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Cuatro libros absolutamente bellos que no podrás dejar de tocar... ni de leer

Porque cuando continente y contenido rezuman brillantez, la literatura es más grande

Conforme el mes de septiembre avanza, las mesas de novedades mudan su piel. Dicen adiós a los libros que compusieron un mosaico de colores durante los meses de verano y empiezan a dar espacio a todas esas novelas, cómics, ensayos o poemarios que vienen para cerrar un ajetreado año de publicaciones que luchan por destacar. En esa guerra por la atención, sólo los libros más bellos ganarán la batalla. Aquellos que emocionan tanto por su contenido explosivo como por su perfecto continente. Aquellos que son pura belleza en el tacto, en el olfato y en la vista, y que acaban por convertirse en piezas esenciales para los que además de lectores son coleccionistas, o curiosos, o simples seres humanos con ganas de poseer algo maravilloso.

1. El dedo en la boca, de Fleur Jaeggy (Alpha Decay)

La ilustración de cubierta de Sofia Nielsen (en la imagen destacada) ya anuncia que este pequeño volumen de casi 90 páginas va a esconder en su interior algo muy especial y extraño. Porque nos gusta juzgar al libro por su portada, pero más aún nos gusta juzgarlo por lo que su mítica autora nos cuenta. Fleur Jaeggy, escritora de culto, regresa al catálogo de Alpha Decay con una historia que volverá locos a los amantes de Marcel Schwob, porque dentro de El dedo en la boca hay enfermedad, hay pequeños cerilleros, y hay una historia de amor tan tierna como delirante que se debate entre las dudas de la infancia y las de la madurez. Para Jaeggy la literatura es un juego salvaje, y ella nos invita a mover sus fichas con las manos llenas de saliva.

2. Alfabeto, de Inger Christensen (Sexto Piso)

¿Qué lleva a un editor a comenzar una colección exclusivamente de poesía? Quizá la locura. O quizá la pasión. O quizá la certeza de saber que en nuestro idioma aún quedan muchas cosas por hacer. Sexto Piso se lanza a la edición de poesía, precisamente, con un título inédito en español hasta la fecha: Alfabeto, de Inger Christensen. La autora danesa es dulce y es política a la vez. De sus poemas de ramas aparentemente finas cuelgan granadas de mano. Christensen denuncian las guerras de su tiempo y convierte la apacible y aburrida doméstica en un espacio único desde el que observar y constatar la frágil e irónica existencia de las cosas. «Hay algo extraordinario/ en la manera en que las palomas/ viven mi vida.»

3. Un mal día para nacer, de Courtney Collins (Lumen)

«Si la tierra hablara, ¿qué historias contaría?». La narradora Courtney Collins se hace esta pregunta en la sugerente primera línea de la también sugerente novela Un mal día para nacer. Entre tapas duras y letras doradas, la editorial Lumen estrenó su rentrée con una novela que nos empapa de sangre y que nos mancha el rostro con hollín. Porque de hecho, en estas páginas, es la misma tierra la que nos habla y la que nos presenta la historia de una madre fugitiva y su hija abandonada. Una versión cruda de la maternidad. Una narración llena de intriga en la que Collins es capaz de conseguir que lo asqueroso sea bello y viceversa.

4. La edad atómica, de Gerardo Grande (La Bella Varsovia)

Aunque se trata de un poemario, lo que aquí encontramos es una especie de diario. Una bitácora vital en la que se resume la vida de un joven poeta, animalito o rockero. El mexicano Gerardo Grande tiene veintitrés años, pero su edad atómica, en realidad, no tiene años. Poemas escritos desde la adolescencia, poemas que nos muestran a un niño que quiere ser hombre o a un hombre que quiere ser niño, o a un planeta que quiere ser estrella o a una estrella que quiere ser universo. El autor es ambicioso aquí. Su ritmo bolañesco está a la altura de las expectativas.  

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