Actualidad

La liga de la justicia adolescente que se metió en un buen lío

El Proyecto Pilla Pilla sale a la caza de adultos que buscan contactos sexuales con menores, lo graban y lo difunden: los jóvenes se toman la justicia por su mano

Usuario: Hola

Barcelona97: Ola

Usuario: por donde estás?

Barcelona97: granollers y tu?

Usuario: terrassa. edad?

Barcelona97: yo tengo casi 16 y tu?

Usuario: 42, te va?

Barcelona97: si, y a ti?

Usuario: si

La conversación ha sido capturada de un chat e incluida en un vídeo. En el siguiente plano, tres adolescentes y un hombre de mediana edad forcejean en un callejón. Un cuarto joven lo está grabando todo con su móvil. La escena es tensa. El hombre pide repetidamente que lo suelten. Ante la negativa, llama a gritos a la Policía. Está visiblemente asustado. Es, llamémoslo así, Terrassa 42 y ha caído en la trampa del Proyecto Pilla Pilla. Es una de las víctimas de lo que ellos mismos han bautizado como “cacerías de pederastas”.

El Proyecto Pilla Pilla nació como una página de facebook hace tan solo unas semanas —el 18 de noviembre— y desde entonces atesora un crecimiento exponencial de fans y detractores. Con más de 40.000 seguidores (5.000 solo este fin de semana), su lema es simple, en el sentido más preocupante de la palabra: “No a la pederastia”. Se trata de un grupo de jóvenes que ronda la veintena, de la zona de Granollers (Barcelona), y que opera así: se introducen en chats de contactos, en los que se hacen pasar por menores de entre 15 y 16 años y entablan conversación con varones adultos. Tontean, coquetean, hablan de sexo abiertamente con ellos, dan pie a que en la conversación afloren orificios preferidos, fluidos y posturas. Piden al adulto que lleve algo de alcohol o marihuana. Y acuerdan una cita. Para follar. En eso no queda duda alguna por ninguna de las dos partes. A partir de aquí, el desarrollo de los acontecimientos abre un peliagudo debate poliédrico, con múltiples y afiladas aristas.

Los integrantes del Proyecto Pilla Pilla acuden a las citas con sus contactados en grupo y, una vez allí, atrapan a la víctima y la someten a preguntas. Cuestionan su actitud, la recriminan, muestran una inquietante voluntad pedagógica en sus acciones. Acusan a los “cazados” de pederastas, les hacen prometer que no lo volverán a hacer. Y todo ello, sin una violencia manifiesta, aunque sí hay amenazas veladas de por medio: “ Si no corre y no hace ninguna tontería no le va a pasar nada”. Uno de los “cazados” intenta escapar y es retenido entre varios jóvenes. Es obligado a mostrar lo que lleva en la mochila: whisky, refrescos para mezclar, condones, toallas. Otros llevan también lubricante. Todas las “cacerías” son grabadas con un móvil y subidas a Internet; de momento hay tres en su página de facebook. La identidad de los “cazados” y algunos de sus datos personales, como su teléfono, quedan al descubierto. “Si esto lo cuelgas”, implora uno de ellos, “me vas a arruinar la vida”.

Queremos saber más. Contactamos vía facebook con los administradores de la página. Responde, al poco, el cabecilla, quien lleva la voz cantante en todos los vídeos: es Mikola Zatkalnitskyy (rubio, atlético, 19 años, de origen ucraniano). Nos comunica un usuario de Skype para charlar, aunque durante las primeras horas no logramos establecer contacto. En ese lapso, un nuevo mensaje en la bandeja de entrada de facebook nos advierte de la filiación neonazi de Zatkalnitskyy, acompañando el aviso con varias fotos del joven con la mano derecha alzada: “Aquí tienes la verdad del proyecto, como eres periodista, te interesará”. A la pregunta de cómo ese perfil desconocido sabe que contactamos con los creadores del proyecto, nos asegura que es hacker, y que lleva vigilando sus movimientos desde que comenzaron. Esto empieza a ponerse delicado.

Finalmente se produce el contacto vía Skype, pero Nick —como se hace llamar— no tiene muy claro lo de conceder una entrevista. “¿Qué gana el proyecto con salir en un reportaje?”, nos pregunta, “no me interesa la fama”. En facebook, la comunicación responde a los códigos que maneja; no se fía de un periodista, no controla ese territorio. Además, no necesita más publicidad. No le falta razón. Mientras hablamos, los fans de su página siguen aumentando.

Entre tanto, y a cada nuevo visionado del material que tienen colgado, surgen una serie de preguntas que convendría responder para poder valorar el caso con mayor rigor:

¿Son verdaderos pederastas los adultos que aparecen en los vídeos?

