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Autoritarismo y opacidad: sale a la luz la cara más oscura de Studio Ghibli

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Un antiguo trabajador revela en una entrevista cómo es realmente trabajar en el legendario estudio

Juan Carlos Saloz

20 Julio 2016 19:15

Quien ha visto una película de Studio Ghibli ha visto una maravilla de la cinematografía.

Siempre jugando con las emociones humanas, y mezclándolas el terror y la fantasía, los filmes de Hayao Miyazaki se han convertido en clásicos instantáneos.

Pero, detrás de los fantasmas, dragones y castillos voladores no todo es magia. Dentro de uno de los estudios más prestigiosos de Japón, se encuentra una estructura digna de la Familia Corleone.

Esto es, al menos, lo que se extrae de las palabras de Hirokatsu Kihara, productor que se unió al estudio en 1985 y trabajó en tres de las películas más importantes de la compañía: El castillo en el cielo, Mi vecino Totoro y Nicky, la aprendiz de bruja.

En una entrevista para Dazed, no ha tenido reparos en explicar lo que ocurre dentro de Studio Ghibli.

Hirokatsu Kihara

Hay una persona en Ghibli, cuyo nombre no voy a citar, al que encuentro aterrador. Habla como un Yakuza y actúa como un político”, relata Kihara, que además cuestiona la opacidad con la opera el estudio: “¿No te parece extraño que no den prácticamente ninguna entrevista?”.

Según Kihara, el problema que existe actualmente en la productora es que los trabajadores no se sienten valorados: “Se ha propagado una sensación de que todo el mundo es reemplazable –incluso Miyazaki–. En lugar a contratar a personas creativas con grandes ideas, contratan a personas que satisfagan a los productores. Quieren seguidores, no líderes. Las personas que trabajan en Ghibli abandonan bastante pronto y no vuelven jamás”.


"Hay una persona en Ghibli, cuyo nombre no voy a citar, que ha instaurado una filosofía totalmente aterradora en el estudio. Habla como un Yakuza y actúa como un político".


Esto podría responder a por qué de las 21 películas que ha producido Ghibli hasta el momento, nueve pertenecen a Hayao Miyazaki y otras cinco a Isao Takahata. Se ha implantado una cultura del trabajo en la que la mayoría son simples eslabones de una larga cadena dirigida siempre por los mismos.

“El orden es siempre el mismo: Miyazaki, Takahata, Miyazaki, Takahata. En lugar de seguir lo que hacen en Disney o Pixar, donde reciben ideas de todas partes, cargan la responsabilidad sobre los hombros del director. Eso hace que estén con exceso de trabajo y que no tengan tiempo suficiente para madurar nuevas ideas”.

Kihara considera que, desde que se fue de la compañía, la mayoría de películas que han hecho han sido muy aburridas. “El problema de Mizayaki es que pone todo de sí mismo en cada trabajo que hace. Pero, cuando ya lo ha hecho, ¿qué le queda?”.

Además, la exigencia del director no solo va para él mismo, sino para todos los que le rodean, lo que provoca que muchos acaben quemados y otros incluso decidan abandonar la empresa tras acabar el proyecto pertinente. Así fue desde el primer momento:

“Cuando estábamos haciendo El castillo en el cielo ya nos decía ‘No podemos fallar. Si la película no se convierte en un éxito o la gente no la acepta, nunca podría ser capaz de hacer otra’. Lo malo es que ha seguido haciéndolo mucho tiempo después y esto afecta a quienes le rodean”.

Las declaraciones de Kihara encajan a la perfección con la cultura japonesa tradicional del trabajo duro, donde cualquier rastro de fracaso debe ser eliminado al momento.

Sea cierto o no lo que dice Kihara, es innegable que los mayores éxitos de Ghibli han ido siempre de la mano de Miyazaki.

Sea cierto o no lo que dice Kihara, es innegable que los mayores éxitos de Ghibli han ido siempre de la mano de Miyazaki.

Obviamente, para ser un cineasta de éxito tienes que ganarte enemigos, pero no son pocos los que pronostican el fin de una era en cuanto el director se retire definitivamente.

Al fin y al cabo, tampoco han hecho mucho para buscar jóvenes promesas que puedan sustituirle en un futuro cada vez más próximo.

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