de sus proyectos The Bug (el más cercano al dancehall) y King Midas Sound (el de las estampas urbanas lentas e hipnóticas) para lograr la mezcla perfecta entre rabia y espiritualidad en Angels & Devils, su disco más profundo hasta la fecha. Tras numerosas escuchas, y prestando atención a detalles casi inaudibles, el álbum consigue despegarse parcialmente de la herencia reciente, la de London Zoo y el material de King Midas Sound, para presentarse como un avance: una reunión lógica de la energía del primero y la contemplación del segundo, una mezcla sutil de ambos lenguajes a la que se le añade, como si fueran gotas de un elixir mágico.

26. Ian William Craig - A Turn Of Breath (Recital)

Pocos se merecen tanto los laureles como este artista canadiense de formación operística, apegado a la improvisación y experimentación tanto analógica como digital, que ahora presenta el sexto álbum -y obra cumbre- de su carrera. La aportación más reconocible son las variaciones vocales, entre el canto gregoriano y una invocación indígena a los dioses del aire. Voces cuyos ecos han viajado a través del tiempo, que suenan solemnes a la vez alienígenas. Son doce espacios sonoros construidos entre interferencias, registradas mediante el uso del sistema reel-to-reel de grabación en casete. Craig consigue que el ruido blanco pase de percibirse como un error a crear fabulosas masas armónicas como parte esencial de lo que parece una misa sonora.

25. ILoveMakokken – IloveMakonnen (autoeditado)

Uno mira la fea portada que decora este IloveMakonnen EP, y lo primero que piensa es en algún producto emo-rock de dudosa calidad. La sorpresa viene cuando pulsa play y se topa de bruces con la extraña voz de Makonnen Sheran, el rapero que nunca quiso serlo. Este joven de Atlanta ha llevado al extremo las enseñanzas de su mentor Drake y el sustrato del sonido sureño para crear una mezcla muy personal de trap sintetizado y suave, melodías r'n'b, arranques de rima suelta y letras a corazón abierto. Y de esta manera ha conseguido estirar todavía más nuestras ideas sobre lo que es un rapper en 2014.

24. SD Laika - That's Harakiri (Tri Angle)

Cuando parecía que en el grime ya no podían suceder más cosas, ni tampoco en la música de baile ruidista, llega SD Laika para convertirse en el equivalente a Vatican Shadow en la escena rave británica: un bárbaro cargado de ruido y rabia que no rinde cuentas a nadie. Su música es dolor. That's Harakiri lo deja muy claro en el título: quien intente acercarse a este disco tiene que estar dispuesto a dejar que el frío acero entre por sus tripas. No es un plato cocinado al gusto de la mayoría: esto es tan indigesto como en su día lo fue Dizzee Rascal, cuando aún estaba lejos de ser una estrella del pop y era, simplemente, el representante de una nueva forma de punk.

23. Viento Smith - Viento Smith (Subterfuge)

Viento Smith es el proyecto que une a Ricardo Lezón (McEnroe) con David Cordero (Ursula), y ojalá no sea una aventura puntual: aquí se reúnen melancolía y dolor en un formato cercano al folk atmosférico y el resultado duele profundamente. Vienen a poner una pica en un territorio poco explorado del pop español: aquel que está entre el dream-folk (o como si McEnroe profundizaran en los adornos electrónicos) y el slowcore al estilo de Hood, que forma parte del ADN de Cordero. Y lo hace con todas las virtudes y sin ningún defecto: son canciones honestas que enternecen, que obligan a escucharlas cerca de la estufa, que acunan, acompañan, envuelven y ayudan en los momentos duros.

