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La vida en manos de la política: 4 formas de gestionar nuestra existencia

Repasamos los principales argumentos que Nikolas Rose teje en un artículo incluido en 'El trasfondo biopolítico de la bioética'

La política siempre se ha ocupado de la vida: cuando un Rey decidía cortar cabezas al más puro estilo Joffrey Baratheon, para imponer su ley de hierro, estaba utilizando la vida (su conservación) como instrumento político. Si seguías existiendo era porque Él te dejaba vivir.

En los últimos tiempos las cosas han cambiado: como señala Michel Foucault, la consigna política ya no es la visión medieval de 'hacer morir y dejar vivir' sino la de 'hacer vivir y dejar morir'. La vida ha pasado a ser objeto de regulaciones, gestiones, control y disciplina. Tu existencia ya no es el desayuno que el matón de turno amenaza con quitarte. Y la muerte ha pasado a ser considerada sólo como límite de la especie: se aumenta la esperanza de vida, se reduce la mortalidad infantil, se trata el envejecimiento como una enfermedad, aparece la noción de pre-paciente, etcétera.

Nikolas Rose, en un artículo publicado en ' El trasfondo biopolítico de la bioética', se pregunta por las mutaciones de una concepción de la vida que la interviene a nivel genético y le impone unos ideales determinados, sometiéndola al inestable movimiento del mercado. Aquí recogemos algunos de sus análisis.

1. Susceptibilidad.

Gérard DuBois

Esto es lo que podríamos llamar la ideología Banc Sabadell. Es el resultado perverso de sustituir la visión determinista del hombre por una de probabilista. Ya no es que llevemos escrito en los genes que terminaremos siendo un Dexter de barrio, pero sí tenemos probabilidades de acabar cometiendo varios asesinatos. Todos estamos asintomáticamente enfermos, somos pre-pacientes. Por eso se debe acentuar la prevención y la precaución, hasta el punto que ya ha aparecido la figura legal del 'criminal de riesgo', que es la versión biomédica de la expresión 'ese chico terminará mal'.

¿Por qué ideología Banc Sabadell? Porque como dice Rose, la clave está en la producción de futuro: en la idea que el porvenir se debe llevar al presente para poder actuar sobre él. No es un mero intento de eliminar aquello problemático: el futuro es gestionable y optimizable a nivel molecular. Por eso, la última campaña de Banc Sabadell, a través de sus parábolas médicas, no hace sino avisarnos de que debemos empezarnos a preocupar por el futuro ahora. ¿Para qué? Para ir pensando en un plan de pensiones, claro.

2. Salud integral.

El objetivo de la medicina ha dejado de ser la curación en sentido tradicional. Su meta ahora es la salud total. ¿El fantasma de una sociedad hiperproductiva? ¿El límite de la obsesión por el bienestar? Un ejemplo extremo de esta tendencia la encontramos en la lucha contra el envejecimiento y la muerte. Solo falta echar un vistazo al documental español 'Camino a la inmortalidad' para pegarse un buen susto: científicos reconocidos investigando bajo la premisa de que la muerte es sólo una enfermedad más que podrá curarse.

El resultado de elevar la salud integral a ideal regulativo de nuestra vida es que cualquier menudencia pasa a ser una disfunción o una patología que debe ser tratada. Gente como Aubrey de Grey —mitad científico, mitad gurú— terminan por agravar esta dicotomía, puesto que ligan la invulnerabilidad molecular a la felicidad. Sólo una inmortalidad confortable parece satisfacernos.

3. Responsabilidad biológica.

Responsabilidad biológica

Somos nuestros cuerpos. Nunca antes habíamos declarado tal guerra al dualismo: vivimos en la era del cerebro. Cada dos días aparece 'un estudio que' afirma que nuestra sesera nos hace ser x o nos predispone a y. Además, los avances en neuropsicología van camino de reducir nuestra compleja vida emocional a simples alteraciones en nuestro equilibrio químico. Para más inri, ciertos experimentos atestiguan la visibilidad de la mente: la física se adelante a la psique, y podemos leer en un escáner las intenciones de las personas antes de que éstas lleguen a experimentarlas como suyas.

Sin embargo, el imperio de lo material tampoco aquí nos aboca al determinismo: nuestra materia gris es plástica y moldeable. La 'epigenética' nos muestra cómo las condiciones ambientales pueden influir muchísimo en la expresión genética, de modo que no sólo somos responsables de nuestra obesidad o nuestra dejadez física: también somos responsables de nuestra falta de luces.

4. Bioeconomía.

La práctica científica está totalmente vinculada a la propiedad intelectual, al comercio de patentes, a los balances económicos de las universidades, a las partidas presupuestarias de I+D, y un largo etcétera. Tanto a nivel estatal como a nivel privado, el desarrollo científico es un fiel siervo del capital. Todos sabemos la maldad que entraña el hecho de no poder dispensar universalmente la cura para enfermedades que cada día matan a cientos de personas, por el simple hecho de que a alguien no le resulta rentable.

Pero a eso debe sumársele el problema de la 'path theory': las verdades científicas sobre nuestra vida dependen del tipo de investigaciones que se estén realizando, las cuales, en general, dependen de decisiones y creencias sobre cuáles son las áreas de investigación más rentables. Es decir, que la racionalidad política y económica no sólo influye a nivel de comercialización, sino que está enraizada en la base de la Santa Verdad Científica.

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