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La máquina de la menstruación, y otros indicios de poder femenino en Sónar+D

Cada vez hay más mujeres en los escenarios del festival de música electrónica de Barcelona, pero en el Sónar +D encontramos las claves femeninas del futuro de la innovación tecnológica

En la imagen, Penis Cybernetique, de la creadora Sputniko

Si uno se asoma al gran espacio del Hack Music Day desde las alturas, sólo ve cabezas masculinas. El mundo de la tecnología, ya sea aplicado a la informática, hacking, a la innovación, new media o la creación cultural de vanguardia, se halla copado por una sustancia esencial: la testosterona.

Sin embargo, en sus 21 años de historia y fiel a su olfato hacia las últimas tendencias, el Sónar amplía cada año su cartel de artistas femeninas, una nueva fuerza creativa que irrumpe, despacio pero firme, sobre los dj set del mundo.

El Sónar +D de este año, el festival paralelo dedicado al conocimiento, supone una confirmación del interés del encuentro hacia las propuestas de las creadoras: la mesa redonda Women Hackers, celebrada el pasado martes y en la que participaron cuatro de las programadoras y desarrolladoras más importantes de la actualidad, confirma la visión de futuro y vanguardia de esta cita de referencia mundial. Los organizadores del Sónar saben que en los próximos años, el sexo de los participantes en el hackatón irá equilibrándose, tal como va sucediendo sobre los escenarios. Si no apuestan por las mujeres, no apuestan por el futuro.

Hello Kitty en el espacio

Una de las artistas destacadas de esta edición del Sónar +D es la nipona Sputniko, que fue nombrada por la revista Vogue como la mujer más influyente de Japón y una de las más importantes según la revista Nikkei Business.

Lo que hace no tiene que ver con Hollywood ni la moda, ni siquiera con la música en sí misma. Ella es diseñadora y profesora en el Design Fictions Group del MIT Media Lab de Massachusetts y se dedica a explorar el impacto de la tecnología en la vida cotidiana; también especula, mediante la creación de dispositivos, con un futuro alternativo. Sobre todo, a ella le gusta generar polémica con sus dispositivos y su uso casi adictivo de las redes sociales: “La gente concibe el diseño como una disciplina para hacer los objetos más prácticos, pero a mí me interesa el diseño para el debate. No se trata de moral, sino de abrir la mente a nuevas posibilidades”.

Su obra más famosa es un fiel ejemplo de lo que contó ayer Sputniko en Sónar +D. Diseñada para hombres, la Máquina de la Menstruaci ón es un cinturón de castidad cibernético que permite al varón experimentar la regla durante cinco días: el dolor, los cambios hormonales y, por supuesto, el sangrado. Sputniko, que utiliza con alevosía su perfil en internet, difundió un vídeo que se convirtió en viral y que, cuatro años después de la presentación, aún sigue dando que hablar: "Me propusieron exponer mi obra en el MoMA de Nueva York y se generó un debate de tres horas sobre este proyecto”.

El cinturón, explicó Sputniko, generó el resultado que ella esperaba: “La gente preguntaba si era posible diseñar la empatía, traspasar esas fronteras mediante la ingeniería informática. También cómo cambiaría el mundo si los hombres pudieran experimentar la menstruación. Yo creo que sería un mundo mejor”.

Del mismo modo que en los años sesenta los médicos no quisieron, “por miedo y presiones religiosas”, eliminar el sangrado mensual a través de las píldoras anticonceptivas a pesar de que era posible, Sputniko decidió crear la posibilidad de ampliar el proceso al resto de la población: “Hay transexuales que quieren sentirlo; hay gente que tiene preguntas”.

Un eje importante en la obra de la japonesa es lo que ella denomina New Pop: “Tradicionalmente, lo popular es aquello comercial que no cuestiona el sistema, como Paris Hilton. Pero también tiene que ver con la antigua estructura de monopolio de los grandes medios de comunicación. Internet y las redes sociales han cambiado eso. Lo no comercial, lo polémico y cuestionable llega por todos lados, son nuevas oportunidades, y distintas, de ser popular”.