22. Mica Levi - Under The Skin OST (Milan)

No cabía duda de que la joven compositora Mica Levi, que ha escrito transgresoras partituras para la Orquesta Filarmónica de Londres, cumpliría bien con el encargo de poner una intrigante y por momentos terrorífica banda sonora a la última película de Jonathan Glazer, Under The Skin, con Scarlette Johansson como centro de todas las miradas. La música que aquí se estila, al igual que la protagonista de esta película, es un ente extraterrestre que depreda sin justificación aparente. El leitmotiv elegido son solo tres notas que se repiten como una inquietante duda no resuelta. Acompañadas por una sección de cuerdas que vuelven palpable la tensión, esas notas ondean y chirrían, acercándote a al clímax del horror al ritmo de una percusión sedada. Mica juega con sonidos que identificamos para luego tergiversarlos, provocándonos ese tipo de confusión que suele preceder al miedo previa. Quiere llegar al anti-clímax, y realmente lo consigue.

21. Future Islands - Singles (4AD)

Con la ayuda del mago Chris Coady a la producción, el trío de Baltimore Future Islands, ahora en 4AD, lanza su disco definitivo en el que facturan un pop pluscuamperfecto, limpio, clásico y pegadizo. ¡Una maravilla! Los cambios respecto a sus trabajos predecesores son pocos. Seguimos estando ante un grupo que factura pop brillante con la mirada puesta en la década de los 80. Suena limpio y clásico a la vez, con sintes saltarines, bajos que parecen cogidos prestados del cancionero de New Order, melodías tremendamente pegadizas y, por encima de todo, la peculiar voz de Sam Herring, que adopta mil y un registros a lo largo de todo el álbum.

20. Clark – Clark (Warp)

Chris Clark da un giro hacia el techno en su séptimo disco y crea un paisaje futurista, como de banda sonora apocalíptica, que amplía su lenguaje y le da una voz personal (¡por fin!) en el apretado mapa de la IDM. Se escucha como una pieza unificada que empieza en el punto A y se dirige al punto B sin dar rodeos ni pasos en falso. Es un ejercicio de narrativo, de explicar una historia y acabar con los cinco minutos balsámicos, paradisíacos, de Everlane, en los que es tan fácil reconocer al Brian Eno de Apollo: Atmospheres & Soundtracks y a los Global Communication de 76:14.

19. Objekt – Flatland (PAN)

Desde los tiempos de su Objekt #2, al alemán TJ Hertz se le venía identificando con el área de influencia del techno en su versión más abrupta y agreste. Y cierto es que su música tiene pegada, pero en su mundo la contundencia no es tanto un fin como el producto de su ambiciosa manera de aproximarse al sonido. Lo que diferencia a Objekt del resto no es la violencia, ni la sequedad con aristas, ni la pulsión oscurantista de la que ha podido hacer gala en el pasado, sino su tremenda capacidad para esculpir sus piezas de acuerdo a un diseño sonoro sofisticadísimo. Es su forma de pulir texturas, de crear relieves y espacios la que deja huella. En ese sentido, en Flatland no cuesta encontrar momentos que aluden a estéticas comunes, a las convenciones de ciertos géneros o a los modos de hacer de otros artistas, pero el conjunto se revela como una sucesión de eventos imprevisibles, como un mundo no del todo conocido.

18. patten - Estoile Naiant (Warp)

En su paso a Warp, patten demuestra que juega en la primera división de la música electrónica actual. Su segundo álbum es una explosión psicodélica de fondo amorfo y ritmos familiares, pero todo fuera de su eje natural. Logra mantener el nivel de enigma del primero y ampliar su poder como uno de los productores de dormitorio con un discurso más fascinante e impenetrable. Nada en él suena liviano ni caprichoso: es un músico que pone a prueba la imaginación, la sensibilidad ante lo extraño y la capacidad de sorprender con giros inesperados, aunque ya no precisamente alienígenas, y ganar siempre que se lo propone. Es uno de los mejores discos electrónicos del momento este Estoile Naiant, pero sobre todo una demostración de ingenio: a su lado, casi toda la escena IDM suena perezosa, incapaz de reinventarse.