Con la ley en la mano, no. El Código Penal actual establece la edad de consentimiento sexual en los 13 años, una de las edades más bajas de Europa. Aunque el encuentro sexual hubiera llegado a producirse, no habría delito alguno. En España, un sexagenario puede acostarse con un joven de 13 y, si es consentido, es totalmente legal.

Legal sí, pero ¿es moralmente aceptable?

No hay más que darse un paseo por los comentarios de los vídeos para ver que un porcentaje nada desdeñable de personas considera una aberración el hecho de que estos señores queden con adolescentes. Los argumentos mencionando a hijos, sobrinos y hermanos pequeños circulan como la pólvora. Lo cierto es que el debate es complicado y ya está en la calle: con la nueva reforma del Código Penal en marcha, impulsada por Alberto Ruiz Gallardón, el límite para el consentimiento sexual se elevará próximamente a los 16. De momento, la reforma ya ha pasado su primer trámite parlamentario, por lo que en unos meses podría entrar en vigor. Quienes incumplan la nueva norma podrían enfrentarse a penas de hasta 12 años de prisión.

Y los artífices del proyecto, ¿podrían estar incurriendo en algún tipo de delito?

Consultado el asunto con fuentes policiales y judiciales, por lo que se aprecia en los vídeos, parece que no habría delito de detención ilegal, aunque sí podría existir un delito o falta —habría que determinar las circunstancias de cada caso— de coacciones. El hecho de difundir la imagen de los adultos y sus datos para revelar facetas de su vida íntima podría ser, además, considerada como una actitud difamatoria.

¿Tiene el Proyecto Pilla Pilla realmente vinculaciones neonazis?

En facebook están corriendo “ríos de tinta” sobre la posible filiación ultraderechista del grupo. El hecho de que el símbolo que han adoptado sea un puño cerrado con el pulgar a media asta, el mismo que emplean los grupos rusos caza-homosexuales, no ha hecho sino avivar la llama como una lata de gasolina. A través de posts y de vídeos, el proyecto aclara que no hay vinculación neonazi alguna, mientras decenas de usuarios llenan la página de fotos extraídas del perfil de VK de Zatkalnitskyy haciendo lo que parece el saludo nazi. Lo del símbolo, dicen, es mera casualidad. No se trata, insisten una y otra vez, de una caza de brujas encubierta contra el colectivo gay, la acusación más recurrente en los comentarios; ellos van contra la pederastia, entendida, eso sí, a su manera.

¿Qué es lo que pretenden realmente?

Según explican en el vídeo más reciente, saben que la edad de consentimiento son 13 años. Pese a todo, consideran que debe aumentarse a 16 y que con sus acciones disuaden y escarmientan a individuos que lo merecen. “Queremos que haya menos personas como tú”, le dicen al protagonista de este último encuentro. Creen sinceramente que sus acciones contribuyen a mejorar la sociedad y que su conducta tiene tintes heroicos. Se creen algo así como unos Watchmen de extrarradio, que suplen con sus acciones aquellos vacíos que a su juicio deja la falta de acción policial, o unas leyes que consideran insuficientes.

¿Son peligrosas iniciativas de este tipo? ¿Podría existir un efecto espejo?

Una de las preocupaciones que se menciona recurrentemente entre los detractores de este proyecto es la siguiente: ¿qué sucede si, alentados por esta iniciativa, más grupos de jóvenes empiezan a tomarse la justicia por su mano? Si la cruzada de otro grupo de amigos, por ejemplo, se centra en la lucha contra las drogas y se dedican a perseguir camellos. ¿Y si a alguno se le va la mano? ¿Y si hay grupos que consideran que, por el bien común, está justificado el uso de cierta violencia? Si quienes se autoerigen como ejecutores de las leyes, como vigías de lo moral, establecen sus propias normas y reinterpretan lo establecido según su propio criterio, ¿quién les pone a ellos el límite? ¿En qué podría acabar esto?

Al terminar este texto, la página de facebook del Proyecto Pilla Pilla sigue sumando fans. El vídeo de la última “cacería” lleva menos de 24 horas colgado y ya ha sido compartido cerca de 500 veces y suma 1.800 likes. La interacción que está propiciando entre jóvenes de muy diferente tipo es enorme. Hay bronca, hay insultos, hay amenazas. Pero también hay debate, hay crítica, hay argumentaciones. Hay ciertas luces y muchas sombras en el microuniverso que ha creado la página del proyecto. Y hay, sobre todo, mucho que reflexionar acerca de por qué surgen iniciativas de este tipo.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar