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La mejor historia generacional es un libro de recetas

Carlos Román es uno de los responsables del recetario que debería tener todo el mundo que eche de menos la comida de mamá. Hablamos con él.

Al final resulta que la gran novela de nuestra generación no ha sido escrita por un autor joven, guapo y comprometido con su época. No. La novela generacional de nuestro país y de nuestro tiempo la ha publicado recientemente Plaza & Janés, y es un curioso libro de recetas titulado No más platos de mamá. Lo firma Carlos Román en colaboración con Adriá Pifarré y Marc Castellví.

Carlos Román tiene 23 años, y desde hace un tiempo capitanea el blog gastronómico del que toma nombre su libro. Al principio fueron “No más tuppers de mamá”, pero la famosa marca de tarteras les prohibió utilizar la palabra. El blog tiene miles de seguidores y en él encontramos recetas alucinantes, por lo sencillas que son y lo bonitas que se nos muestran.

Setenta de esas recetas conformaron más tarde este libro que acaba siendo un retrato de juventud: aquélla que ha de salir de casa y no sabe cómo, aquélla que lucha para no tener que seguir recibiendo donativos de su familia y llegar a fin de mes, aquélla que será responsable del medioambiente, de nuestra salud, de nuestro bienestar; aquélla que será autónoma, freelance, autosuficiente. La que con un poco de humor sabrá narrar su propia historia: éramos tres amigos, estábamos de Erasmus, teníamos que sobrevivir. Una generación, en suma, que se lo guisa y se lo come con el mejor de los gustos y el mayor de los esfuerzos.

Leí No más platos de mamá y me emocionó demasiado. Su contenido, su diseño, sus ideas. Llamé entonces a Carlos Román. Le dije que le mandaría unas cuantas preguntas para PlayGround. Me contestó vale, hagámoslo, y esto fue lo que charlamos:

LM: No más platos de mamá parece un libro de recetas, pero en realidad me ha recordado a una novela; una novela generacional sobre cómo sobrevive la gente de nuestra edad cuando tiene que salir de casa, algo que parecía (y parece) casi imposible, pero que con un ánimo y una dedicación como la que vosotros demostráis en vuestro blog y en vuestro libro se puede conseguir. ¿Qué piensas de este tipo de fenómeno que está ocurriendo con la “literatura gastronómica”? ¿Es posible que libros como el vuestro supongan un retrato de la sociedad más fiel que los de la propia literatura del momento?

CR: Por partes. Sobrevivir fuera de casa no es imposible, es cuestión de proponértelo y establecer prioridades. Puedes dedicar el tiempo a jugar a la Play, leer, ver películas, salir de fiesta, estar sentado en el sofá o, simplemente, cocinar para vivir mejor. Ojo, ninguna opción es mejor ni más válida que las demás, cada uno es libre de tener sus preferencias, pero entre las nuestras está comer —comer bien, claro—. Respecto a la literatura gastronómica, me gusta bastante la gente que se sale del jota, caballo, rey. En mi caso, me di cuenta de que no escribía más que tonterías cuando leí por primera vez a David de Jorge ( blog.daviddejorge.com), uno de los mejores cocineros y escritores que conozco. Me entró un ataque de envidia —sana— y, como pasa muchas veces en la vida, quise aspirar a algo más, a intentar que lo que escribo tenga algún tipo de relevancia. Creo que no lo he conseguido, porque sigo hablando de mí y de mi vida, pero al menos cuido más los textos. Si la gente se siente identificada con lo que escribo, bienvenido sea, me dan una alegría enorme.

LM: Una de las cosas que agradecen vuestros lectores y uno de los motivos más importantes de vuestra popularidad es la dimensión estética. En un mundo en el que todos podríamos abrir un blog de cocina y subir fotos de nuestros procesos con el mismo móvil, lo que va a diferenciarnos es la calidad de nuestra web, de nuestras imágenes, de nuestros vídeos. ¿Qué os animó a apostar por esta estética tan reconocible? ¿Por esa tipografía? ¿Por esa madera de fondo? Porque como dice Mónica escudero “comer bonito puede significar comer sano”. ¿Cocinar bonito también significa cocinar mejor?

