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El cántico desgarrador de las mujeres guerrilleras

António Lobo Antunes publica 'Comisión de las lágrimas' una durísima novela inspirada en la guerra de Angola

Todas las historias que nos cuentan de las guerras podrían ser perfectamente cuentos de terror. Historias de sangre que se nos cuelan por el cuerpo, incluso si aquellas batallas sucedieron en algún lugar o tiempo muy lejanos.

En estas narraciones, los que murieron anónimamente se convierten en fantasmas, y los que lucharon y gritaron, agarrándose a la vida, pasan a ser leyendas hermosas. Héroes que ya da igual que fueran reales o no, porque su vida ya está escrita en las miles de memorias de quienes les recuerdan.

La torturaron y la torturaron... pero ella sólo cantaba

Una historia de esas —heroica, cruel, inspiradora— es la de la mujer que no paró de cantar mientras sus despiadados enemigos la violaban y la torturaban. La que no paró de alzar la voz entre cánticos y nanas, mientras ellos destrozaban su cuerpo, sólo por haber sido fuerte, sólo por haber sido una gran guerrera.

Esta leyenda sobre una de las mujeres del batallón femenino del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) es pura verdad.

Sin embargo, su hazaña no se cuenta en los libros de texto, pero pasa de mano en mano, de generación en generación, y, ahora, por fin, se rememora por ser uno de los motores de la nueva novela del célebre escritor António Lobo Antunes.

Miles de torturados, mujeres violadas y una guerra de casi treinta años

Comisión de las lágrimas es el título de este libro, y también el nombre que recibía el grupo de torturadores del Tribunal Militar de Angola, que se encargó de castigar brutalmente a miles de ciudadanos inocentes tras el golpe de estado de 1977 y durante la larga guerra que azotó a Angola desde entonces.

“Las vísceras en estado de pánico, el corazón una punzada y ojalá no se detenga”. Lobo Antunes escribe sobre la que fue la guerra más larga de todo el continente africano, y en la que, de joven, también le tocó luchar.

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Y su manera de rendir homenaje a los fantasmas y de dar voz a los héroes, pero también a los que fueron torturadores, es construyendo una novela donde las voces se cruzan, los recuerdos se mezclan, y las enfermedades mentales avivan el fuego del horror, en un texto que a veces es intencionadamente ilegible.

Angola no existe.

Angola nunca existió porque durante más de treinta años su suelo estaba construido de miedo.

Lobo Antunes trata de desgranar ese miedo a través de la voz de una mujer, Cristina, una mujer de cuarenta años que se encuentra interna en un hospital de Lisboa y cuya mente es un puzle imposible de armar.

Ella tiene recuerdos de su infancia en Angola, pero a veces se mezclan con las historias que de pequeña le contaban de aquellos torturados, de aquel horror, de aquella confusión que acabó cubriendo su cabeza con un velo negro.

António Lobo Antunes recupera la memoria de un país destrozado

Las voces y susurros de Cristina se parecen mucho a cómo debía sonar la voz de aquella guerrillera torturada en 1977. Alaridos que se cruzan, que tienen ritmos distintos, y que, con tal de no parar, van rememorando escenas muy distintas para las que el lector ha de estar atento si quiere reconstruirlas.

No se sabe si las historias que se cruzan en la mente de Cristina corresponden a una realidad o a un sueño enfermizo, quizá porque buena parte de esas narraciones António Lobo Antunes sólo pudo aprenderlas durante el tiempo que vivió en Angola, o rebuscando entre documentos antiguos y prohibidos.

Nadie quiere que se conozca la verdad sobre ese país, y Lobo Antunes, lejos de querer desvelarla en un ensayo, la ha terminado contando de la mejor manera que él sabe: con toda esa humanidad y poesía que sus ficciones desprenden.

Angola no existe. Su dolor sí

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