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“Hoy solo se debe leer la repulsa masiva a la violencia”

Las razones de quienes han secundado la huelga y los que no: así vive Barcelona el masivo paro de país para condenar las cargas policiales del 1-O

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Hoy a Barcelona le dolía. Los golpes, las formas, que desde hace semanas un helicóptero de la policía sobrevuele día y noche la ciudad, recordando con su estruendo que está ahí. Dos días después de que el referéndum terminara con 893 heridos por las cargas policiales, cerca de 300.000 personas, según el Ayuntamiento, han secundado una huelga en las calles de Barcelona para decir basta. Que la violencia, no.

Entre ese tumulto, que comenzó a las diez de la mañana con 2.000 manifestantes enfrente de la sede del Partido Popular, está Aina Sánchez, una universitaria de 21 años a la que le llegaron vídeos de amigos mientras ella esperaba para votar. Dice que eran de antidisturbios saltando vallas y haciendo añicos cristales, los mismos que luego el mundo entero vio. "La vergüenza de Europa" llegó a titular la CNN.

"Pegaron porrazos a señores que podían ser mis abuelos. No se trata de independencia sí o independencia no, sino de que esa represión nunca se debe justificar", expresa. Los bomberos, como vienen haciendo desde el 1-O, se colocan de barrera humana para frenar cualquier enfrentamiento que pudiera haber. No hará falta hoy porque los antidisturbios están serenos.

El fin de la huelga convocada por los sindicatos CGT, IAC, Intersindical-CSC y COS es condenar los despropósitos vividos desde el 20-S. Taula per la Democracia se sumó ayer a la huelga convocando un paro de país en contra de las agresiones del 1-O. Hoy, finalmente, la han amparado el 75% de los sanitarios, entre un 70-80% de los trabajadores de la empresa privada -según CGT- y hay 52 carreteras cortadas. En los balcones se van golpeando cazuelas al paso de la gente y llama la atención que en un tercer piso de la calle Comte Urgell han colgado una bandera blanca que lleva escrita Pau, Paz, Peace. A partir de ahí cada uno abraza una idea.

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Carmen, una jubilada de 66 años a la que acompañan dos amigas, cuenta que jamás se le había pasado por la cabeza la independencia hasta hace unos años, pero que ahora se quiere ir. Como remedio al desencanto, que brotó con la tumbada al Estatut, se fue formando el deseo de marcharse. Lluisa y Antonia, amigas a su lado, sintieron un empujón final el domingo. Vieron que en su colegio había gente que nunca había salido ni se había pronunciado y eso les emocionó. " Tenemos 7.000 policías en un barco y cero soluciones políticas. No hay vuelta atrás", manifiesta una de ellas.

Las calles parecen estar llenas de convencidos que se ven con un pie fuera. Un señor que grita que el gobierno de Rajoy es el más corrupto de Europa. Una mujer que se niega a que españolicen más. Muchos jóvenes recorren la Gran Via y llevan las esteladas como capa. Algunos de los que no han parado, precisamente, es porque sienten que a esto le han añadido tintes políticos.

Una tienda de soluciones informáticas cuatro calles más abajo de la avenida ha abierto. José Luís, que atiende en el mostrador, no le parece normal que la Generalitat anunciara que no se quitaría salario a los que hicieran huelga. "Es como si se promoviera", matiza. "Yo soy de izquierdas y siento que lo tengo que decir cada vez que opino que no me parece bien cómo se han hecho las cosas, la primera la manera en la que se aprobó la ley del referéndum sin consenso". Cuando ha llegado tampoco le ha gustado la sensación de sentirse marcado. El tú abres que nadie verbaliza pero que cree queda como poso. "¿Sabes? Es que mal por no dejar votar, pero es que el Govern está permitiendo que la gente se lleve los palos".

Un bar pequeño en plena Gran Vía tampoco ha echado el cierre. Su encargado, un venezolano que reside desde hace 9 años aquí, contesta que se solidariza pero que llevaba tres meses con el establecimiento cerrado y no puede afrontar un día sin ingresos. "Acabaremos antes, ya está. Pero es más por la gente y su ilusión. A mí me toca currar. Ojalá que los de aquí y los de allí no les engañen", declara.

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Cuesta que no impregne el aire una patria, o dos. Pero se hacen hueco algunos de los que no abrazan ningún tipo trapo. A puntuales coreos como fora d'Espanya, simplemente se acercan y les dicen que hagamos esto de todos. Entonces esos cánticos paran. Se respeta. Lo que lamenta Félix, su hijo Albert de 29 años y un amigo es que las partes políticas puedan apropiarse del discurso de la huelga cívica. "Hoy solo se debe leer la repulsa masiva a la violencia".

- ¿Y será así?

- Lo del domingo fue el fracaso de la política. Que hablen y se escuchen y oigan lo que la ciudadanía quiere comunicar.

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