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¿De verdad queremos que nuestros hijos no sepan cómo es el sol?

El prestigioso Jia Zhangke descubre la aterradora belleza de las ciudades chinas cubiertas de smog

El aire en China apesta. Según datos de Greenpeace, en 190 grandes ciudades del país el nivel de contaminación habitual dobla los estándares de salud del país. La polución es tal que las estimaciones de la OMS ha calculado en 500.000 las muertes prematuras por enfermedades derivadas de ella.

Cierto: el espectacular crecimiento industrial del país ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas, pero al precio de una degradación espectacular del medioambiente y de su propia salud. Y la tendencia no parece ser ir a menos. A no ser que la población china empiece a hacer caso a mensajes tan poderosos como el que lanza el director Jia Zhangke en su cortometraje Smog Journeys.

Smog Journeys es un trabajo muy coherente dentro de la trayectoria de Zhangke, quien se ha convertido en el narrador más fiero, crítico y poético de la nueva China con cintas como Naturaleza Muerta o El Mundo. Su última película, la poderosa Un toque de violencia, fue aclamada en todo el mundo al mismo tiempo que el gobierno de su país la censuraba.

Como en todas estas obras, Smog Journeys nos deja el corazón encogido a base de realidad y belleza. Apenas hay palabras, pero la pura imagen lo dice todo. Niños pequeños con mascarillas de oxígeno, un hombre que da voltereta en medio de una niebla artificial, un beso robado a los pies de una chimenea, un sol que siempre falta porque la niebla artificial se lo come, un coro de niños alegres que le cantan al futuro. Y es que a pesar a todo, la vida sigue.

Esa es la fuerza de esta pieza. Sin dramatismos ni grandes gestos, nos enfrenta a una realidad con la cual conviven millones de personas y que han llegado a normalizar porque no tienen otro remedio y en ocasiones tampoco han conocido otra cosa. Hay algo terrible en esa resignación, en la posibilidad de que los niños del mañana no hayan visto el sol que Zhangke recuerda haber disfrutado en su juventud brillando fiero sobre Beijing. Pero no podremos hacer nada para combatirla si no entendemos primero la relación que tenemos con nuestro entorno, cómo éste es un reflejo de lo que nosotros mismos somos.

La manera en que estas personas luchan por sobrevivir, por ser felices en medio del humo, es una muestra de todo el potencial para el cambio que también esconde el gran gigante asiático. 

Trabajos así permiten creer que se puede avanzar en otra dirección, antes de que nos ahoguemos definitivamente

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