Otro de los proyectos que presentó, The Moonwalk Machine, fue un encargo de la NASA para fomentar que las mujeres se interesaran más por la ingeniería espacial. “Desde 1969, todos los que han pisado la luna han sido hombres, blancos y americanos. Debería ser posible que otros sexos y razas tuvieran esa posibilidad”. Para iniciar un proceso social que conduzca a ello, Sputniko diseñó, en colaboración con científicos de Houston, un robot que dejara huellas de tacón alto en la superficie lunar: “Me inspiró el vídeo de una niña que se las ingenió, mediante el conocimiento científico que le proporcionó la red, hacer volar un muñeco de Hello Kitty hacia la estratosfera”.

El ego femenino merece un loop

A Spuntiko le gusta exhibirse en las redes sociales, incluso actúa en los videoclips que diseña para presentar sus proyectos. En Moonwalk Machine satisfizo sus fantasías de convertirse una de las protagonistas de Sailor Moon.

La visibilidad en la red y la autoconfianza fueron algunas de la claves que ayer se analizaron en la mesa redonda Woman Talent, también en el marco del Sónar +D. La innovación social, la tecnología y la creatividad son ámbitos en los que las mujeres desarrollan trabajos destacados, siendo incluso pioneras. Sin embargo, siguen encontrando obstáculos, muchos de ellos en ellas mismas.

Woman Talent reunió a profesionales como Stephanie Pereira, directora del programa artístico de la plataforma Kickstarter, Keri Elmsly, productora artística de proyectos de alto nivel, la misma Sputniko y Dolors Reig, psicóloga social y autora del influyente blog El Caparazón, que hizo de moderadora. Todas desarrollan sus actividades en el ámbito de las industrias creativas en total minoría respecto a los hombres: “Puede que a muchos os suene raro, pero yo no estaría aquí si en 2007, cuando creé mi blog, me hubiera puesto un nickname distinto a D.Reig. El hecho de que se viera mi talento antes que mi sexo ha sido la clave de mi éxito profesional”. Así inició Dolors Reig la mesa redonda, en la que realizó una interesante digresión sobre sus estudios sociales acerca de las tecnologías: “Las redes siguen mostrando elementos patriarcales. Los jóvenes, por ejemplo, antes preguntaban a sus amigos sobre el sexo. Ahora preguntan a Google, y eso, como sabéis, no es muy bueno para la igualdad y los derechos de las mujeres”.

Stephanie Pereira leyó fragmentos de un artículo de The Atlantic en el que se demuestra el agujero de confianza de las mujeres en el ámbito profesional: “Mientras ellos se sobrevaloran, nosotras nos infravaloramos”, y recomendó el libro The Cycle, de Michael M.Kaiser, en el que se analiza el marketing institucional como una forma de que los proyectos tengan autoestima y generen familias a su alrededor. “Cuando alguien importante me buscó en la red, encontró mi Linkedin desolado. Yo misma me sorprendí de todo lo que había hecho rellenándolo. También me resulta difícil hablar en público, pero ¡aquí estoy!” Según Reig, las mujeres hemos sido educadas para confundir la privacidad con la intimidad: “¡Nos da vergüenza publicar nuestros éxitos en internet! Tenemos que ser más chulas, repetir una y otra vez nuestros reconocimientos. La imagen lo es todo”. Es importante el uso de la propia personalidad e imagen a la hora de comunicar los proyectos, estar dispuesta a hablar de una misma, tener una web y una presencia clara en la red. Sputniko ejemplifica ese vínculo entre su identidad y sus creaciones, como Elmsly: “Nací en los 70 y me criaron con una filosofía feminista, me dijeron que podía hacer lo mismo que los chicos. No creo que ahora sea así, peor hay que intentarlo”.

Según Reig, la presentación que realizó Elmsly es un ejemplo de inteligencia femenina: “Ha presentado su proyecto hablándonos de todas las personas que lo integran, foto a foto, uno a uno . Las redes sociales son femeninas, internet es una mujer”. La psicóloga opina que las redes sociales son el germen de la feminización de los hombres y que, en general, internet diluye el género y visibiliza el talento antes que el sexo: “Hace quince años, si un chaval decía ante sus amigos que la novia le había dejado se llevaba una colleja. Ahora, si lo dice en la red, sus contactos muestran compasión, le cuidan”. En la sociedad post-internet las mujeres tienen mucho que ganar, sólo hace falta que sepan verlo con tiempo para aprovechar la ola: “Aunque hay que repensarla desde la educación y la ética, la filosofía de los medios sociales ya tiene un impacto en el mundo real. El Bicing no existiría sin Spotify”. Por eso en la era post internet la tecnología es una gran oportunidad para las mujeres; puede que la mayor de la historia.

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