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5 libros para los que pasan del sexo en agosto

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¿Hacer el amor o leer un buen libro? La respuesta siempre parece muy clara, pero con este calor todo podría cambiar...

Luna Miguel

07 Agosto 2014 13:02

Agosto es el peor mes para el amor. Los que viven con su pareja lo saben de sobra, pues conocen la terrible sensación de revolverse entre las sábanas sudadas cada noche, intentando separarse lo máximo posible de ese cuerpo que tanto calor desprende y que en estaciones más frías amábamos con más fuerza.

Ahora el calor es insoportable, y cuando la ventana no brinda ni siquiera un poco de aire o de brisa marina, da la impresión de que nuestro cuarto fuera una cárcel de cemento caliente, dentro del cual se podría freír un huevo frito en cada baldosa.

Los gatos se estiran perezosos, y buscan con nerviosismo que las aspas del ventilador apunten hacia ellos. Los cuerpos cansados e hinchados de los humanos duermen siesta interminables esperando que de tres a siete ni un rayo de luz les moleste.

¿Cómo hacer el amor bajo tales circunstancias? ¿Realmente apetece? ¿Nos quedaremos pegados cuales blandiblús si alguno de los dos se atreve a acercarse al otro con intenciones sexuales? ¿Por qué no podemos admitir nuestra derrota, dejar a un lado nuestras ganas, y esperar a que lleguen las lluvias frescas de septiembre para volver a la acción?

Mientras las revistas femeninas de todo el mundo nos dan consejos sobre posturas para la ducha, perreo sobre la hierba de la piscina y juegos con cubitos de hielo por aquí y por allá, nosotros hemos sido un poco más prácticos, o quizá tan perezosos como nuestras mascotas, y hemos preferido realizar una lista de 5 libros en los que el sexo es fundamental.

Sexo. O literatura. ¿Y por qué no las dos cosas?

1. Zonas húmedas, de Charlotte Roche

Una adolescente se hace un corte en la zona perineal mientras trata de depilarse antesd de su encuentro con un hombre. Entonces tiene que ir al hospital, donde nos narrará su triste historia como ninfómana, resultado simplemente de una dolorosa situación familiar. Mientras intenta que sus padres regresen, y mientras trata de ligarse a su guapo enfermero, las imágenes de su depravación cobran vida entre sofás de casas de extraños, y bocas de miles de amantes. Pura repulsión que incluso logra excitarnos.

2. Animal moribundo, de Philip Roth

Más enfermedad, pero de otro tipo, es la que encontramos en este clásico de la literatura contemporánea. Philip Roth es un maestro en eso de hablar de hombría y de seducción, pero en Animal moribundo, sin embargo, nos encontraremos a un protagonista masculino cuyo corazón latirá muy deprisa al darse cuenta qué delgada línea existe entre el sexo y la muerte, la juventud y la desaparición, la destrucción y el amor.

3. La lentitud, de Milan Kundera

No es una novela erótica en sí, ni tampoco rebosa sexo por todas sus esquinas, sin embargo La lentitud de Milan Kundera esconde una de las más bellas, alocadas y definitivas odas al agujero del culo. Porque el ano, para su intelectual narrador, es definitivamente el centro del universo. Él adora el orificio de su amante y por eso le dedica lo que es casi un poema, durante su estancia en un hotel señorial poblado por pintorestos personajes que asisten a un congreso de entomología.

4. Lolito, de Ben Brooks

El amor nos juega malas pasadas cuando somos adolescentes, pero en épocas como la nuestra deberíamos sentir que estamos más preparados para cualquier contratiempo. Después de enterarse de que su novia le engaña, al chaval que protagoniza Lolito no le queda otra que explotar la vida de Internet. Es en el mundo de la red donde conoce precisamente a la mujer mayor que le salvará (o no) la vida.

5. Porno para mujeres, de Erika Lust

Una genial guía de porno escrita para mujeres que están hartas de que la testosterona y el sexismo llenen sus pantallas. Lust es una de nuestras directoras de porno preferidas, y gracias a este libro comprendimos que detrás de las cosas más sencillas hay muchas cosas por analizar. Ella desgrana de manera divertida la industra de la pornografía, y nos abre los ojos (y también la boca, a carcajada limpia) con cada una de sus páginas. En resumen: las mujeres somos espectadoras de porno, pero siempre nos han obviado. Entonces, ¿cómo debemos rebelarnos?

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