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La nueva legislación que regula la concesión de permisos de trabajo para ciudadanos extranjeros en Canadá amenaza la supervivencia de clubes y salas de conciertos pequeñas en ese país

El gobierno canadiense cobrará a partir de ahora 450 dólares por cada miembro de una banda internacional y actuación

Los problemas en el campo de la contratación y programación de eventos culturales no son exclusiva de España. Ahora nos llegan noticias desalentadoras desde Canadá, donde el gobierno ha impuesto casi por sorpresa unas regulaciones federales que harán que se duplique, triplique o hasta cuadriplique el coste de llevar a un artista internacional a tocar en bares, restaurantes o cafeterías de ese país. Las regulaciones, que afectan de forma general a la contratación de trabajadores extranjeros en Canada, suponen que cualquier local cuya actividad principal no sea exclusivamente la música en directo y programe actuaciones deberá pagar una tasa de 275 dólares canadienses por cada músico no residente en el país al que contrate y por cada una de las personas que viajen con la banda (tour manager, ingeniero de sonido, técnico de guitarras, etcétera). A esto hay que sumar unos 150 dólares extra por el permiso de trabajo de cada músico aprobado y sus miembros del equipo. Además, esas cantidades no son reembolsables, por lo que, en el caso de que las autoridades denieguen el permiso para la contratación de un artista, la sala perdería el dinero igualmente aunque al final no hubiera actuación.

Antes de estos cambios, la cuota era de 150 dólares por miembro de banda, hasta un máximo de 450 dólares, y se tenía que pagar una única vez coincidiendo con la entrada del músico o la banda en el país, de manera que el coste era fácilmente asumible y a menudo se repartía entre los diferentes promotores de una misma gira. La nueva tasa, sin embargo, es exigible por cada actuación.

Para entender un poco mejor el significado de todo esto, Spencer Brown, promotor del The Palomino de Calgary, que lleva tanto a artistas locales, nacionales como internacionales, explica en declaraciones al diario Calgary Herald que está sorprendido por los cambios y que ahora, en su caso concreto, por llevar a un cuarteto americano a The Palomino", tendrá que "pagar 1.700 dólares canadienses sólo por tenerlos en el cartel, y eso sin contar los gastos de un técnico de sonido, la publicidad, el alquiler del equipo, pagar a otras bandas o a los empleados”. Y fue más lejos. “La promoción de conciertos a este nivel es una ocupación de alto riesgo. Y esto lo ha puesto por las nubes. No hay manera de cubrir gastos y sacar ganancias si empiezas con un agujero de 1.700 dólares. Es imposible”.

La medida, que ha sido tildada de "anti arte y cultura" desde varios frentes, ya ha generado el rechazo de los afectados. Hasta tal punto de que se ha activado una campaña Change para hacer que el gobierno se retracte de esta nueva regulación. Por el momento se han firmado 44.575 peticiones de las 75.000 necesarias para que la petición prospere.

Todo esto recuerda un poco a la aún reciente, por dolorosa, subida del IVA, que hizo que muchos promotores españoles se quejasen unánimemente.

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