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Por qué los más ineptos se creen más listos que nadie

El eterno arrojo de la ignorancia

Aunque Sócrates dijera lo de " Solo sé que no sé nada", nadie pondría en vereda la inteligencia del filosófo, mucho mayor de lo que estaba dispuesto a asumir.

Algo parecido ocurre a la inversa. Mientras más inteligente crees que eres, más tonto eres en realidad. Solo hay que echar un vistazo a los "cuñaos" protagonistas de las cenas navideñas para darse cuenta de ello. Pero esta dosis de humildad nunca había recibido una respuesta científica.

O eso creíamos.

En 1999, David Dunning y Justin Kruger, dos investigadores de la Universidad de Cornell (Nueva York), analizaron este curioso fenómeno.

McArthur Wheeler era una ladrón que creía que restregarse un limón por la cara le haría invisible a las cámaras de seguridad

Su hipótesis estaba clara: " Las personas que carecen de habilidades para algo suelen carecer, también, de conciencia sobre ello". Y el primer ejemplo no podría haber sido más esclarecedor.

Se trataba de McArthur Wheeler, un ladrón que robó dos bancos en 1995, a plena luz del día y sin utilizar ningún tipo de máscara. Cuando la policía le detuvo, el hombre se quejó diciendo que tenía la cara restregada con limón, dando a entender que ello le tendría que haber hecho invisible para las cámaras de seguridad.

El primer experimento que los investigadores hicieron tenía que ver con el humor. Pidieron a humoristas profesionales que evaluaran 30 bromas según lo divertidas que eran. Entonces pidieron a 65 estudiantes que hicieran lo mismo, calificando las bromas, comparándolas y explicando qué grado de juicio tenían ellos mismos para clasificar el humor.

La mayoría de los encuestados dijo que su capacidad para decir lo que era gracioso era mayor a la media. Sin embargo, los resultados los evidenciaron. Quienes dijeron estar por encima de la media solían ser los que más fallaban. Sin embargo, los que realmente estaban por encima del promedio demostraron ser muy precisos en su autoevaluación.

Los encuestados por Dunning y Kruger demostraron que, mientras más capacidad creían que tenían para alguna cosa, peor se les daba

Después de esta prueba vino una de razonamiento lógico y, finalmente, otra de gramática. Siguiendo el mismo patrón, los evaluadores demostraron que, mientras más capacidad creían que tenían para alguna cosa, peor se les daba.

Se demostraba así que las personas que más se sobrevaloran son las que más meten la pata. No solo eran incompetentes, sino que carecían de herramientas mentales para juzgar su propia incompetencia.

Otros estudios han demostrado que el efecto “incompetente e inconsciente de ello” puede aplicarse a situaciones de la vida real y no solo en estudios de laboratorio. Por ejemplo, los cazadores que menos saben de armas también son los que tienen la peor percepción de su conocimiento sobre armas, y los médicos con las peores habilidades para comunicarse con sus pacientes también son los menos propensos a reconocer sus limitaciones.

Se trata, por tanto, de un efecto traspasable a todos los ámbitos de la vida. Si bien tener una profunda desconfianza en uno mismo puede repercutir en efectos muy negativos, lo mismo ocurre con la sobrevaloración.

El estudio original hizo que se reconociera este fenómeno como “Efecto Dunning-Kruger”. Esto se traduce como un ejemplo de lo que los psicólogos llaman metacognición: pensar sobre el propio pensamiento. El efecto consigue explicar las causas y consecuencias de la sobrevaloración de uno mismo. Y, además, vuelve a demostrar que la verdadera felicidad se encuentra en la ignorancia.

La verdadera felicidad se encuentra en la ignorancia

[Vía BBC]

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