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No lo llames pobreza, llámalo 'flexibilidad'

Un estudio demuestra que en Inglaterra más de la mitad de las familias en situación de pobreza son trabajadoras

Como bien saben becarios y peluqueros, teleoperadores y profesores asistentes, que te mates a currar en jornadas maratonianas no significa que vayas a dejar de ser pobre de solemnidad. Ya no basta con trabajar como un negro para cobrar como un blanco: la cultura del esfuerzo que Eto'o sintetizó en su declaración ha pasado a mejor vida. Y es que quizá Ana Botella sí dio en el blanco al afirmar que la reforma laboral española es una de las ideologías que más progreso ha traído a la humanidad: ha democratizado la pobreza.

¿Cuándo fue que desligamos el trabajo de la idea de dignidad? Tener un empleo ya no es garantía de hacienda y bienestar como lo fue antaño. Trabajar puede ser tan inútil de cara a vivir bien como el hecho de saber que el tiburón es el único pez que puede parpadear con los dos ojos a la vez. Lo dicen los números. Por ejemplo, un estudio de la Rowntree Foundation demuestra que en más de la mitad de familias inglesas que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza hay uno o más miembros con empleo.

El nuestro es un mundo donde el lenguaje de la flexibilidad ha hecho mella en los corazones. Y por más que lo de criticar los males del neoliberalismo ya pueda considerarse tendencia, algunos siguen creyendo que hay algo bueno en eso de autoproclamarnos empresarios de nosotros mismos. En una era en que las apps son el petróleo de los emprendedores, la miseria tiene muchos nombres para una sola realidad: no lo llames desesperación, llámalo freelance; no lo llames ansiedad, llámalo management ; no lo llames perdida de dignidad, llámalo currículum original; no lo llames desamparo, llámalo coaching.

Pero sobretodo: no lo llames pobreza.

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