CR: Lo de la madera fue pura casualidad, pues era la única tabla de cortar que tenía en casa y no se me ocurría otro sitio donde presentar ingredientes y platos. Respecto a la tipografía y el diseño de la página, fue todo decisión de Adrià, que quería, en primer lugar, darle alguna seña de identidad a las fotos sin mancharlas con una marca de agua y, en segundo lugar, hacer una página limpia, sin manchas. Respecto a lo que dice Mónica, JAMÁS se me ocurriría llevarle la contraria, así que sí, estoy muy de acuerdo con ella.

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LM: Además de lo estético destaca tu humor (en la configuración de las recetas, de los posts y de la maquetación del propio libro). Se trata de un humor muy fino, que a veces me recuerda a algunos artículos de Iturriaga. Cuando estaba leyendo una de las pequeñas historias de No más platos de mamá empecé a reírme mucho y me acordé de pronto de mi infancia en casa de mi abuela, con la tele encendida y Arguiñano en la pantalla, contando unos chistes que no hacían gracia a nadie, y menos a mí, que posiblemente no los entendía porque todos eran, ejem, algo guarretes. Y menciono todo esto para preguntarte dos cosas que en realidad son asuntos bien distintos: ¿es importante la relación entre el estado de ánimo y la cocina? Y dos: ya que hemos hablado de estados de ánimo, de estéticas y de generaciones, ¿cuál crees que será el relevo generacional de figuras como la de esos señores mayores que cocinaban en nuestras televisiones?

CR: El tema del estado de ánimo es complicado. Yo estoy triste y me pongo a cocinar como terapia. No es que haya algún tipo de relación: me ayuda a distraerme de todo lo que tengo en la cabeza. También me meto cuando estoy eufórico. La cosa es que, con el tiempo, me he dado cuenta de que no depende el estado de ánimo, sino de la actitud. Puedes estar triste, alegre o normal, pero lo que influye realmente son las ganas que tengas de cocinar. ¿Relevo generacional? Te diría Jamie Oliver en Reino Unido y David de Jorge en España, pero ojalá que Arguiñano esté otros veinte años en la tele, es un auténtico genio.

LM: Háblame un poco ahora de esa terraza maravillosa con huerto incluido que aparece en vuestras fotos. ¿Es muy difícil tener tu propio huerto? ¿Dónde comprabas verduras antes de poder plantarlas tú mismo? ¿Qué importancia cobra lo ecológico hoy y cómo podríamos concienciar a nuestra generación de que comprar fruta en Carrefour es 'terrorismo'?

CR: Respecto al huerto, te diré que hemos tenido la suerte de contar con una bomba de riego automático, así que ha sido relativamente fácil. Eso sí, no nos ha ayudado a ser autosuficientes, pues siempre necesitas comprar cosas, para bien o para mal. En mi caso, procuro ir al mercado tanto como puedo, aunque no siempre es fácil, porque salgo del trabajo a una hora en la que prácticamente es imposible encontrar algo que no sea un supermercado abierto. Eso sí, las mañanas de los sábados son sagradas y voy al mercado. En cuanto a lo de comprar en Carrefour, te diré que no es tan sencillo. Ni quiero ni creo que deba meterme en lo que hace cada uno. Simplemente pienso en el origen de muchísimos productos que vienen del quinto pino y provocan un impacto medioambiental tan bestial, pero no intento adoctrinar a nadie.

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LM: Por último, leo en No más platos de mamá que os gusta John Talabot (lo amo), Arcade Fire, Leonard Cohen... entre otras figuras de la cultura actual. ¿Qué cocinarías para Talabot, Butler y Cohen? O bien: ¿a qué platos le podríais sus nombres?

CR: Sé que Leonard Cohen está enamorado de España, así que intentaría que probara cosas tradicionales y poco conocidas. Huiría de paellas y tortillas de patatas. Un buen cocido, creo, le sentaría de maravilla. Respecto a Win Butler y Talabot, conozco pocos detalles de su vida, pero estoy seguro de que no le harían ascos a un risotto —de setas, milanese, etc.— acompañado de un buen vino blanco.

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