17. D'Angelo & The Vanguard – Black Messiah (RCA)

El hijo pródigo del neo-soul regresa a escena después de 14 años sin publicar nada. Black Messiah no se refiere a un hombre concreto. Es la sensación de que, colectivamente, todos somos ese líder. Y a pesar del fuerte tono de crítica social inscrito en el álbum, D'Angelo se muestra optimista de cara al futuro. Es un especialista en rememorar los clásicos desde su propia visión y personalidad, suena a antiguo pero a través de una óptica de fresca genialidad dentro de la estela de la música negra. Parecía que Voodoo (Virgin, 2000) había sido un golpe de suerte, pero más de una década después demuestra que está aquí por mérito propio y con ganas de quedarse. D’Angelo ha cerrado, por fin, su tríptico. Y Black Messiah tiene atributos suficientes para convertirse en clásico. Resulta complicado imaginar un regreso más satisfactorio.

16. Actress - Ghettoville (Werk)

Actress amenaza con dejar la música, o al menos dejar el camino que ha seguido hasta ahora, y de cumplirla cerrará la tetralogía de álbumes que se completa con Ghettoville en un momento culminante. Aquí, las leyes físicas del techno, el dub experimental y la IDM entran en un agujero negro de difícil salida. Hay una huida hacia delante que sólo podía producirse por la desintegración de buena parte de su lenguaje. No se comprende exactamente a qué idioma musical se adecua Actress -una rastros de techno y deep house, pero como si hubieran desaparecido tiempo ha y sólo hubieran dejado una ruina-, porque su lenguaje para Ghettoville es el de la destrucción y el olvido. En ese sentido, el álbum puede interpretarse como el cierre de un ciclo de seis años en los que la idea de techno abstracto ha cambiado decisivamente gracias al concurso de Actress y su aproximación quebrada al ritmo y a la textura.

15. Run the Jewels – RTJ2

El segundo disco de este dúo formado por El-P y Killer Mike le pone banda sonora a la podredumbre de los tiempos que nos han tocado vivir y a las arcadas que esa realidad produce en buena parte de nosotros. Es un trabajo que, musical y líricamente, apenas da descanso. Los tracks se suceden sin resuello bajo el peso del viscoso y enmarañado manto sonoro tejido por El-P, las rimas de la pareja y las acertadas colaboraciones a cargo de gente como Zack de la Rocha o Travis Barker. No obstante, Run the Jewels 2 aprieta pero no ahoga, por lo que su escucha se hace adictiva desde el momento en el que se hace hueco en tu reproductor.

14. Aphex Twin – Syro (Warp)

Un nuevo álbum de una figura tan reverenciada como Aphex Twin siempre será un arma de doble filo. Por un lado, tiene la partida ganada de antemano. Quien tuvo retuvo, y quien tuvo seguidores fanáticos, los tendrá siempre. Por otro, a personajes como él siempre se les va a exigir más, da igual lo bueno que sea su trabajo. Por eso Syro es un disco difícil de comentar. Porque no hay en él grandes cambios ni rupturas como sí los hubo en Richard D. James Album o Drukqs. Porque no hay ningún Come to daddy o Windowlicker. Porque lo que nos ofrece el genio irlandés en 2014 es tan simple como 12 tracks que podría haber compuesto en cualquier momento de los noventa. Y eso puede ser a la vez bueno y malo. Nosotros sin dudar nos quedamos con la primera opción.

13. Hans Zimmer - Interstellar: Original Motion Picture Soundtrack (WaterTower)

Zimmer despliega aquí toda su artillería sonora, evoca la música de las esferas con gran despliegue instrumentístico que cuaja en una banda sonora de sublime sencillez y alto poder memorativo. Demostrando que los ecos que plagan el universo son bellos, sutiles, y desbancando el mito de que para comprender una película nos hacen falta los diálogos. Basta abrir la mente y dejarse transportar por las imágenes que nos entran por los ojos, y por los oídos.

