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Si haces 'la cucharita', eres un cerdo sexista

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Slate publica un manifiesto contra el 'spooning' y se lía

Luis M. Rodríguez

06 Noviembre 2015 17:45

Dime cómo duermes y te diré quién eres. Así reza la voz popular. Y tiene su parte de razón: nuestras "estrategias corporales" a la hora del descanso dicen mucho de nosotros. Y eso aplica tanto a las noches solitarias como a nuestra vida en pareja.

Para los expertos en lenguaje corporal, la posición que adoptamos en el lecho común dice mucho de la relación que une a dos personas. Por ejemplo, si duermes abrazado a tu pareja —y tu pareja abrazada a ti—, eso revela compromiso, amor y cariño sincero entre las partes. Si dormís uno frente al otro, pero sin tocaros, es señal de que la pareja quiere intimidad y de que sabéis respetar el espacio personal del otro. Y si el amor y el frío os llevan a hacer 'la cucharita'...

... entonces es bastante probable que seas un cerdo sexista.

No lo decimos nosotros. Lo dice J. Bryan Lowder en un artículo para Slate que tiene internet alborotado. Atento al pico de tuits que aluden a la cuestión del spooning en los últimos dos días.

Mientras miras el gráfico, te recomendamos que imagines una cascada de risas. E insultos. Porque eso es lo que está generando la pieza en cuestión.


Lowder, en un ejercicio de arrogación de autoridad que desconcierta, viene a decirnos que llevamos toda la vida equivocados en lo que se refiere a los mimos, que lo de acurrucarse junto al cuerpo curvo del otro en la cama es una práctica nociva con la que hay que terminar."¡Dejad de hacer la cucharita!", nos pide. "¡Indefinidamente!"

Pero... ¿por qué?


Hacer la cucharita es una farsa física e idiológica. Y debe acabar, ahora


El autor nos habla de incomodidades, de pijamas húmedos —¿alguien los usa?— por culpa del calor del otro cuerpo, de lo complicado que es decidir dónde colocas tus brazos cuando te toca rodear al otro desde detrás. Pero el principal argumento de Lowder contra el 'spooning' no es físico, sino "ideológico".

El problema, dice, está en lo que significa. ¿Y qué significa?

Las [personas que adoptan el papel de] cucharitas grandes son masculinas y van a cuidar de ti; las cucharitas pequeñas son criaturas frágiles, pasivas que necesitan ser sustentadas y protegidas. Y eso, por supuesto, es un arreglo fundamentalmente sexista”.



Abrazar a tu pareja por detrás mientras ambos os quedáis dormidos, y con el total consentimiento de la otra persona, es, según Lowder, un ejercicio subyugante que perpetúa la discriminación histórica de la mujer. Y en una maniobra de malabarismo dialéctico digna de mención, llega a esa conclusión desde la observación del mundo gay.

Entre los hombres homosexuales del mundo anglosajón, hablar de 'big spoon' y 'small spoon' es una manera de señalar si a uno le gusta ser pasivo o activo durante el sexo. Y en esa dinámica arriba-abajo, Lowder ve una dimensión connotativa según la cual quien hace de cucharita grande es 'el hombre' y la cucharita pequeña es 'la mujer'. Es Lowder, en su mismo análisis, quien atribuye valores de debilidad a la mujer.


Según J. Bryan Lowder, hacer la cucharita es una estrategia perversa por la cual legitimamos cada noche las relaciones injustas de privilegio entre lo 'grande' y lo 'pequeño'


“Decir que ese desequilibrio de fuerzas está instalado en todos los actos de spooning —con independencia de los sexos que participen— no es, considero, una exageración. De hecho, sostengo que hacer la cucharita es siempre un juego de poder, una estrategia perversa por la cual legitimamos cada noche las relaciones injustas de privilegio entre lo 'grande' y lo 'pequeño' que plagan nuestra sociedad a todos los niveles”.

Tú creías que estabas durmiendo, siendo cariñoso con tu amante o tu media naranja, pero no: tu abrazo es, en realidad, una forma de estrangulamiento, la presa muda del patriarcado.

“Hacer la cucharita es una farsa física e ideológica. Y debe acabar, ahora”.



Cuesta distinguir si su soflama va en serio o es un comentario irónico, una parodia de cierto tipo de discursos feministas, o incluso un intento de troleo disfrazado de crítica cultural al estilo del The Sokal Hoax. Parecer, parece lo primero.

Sobre todo cuando Lowder propone como alternativa al spooning lo que llama el conscious cuddling, una forma de acurrucarse junto al otro que "tenga en cuenta la realidad de nuestros cuerpos y las presiones de un sistema social en caída que nos ordena innecesariamente en categorías de grande y pequeño".

¿Su solución contra eso? Hacer más o menos lo mismo, pero sentados, uno al lado del otro, no uno sujeto por otro. En el sofá sí, pero no en la cama. ¿Risas o lloros?

"Los mimos verticales —ya sea pasar un brazo por detrás del cuello de tu pareja, o reclinar tu cabeza sobre su hombro, o simplemente sentarse cómodamente uno al lado del otro— eliminan gran parte del riesgo de incomodidad física y toda la violencia semiótica que lleva implícito el hacer la cucharita".


Para Lowder, hacer la cucharita es una acción cargada de violencia semiótica, un arreglo fundamentalmente sexista que debemos desterrar de nuestras vidas


Las reacciones al Manifiesto Anti-cucharita de Lowder invitan al debate.

Algunos comentaristas le han aportado ideas para próximas columnas. Por ejemplo: señalar la tendencia problemática de que, en la mayoría de parejas, el hombre suela ser unos centímetros más alto que la mujer. Porque esa diferencia es a todas luces injusta, e inherentemente sexista, ya que coloca al hombre en una posición de superioridad que instaura una mirada "de arriba a abajo" que atenta contra la dignidad de la mujer.

Otros han apuntado a la raíz del problema: piezas tan dolorosamente autoconscientes e intencionalmente polémicas alrededor de los más nimios problemas del primer mundo son síntoma del mal que viene aquejando al periodismo en internet. Ese síndrome que nos lleva a querer "decir la más gorda" o a retorcer los puntos de vista hasta lo ridículo para llamar la atención. Porque, al final del día, lo que un medio necesita para sobrevivir no son halagos al trabajo bien hecho, sino clics. Y unos y otros no siempre van de la mano.

En ese sentido, el artículo de Lowder no es más que una gota en un charco que nos ha dejado otras perlas similares en tiempos recientes. Por ejemplo, ¿sabías que tu carrera laboral no progresa porque, como mujer, usas demasiado la partícula 'just'? ¿O que la palabra "demasiado" es horriblemente misógina y casi que feminicida?


Donde Lowder ve sexismo, otros ven actitudes de protección y, sobre todo, confianza. Ser la cucharita pequeña es decirle al otro 'confío en ti'


Donde Lowder ve sexismo, los psicólogos relacionales suelen ver actitudes de protección y, sobre todo, confianza. Ser la cucharita pequeña es decir "confío en ti". Y ese "ti" puede ser hombre o mujer o cualquier cosa de las que quedan en medio de esas dos categorías.

Más preocupante nos parece el hecho de que, ahora, después de décadas defendiendo la cama como un espacio de libertad, un lugar para hacer lo que te dé la gana con quien te dé la gana —respetando la voluntad de la otra persona—, venga gente como Lowder pretendiendo imponer una nueva etiqueta, convenciones que aluden a un dormir y un amar políticamente correcto.

Eso no es ser progresista, es avanzar hacia atrás. Es el acoso a la libertad.



Nuestra cama, nuestras reglas

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