PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

Que no te den gato 'new age' por liebre científica: guía para reconocer la literatura de autoayuda

H

 

Siete características que te permitirán saber cuándo un libro se ha pasado al lado oscuro

eudald espluga

16 Enero 2014 10:31

Estamos acostumbrados a identificar la autoayuda con un tipo de libros que comparten una estética muy similar: portadas satinadas con ilustraciones kitsch, títulos que prometen el éxtasis en cinco fáciles pasos o mensajes pseudoreligiosos que tienen más de un pie en el oscurantismo. Lo que llamamos autoayuda es siempre 'lo otro', un tipo de obras que casi todos estamos de acuerdo en despreciar. Pero, ¿qué pasa cuando se trata de novelas de aprendizaje de temática existencial? ¿Y con los libros de crecimiento personal? ¿Cuándo se convierte la divulgación psicológica en literatura de consejos? ¿Escribe Eduard Punset libros de autoayuda? ¿Qué pasa con Daniel Goleman? ¿Y Murakami? ¿Y Albert Espinosa?

¡No y no!, gritará el lector emocionalmente consciente. Él, que dice no dejarse embaucar por la fraseología de los trileros de la felicidad, no duda en alabar la sapiencia que demuestra Bucay en sus magníficos "Cuentos para pensar" y se tranquiliza cuando reconoce el léxico de la neuropsicología. También cree que su experiencia vital confirma que los pensamientos positivos atraen más positividad. Y es él, que sigue reiterando su desprecio a los libros de consejos, quien se empalma al contemplar la pirámide de Maslow, quien piensa que en "Polseres vermelles" hay lecciones de humanidad y cree que runners y montañistas son nuestros otros grandes ejemplos de lucha contra las adversidades.

Como afirmaba David Viñas Piquer en "La erótica de la autoayuda", no podemos reducir el entramado conceptual de la autoayuda a un tipo de obras en concreto, sino que se trata de una poética de la que pueden participar otros libros. La lógica how to impregna los eslóganes publicitarios, los virales de YouTube, la series de televisión; está en los departamentos de recursos humanos y en las nuevas teorías de la productividad; coloniza nuestro sentido común y nuestro vocabulario; gobierna las teorías de la creatividad y redefine el sentido de las relaciones personales.

Que no te den gato 'new age' por liebre científica: guía para reconocer la literatura de autoayuda

Por eso aquí señalaremos algunas características retóricas y argumentativas que permiten identificar la presencia acechante de la autoayuda.

1. 'Esto no es un libro de autoayuda'.

Se trata de una versión literaria del 'cariño, esto no es lo que parece'. Pero, como sabemos, siempre es lo que parece. De modo que de un libro que empieza con tal declaración sólo cabe esperar una orgía de enseñanzas al más puro estilo how to.

2. TÚ y sólo TÚ eres su amigo confidente.

Cuando un texto se dirige a ti en segunda persona, y no escarcea en apelativos cariñosos, empieza a sospechar. La retórica de los escritores de autoayuda es más sobona que la de un vendedor de seguros. 'Querido lector', 'Déjame compartir contigo', 'Compañero de viaje': poco les falta para llegar al 'vuesa merced'. El lenguaje se retuerce sobre sí mismo para buscar nuevas formulas inclusivas, que hagan sentir al consumidor que la relación comercial se ha trocado por la confidencialidad entre compinches. Reina una camaradería tan impostada y anacrónica que, cuando leemos estos libros, esperamos temerosos que en cualquier momento el autor empiece a dirigirse personalmente a nosotros, llame a nuestros familiares por su nombre y sepa nuestra dirección postal.

3. El sex-appeal de la ambigüedad.

Quizá uno de los elementos más delicados del método científico son las definiciones. Éstas siempre deben ser muy precisas y cuidadosas, pues de ellas depende todo el edificio argumentativo. Pero, ah, las definiciones en la autoayuda... En la medida que su objetivo es incluir al mayor número de personas, la ambigüedad se viste con los estrechos ropajes de la virtud y nos regala unas definiciones dignas de estudio. Por ejemplo, en su libro "El mundo amarillo", Albert Espinosa se marca un +10 al distinguir, porque sí y sin dar ninguna explicación, entre 'suerte' y 'azar' para acabar afirmando que éste último es mucho más poderoso que la suerte. Claro que sí, campeón.

4. En nombre de la ley.

Más inocente que Sheldon Cooper en un sex-shop es pensar que la ambigüedad endémica de la autoayuda le impediría recubrirse con la retórica de la ciencia. Y es que una de las formulaciones prototípicas de este tipo de libros es la enunciación de sus arbitrarios principios en forma de ley: buscan legitimidad y generalidad a base de imitar la estructura y el léxico de los postulados científicos. El caso más flagrante —también el más divertido, ha de reconocerse— lo encontramos en "El secreto" y su 'ley de la atracción'. Según se nos dice, esta ley era conocida —entre muchos otros— por Platón, Shakespeare, Newton, Víctor Hugo, Beethoven y Einstein. Falacias de autoridad aparte, la ley se caracteriza por elevar el magnetismo de los pensamientos a ley natural, hasta el punto de afirmar que "determina el orden completo del universo, cada momento de tu vida y todo lo que te pasa". Casi nada.

5. La protección lo primero.

Si por algo se caracteriza el espíritu de la autoayuda es por su voluntad de que el máximo número de lectores posibles puedan identificarse con lo que allí se dice. Por eso, como en el sexo, la protección es lo primero. Los textos están sumidos en un limbo de profilaxis moral. Todo el mundo cabe en las páginas de "Llegar a la cima y seguir subiendo", de Jorge Bucay. Por eso dice que poco importa cómo los lectores llamen a su destino final: "felicidad, autorrealización, darse cuenta, paz, éxito, cima". Sólo le falta añadir: "matar personas, muchas personas".

6. Porque yo no soy tonto (pero tú quizá sí).

Los libros de autoayuda no tienen en mucha consideración a sus lectores. En general, a pesar de la retórica amigable y confiable, acostumbran a tratar al consumidor como una sabandija semianalfabeta. Su pulsión por tipificar ciertos pasajes o ideas es incontrolable. Creen tener la necesidad de colocarte resúmenes, esquemas, recopilaciones de ideas, dibujos explicativos y hasta de marcarte con MAYÚSCULAS aquello en lo que HAS DE FIJARTE. Por pura cortesía, queridísimo y amabilísimo memo.

7.¿Argumentos? No sé, pero una vez...

Como era de esperar, la literatura how to no es el reino de los silogismos. Sus argumentaciones están terriblemente viciadas, ya sea por falacias en el razonamiento, por utilizar un lenguaje tan inconcreto que se torna imposible saber de qué se habla o por tomar como punto de partida unas definiciones más ambiguas que las predicciones del oráculo de Delfos. Todo esto, por supuesto, cuando el libro no es una orgía de elucubraciones solemnes, fraseología psicologista y machetazos new age a la racionalidad más elemental. Por eso mismo, en lo alto del podio de los 'argumentos' autoayudescos está la apelación al testimonio personal. La literatura de consejos fue de las primeras que aprendió a prescindir de la razonabilidad para gozar del emocionante storytelling: se implica al lector a partir de la anécdota, a través de las experiencias compartidas. Nada como saber que muchos otros se tragan las ruedas de molino a pares para poder lanzarnos nosotros también al placer de engullirlas.

share