12. Shabazz Palaces – Lese Majesty (Sub Pop)

Vuelven los chamanes del soul, los caminantes del lado más brumoso y nocturno del hip-hop a este lado del telón de lo real. Vuelven Ishmael Butler y Tendai Marare con un nuevo disco bajo el brazo que sabe a gloria y a caminos inexplorados. Porque en lugar de seguir por la senda del boom-bap retrofuturista que tan buenos resultados les dio en su debut, la pareja se ha lanzado de cabeza al abismo en siete suites que miran al espacio. Sigue habiendo hip-hop fumeta y denso aquí, así como una tremenda riqueza musical. Pero también encontramos psicodelia, cantos ceremoniales, atmósferas, magia, oscuridad y una misión: estrellarse con toda la rabia contra la nave del rap mainstream, esa que ellos consideran que hace tiempo zarpó a la deriva.

11. Swans - To Be Kind (Young God)

Michael Gira podría ser un personaje sacado de las novelas de Carlos Castaneda, un chamán nauhal que te lleva a un viaje iniciático al más puro estilo Dead Man de Jim Jarmusch. Sus composiciones se empapan de la esencia de la psicodelia cruda y el rock industrial que radica en la experimentación sonora de alto voltaje. Ni art-rock ni no wave, en To Be Kind, su álbum de estudio número trece, demuestra que las etiquetas en materia de Swans quedan obsoletas. Igual que las novelas de Brautigan, las composiciones de Gira merecen perfectamente un género aparte. Tras The Seer parecía como si Michael Gira ya no pudiera ir más lejos en su interpretación de un rock chamánico, convulso, visceral, altamente hiriente y contemporáneo. Nos equivocábamos: To Be Kind parte de la misma idea y de un fondo más crudo. Lo ha vuelto a hacer.

10. Untold - Black Light Spiral (Hemlock)

Parece que ha tenido que debutar en largo para que Untold sea reverenciado en masa por todos los medios de electrónica. Antes, también es cierto, las reverencias no eran en masa, sino dosificadas en el tiempo. El goteo de referencias de Jack Dunning siempre ha calado bastante bien, incluso cuando venía con virajes estilísticos; y esta veneración salpicaba a su vez al material que Hemlock, su sello, iba editando. La cultura soundsystem, el fervor del dubstep primigenio sonando en Plastic People y la trayectoria de Mika Vainio interseccionan en el primer y tardío disco de Untold. Black Light Spiral es distopía y catarsis, culto a la física del ruido y, trasladado al directo, puede ser una de la sensaciones de esta temporada (y la siguiente).

9. Dean Blunt – Black Metal (Rough Trade)

Dean Blunt vuelve empoderado a nivel súper-guerrero en el nuevo álbum de estudio de su proyecto personal, lejos de Inga Copeland y su pasado en Hype Williams. El londinense nos sirve un collage sonoro donde se apropia a su antojo de la electrónica, el jazz, el folk y el hip hop, convertidos en una mezcla sin escrúpulos, deliciosamente particular y audaz. El encanto sonoro de este trabajo es inversamente proporcional a la cantidad de frustración que se ha volcado en él. Así lo demuestra su título: Black Metal no es una irónica clasificación genérica, sino un símbolo racial, donde se cuestiona severamente las máscaras sociales de las personas en general y la identidad de la población negra en particular.

8. Grouper – Ruins (Kranky)

Grouper siempre ha tenido la facilidad de acariciarte desde la distancia. En éste su décimo álbum de estudio, tiene su mano más desnuda que nunca. En primer plano, su voz. Luego le siguen unas suaves atmosferas construidas con la única ayuda de un piano, una grabadora portátil de cuatro pistas, y ese croar despistado de unas ranas que se cuelan en el transcurso de Lighthouse. Liz Harris, la artista oriunda de Portland, te lleva de paseo por las ruinas de Aljezur, puedes ver los paisajes y escuchar en primera persona su cuento de amor irresoluto. Ruins es una carta de amor sonora compuesta de ocho cortes grabados 'in situ'- exceptuando Made Of Air, que fue registrada en casa de sus padres en 2004- y dedicados a una persona que existe, cuya relación no funcionó, pero no hay rencor. Liz se centra en esa emoción contenida, redimiéndose. Donde cabría dramatismo, hay serenidad.

7. Scott Walker + Sunn O))) – Soused (4AD)

Cuando Scott Walker denegó la oferta de Sunn O))) para participar en su sexto álbum, Monoliths & Dimensions (Southern Lord, 2009), el grupo de Seattle poco o nada debía esperar que Walker les fuera a devolver la invitación con todo un disco escrito especialmente para ellos. Soused es la deseada colaboración entre O'Malley, Anderson y Nieuwenhuizen, de la banda de metal experimental, y el esquivo crooner pop transformado con el tiempo en compositor de vanguardia atraído por lo oscuro. Un disco monumental, erótico y violento donde el trío levanta un muro de distorsión por encima del cual Scott se desenvuelve con gran potencial dramático. Son piezas que tanto se abren campo a través como te encierran en un angosto espacio psíquico realmente claustrofóbico. Imprescindible por su alto voltaje y porque, cinco años después de su primera aproximación, por fin culmina esta esperada relación entre dos grandes nombres del panorama de vanguardia.

6. PC Music – DISown Radio Mix

En un hipotético ranking de sellos destados del 2014, la marca PC Music quedaría muy arriba. La criatura editorial de A.G. Cook se ha pasado el año publicando en internet fantasías digitales que se mueven entre la electrónica retorcidamente naif y el cute-pop hiperactivo y bailable para eternos 'peterpanes' adictos a esa nueva realidad definida por el infinito vergel de información y estímulos que es Internet. Lo suyo se mueve siempre entre el timo arty y la renovación inteligente del dance-pop. Es post-pop irónico para nativos digitales en busca de nuevos códigos. Algo así como cruzar a Rustie con las primeras Spice Girls, la banda sonora de tu videojuego favorito y un recopilatorio de éxitos de euro-trance. A veces pueden pasarse de infantiloides, de sacarinos, pero hay que reconocer que se traen algo especial entre manos. Algo tremendamente idiosincrásico, muy propio del tiempo en que vivimos. A la espera de que vayan animándose a lanzar referencias más largas -de momento, sólo hay canciones sueltas, singles digitales-, el mix que grabaron para el radio show de DIS Magazine queda como uno de sus mejores testamentos creativos hasta la fecha, una especie de manifiesto. Cuando se le coge el punto, el mundo de PC Music resulta sencillamente adictivo.

5. Flying Lotus - You're Dead! (Warp)

Más que sustentado en el dolor, You're Dead! tiene que ver con la trascendencia, con conjurar una tradición -aprender de los que estuvieron antes- no para repetirla, sino para renovarla, para impulsarse 'Jupiter & beyond'. Por eso, no hay ningún disco de jazz que suene como éste: ahora es la superficie la que es fácil de describir -un break jungle por allí, su alter ego quasimotesco Captain Murphy rapeando como una marioneta en Dead Man's Tetris, neo-soul en Coronus, The Terminator, mientras que el fondo espiritual se nos escurre entre los dedos. Después de cuatro años dándole vueltas a la renovación del jazz por medio de la tecnología, Flying Lotus culmina la primera fase de su ambicioso plan estético con el álbum que por fin le da sentido a la apertura de ideas del ya lejano Cosmogramma.

4. Mr. Mitch - Parallel Memories (Planet Mu)

Mr. Mitch es el representante principal de la nueva escena grime adelgazado: un sonido casi transparente, espacioso, pero que sigue pegando duro entre fogonazos de paz y luminosidad. Hay algo de irreal y alucinado en estas miniaturas que a veces son como carbones al rojo vivo -Bullion- y otras como perlas engarzadas en coral, y eso es lo que convierte a Parallel Memories en un disco tan progresivo. Ha adelgazado, sí, pero con Mr. Mitch se le puede aplicar a un peso mosca -porque la pegada sigue- la famosa frase que inmortalizó Muhammad Ali: flota como una mariposa, pero pica como una abeja.

3. Arca – Xen (Mute)

Al adentrarse por el laberinto de Xen, la primera sensación es la de estar en un espacio geométricamente incongruente. En sus 15 piezas no parece existir una lógica del tiempo y del orden de las dimensiones, es música que se deshace, que se vuelve líquida y transparente, o de una sucia viscosidad. Poco a poco, han ido desapareciendo las influencias 'bass' que apuntalaban los tracks de Arca y le daban una cierta consistencia, y va quedando la textura de un sueño daliniano, como si fueran relojes derritiéndose o los pellejos secándose al sol de un animal recién cazado: su estilo, por tanto, se enmarca dentro de la gran tradición del ambient -al fin y al cabo es eso, ambientes ensoñadores, a ratos pesadillescos y otras veces angelicales- y, más particularmente, en los estudios recientes sobre la memoria, la nostalgia y el deseo de encontrar una manera de pensar el futuro a través del escapismo. Xen es un disco -epígono de la hauntology, podríamos añadir- que en todo momento propone alternativas a la realidad: frente a una comunidad electrónica inmóvil, él busca una vía de escape, y como solución para sortear muros y vías muertas, encuentra atajos y agujeros por los que continuar un camino que le lleva a interesantes alternativas estéticas. Arca no suena retro, sino a presente. Tan distinto suena Xen de su entorno más inmediato que parece que provenga de un planeta distinto.

2. Andy Stott - Faith In Strangers (Modern Love)

Por si la huella que está dejando Andy Stott en el techno contemporáneo no fuera ya suficientemente profunda, Faith In Strangers viene a ahondar su importancia, a reforzar su sello, a acomodarle un lugar especial en la historia. Tan original es el trabajo del productor de Manchester que incluso una etiqueta como 'techno' -que le sentaba la mar de bien cuando editó los primeros maxis y aquel intrigante álbum de debut, Merciless (2006), en el que se renovaba el lenguaje característico de sellos como Warp o GPR a principios de los 90-, ya empieza a resultar demasiado escurridiza. A Andy Stott se le han quedado pequeñas las categorizaciones. Ya nadie sabe lo que hace, porque lo que hace sólo le pertenece a él. En este Faith In Strangers, el productor da por finalizado su periodo lento y viscoso dentro del lenguaje del techno y amplía la paleta de estilos sin modificar la densidad de sus texturas: ahora se abre al pop, al jungle y otro tipo de experimentaciones, pero siempre al borde del abismo.

1. FKA Twigs – LP1 (Young Turks)

Nada ni nadie va a evitar que FKA Twigs sea una de las mejores cosas que le haya pasado a la música en lo que va de década. El estatus de heroína musical de Tahliah Barnett es inamovible sin salir de los dos EPs que han precedido LP1, y en su álbum de debut sigue brillando como una rara avis llamada a hacer mella en el star system del pop. Aunque Twigs ha sacrificado parte de la experimentación y el riesgo que sentaron las bases de aquellos EPs, sigue habiendo elementos esenciales que enamoran por desconcertantes. Por ejemplo, la fricción durante todo el álbum entre la manifiesta pulsión sexual de letras y música y la mística y halo pastoral que exhala la voz de Barnett. No solo los fraseos de Preface resuenan como cantos religiosos de épocas pasadas; en Closer la sensación de estar escuchando plegarias musicalizadas también existe. Porque, en efecto, lo que canta FKA Twigs no dejan de ser plegarias, aunque carnales. El bragging sexual, tan habitual en lo más trillado del R&B, es aquí anatema. Este disco está plagado de sexo y de relaciones íntimas, sí. Pero no de los aspectos de los cuales cualquiera podría presumir, sino de aquellos que se quedan dentro de uno mismo o se reservan para confidentes expertos. Vulnerabilidad e inseguridad, angustia o dependencia emocional. FKA Twigs sufre como tú, como yo, como todos, las luces y las sombras de las relaciones personales, a pesar de su encanto y su talento. Esta humanización de su propia perfección es lo mejor de un trabajo en el que la voz de Barnett, rebosante de una extraña sensualidad, se revela un arma perfecta para inducir al colapso emocional.

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