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Los extraños trabajos que tuvieron 10 escritores célebres antes de triunfar

Estas son algunas de las ocupaciones más disparatadas de los escritores más famosos de la historia.

No hay profesión en la que no se empiece desde abajo. Si quieres ser chef tienes que empezar lavando platos. Para ser artista, en cambio, tienes que ganarte la vida como sea y esperar que un golpe de suerte te permita vivir de lo que de verdad te gusta.

Stephen King trabajó como conserje en una escuela secundaria y allí se inspiró para escribir “Carrie”, la novela que lo llevó al estrellato y T.S Eliot escribió "La tierra Baldía" inspirado en lo que veía a su trabajo en el Banco de Londres. Sin embargo, otros escritores eligieron oficios aún más extraños antes de publicar sus obras... Trabajos como estos:

Charles Dickens era un cazafantasmas

 

El escritor de clásicos como Oliver Twist y Grandes Esperanzas era miembro del Club de fantásmas victoriano, una sociedad secreta para hombres de clase alta que se reunían para investigar casos de actividad paranormal. El club sigue existiendo a día de hoy, pero no parece tan genial como lo debe haber sido en el siglo XIX. No se sabe si él consiguió capturar uno, pero a lo mejor le sirvió de inspiración para escribir Cuento de Navidad.

Kurt Vonnegut era periodista de deportes

Vonnegut era un tipo raro e inteligente. Un payaso hecho para escribir novelas de ciencia ficción llenas de humor negro como Matadero 5 y Desayuno de campeones. Sin embargo, empezó siendo periodista deportivo (aunque duró poco). Trabajó por un tiempo en la revista Sports Illustrated, hasta que tuvo que escribir una historia sobre un caballo que se escapó de la pista de carreras. Después de trabajar durante horas, escribió solo una línea antes de marcharse furioso: “El caballo saltó sobre la puta cerca”.

Jack London, el Barba Negra de San Francisco

 

El autor de El llamado de lo salvaje era un pirata, pero no uno de esos que aparecen en las películas. No era un bravucón de sombrero y espada ni navegaba en el Perla Negra. Su bote se llamaba el Razzle Dazzle y él era pirata de ostras. Así como suena. Estaba harto de trabajar en la fábrica de pepinillos y decidió dedicarse al lucrativo negocio del robo de ostras para vender a los restaurantes de la zona.

Roald Dahl, el espía sexy

 

Es imposible pensar en sexo cuando piensas en Roald Dahl, el autor de libros infantiles como Matilda y Charlie y la fábrica de chocolates. Ese tipo es la infancia de demasiados niños. Es tan raro como pensar que adentro de Barney había un tipo de carne y hueso, o que Pee-Wee Herman iba a ver pelis porno al cine. Pero es verdad, Dahl fue espía británico, encargado de intentar que los americanos intervinieran en la Segunda Guerra Mundial. En ese tiempo, por cierto, aprovechó para acostarse con un montón de mujeres.

Vladimir Nabokov: entre mariposas y pederastas

 

Vladimir Nabokov, autor de Lolita y Pálido fuego era un entusiasta de las mariposas. Cuando no estaba ocupado escribiendo sobre pedófilos y adolescentes, pasaba el tiempo cazando mariposas. Había aprendido tanto sobre ellas, que, más adelante, se convirtió en el comisario de lepidoptera en el Museo de Zoología comparativa de Harvard. Sus teorías sobre el origen de algunas especies de mariposas siguen siendo relevantes en el mundo científico.

Octavia Butler, inspectora de patatas

 

Sí, inspector de patatas es un trabajo de verdad. Si alguna vez sacaste una patata frita medio verde del paquete sabrás que es necesario. Esencial, casi. Sin ellos las patatas de bolsa no serían tan perfectas. Así fue Octavia Butler, autora de la serie de obras de ciencia ficción como Xenogénesis ( Amanecer, Ritos de madurez e Imago) y sus libros de las Parábolas.

Ken Kesey, conejillo de indias de la CIA

 

El proyecto MK-ULTRA parece salido de la mente de uno de esos lunáticos que viven en búnkers antinucleares y creen que los Illuminati controlan el mundo, pero fue real. Entre 1953 y 1964 la CIA realizó experimentos de control mental sobre personas voluntarias y otras que no sabían en lo que estaban participando. Ken Kesey fue una de ellas. Durante la universidad asistió a un estudio psicológico sin saber de qué se trataba. Allí le dieron LSD para ver si eso lo hacía más susceptible al control mental, pero en vez de escandalizarse, a Kesey le gustó tanto que acabó metido de lleno en la cultura pscodélica. Kesey escribió Alguien voló sobre el nido del cuco basándose en su experiencia, y luego acabó haciendo historia —otro tipo de historia— con sus Merry Pranksters y sus Acid Tests.

Louisa May Alcott, una vegana de culto

 

La autora de Mujercitas vivió como si fuera parte del elenco de El bosque, pero mucho peor. En 1843 su familia dejó todo para mudarse a Fruitlands, una comunidad de veganos idealistas que querían dejar el mundo moderno para convertirse en granjeros del siglo XVI. Querían construir una especie de Jardín de Edén, libre de sufrimiento humano y animal, donde todos comieran verduras. El problema es que ninguno de ellos tenía experiencia trabajando en la tierra. Entre el trabajo duro de ser granjero, la poca comida y el clima brutal, el experimento solo les duró siete meses.

James Joyce, el tenor de Dublín

 

Además de escribir una de las novelas más complejas del siglo XX, Ulises, James Joyce también fue cantante y pianista. A Joyce le costó mucho abrirse camino con la literatura. Su primer libro, Dublinenses, fue rechazado 22 veces, pero no se rindió y mientras esperaba que alguien le publicase, cantaba en restaurantes de la ciudad para ganarse la vida.

William S. Burroughs, el exterminador de plagas más raro del mundo

 

Burroughs trabajaba como exterminador en Chicago, pero eso no es lo extraño. Lo raro es que a él le gustaba tanto su trabajo que terminó escribiendo la novela Exterminador, en 1973. Hay algo en eso de andar aplastando insectos y aspirando químicos potencialmente mortales que explica por qué a Burroughs le gustaba tanto escribir novelas raritas como El almuerzo desnudo.

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