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Al ‘justiciero del porno’ le trinca la policía de California

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Este personaje se dedicaba a hackear correos de famosos para robar sus fotos más íntimas y colgarlas en un blog sólo ‘por venganza’

Mario G. Sinde

24 Enero 2014 10:01

A todas las personas que estamos aquí nos gustaría tener varias cosas: visión de rayos X para poder ver, siempre previa selección del género, a otras personas desnudas; varios millones de euros en la cuenta del banco y un chófer particular para ir a los sitios. Y ya por pedir, incluso la habilidad de entrar en los espacios privados de las personas para husmear sus secretos más íntimos. Hablo por todas cuando digo que el morbo es una fuerza motriz del mundo y que, de igual manera que seguimos a las más avanzadas estrellas del fitness para contemplar sus glúteos perfectos en Instagram, también nos gustaría poder entrar en el móvil de Scarlett Johansson para robarle sus fotografías en cueros (un momento: si eso ya ha sucedido). Y eso, que para el resto es una fantasía porque somos gente de ley y orden que todavía reprimimos nuestros instintos por el bien de la convivencia social, es lo que Hunter Moore llevaba tiempo paciendo, pasándose por el forro el derecho a la intimidad de sus víctimas.

Muchos le llamaban ‘el justiciero del porno’, porque su especialidad era hackear emails y teléfonos de personas anónimas y famosos por igual, incluida gente de la farándula y del mundo de la música, para robar sus fotos en situaciones comprometidas (normalmente en el trance de una comida de rabo, o en el baño sin nada de ropa, etc.) para, acto seguido, colgarlas en un blog -hoy desaparecido, aunque sigue teniendo fans- que servía como escaparate de escarnio público. Cuando se le preguntó de dónde obtenía las imágenes, Hunter había explicado en una entrevista que el material le llegaba de personas anónimas que querían vengarse de su pareja o de cualquier enemigo conocido. Sigue siendo un delito, pues es una invasión de la intimidad flagrante, pero Hunter siempre se arrogaba el papel de mensajero, no el de animal de carroña. Ahora, según informa Los Angeles Times, la policía tiene pruebas de que, juntamente con un compinche, se dedicaba a husmear en los secretos de otros para lucrarse él mismo. Ahora, una vez dimitido Rosell, sólo falta que trinquen al asesino que rebana cuellos en el Gòtic de Barcelona para que podamos volver a dormir tranquilos.

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