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Ser prostituto no es tan fácil como parece

En Tokio hay toda una industria de "acompañantes" masculinos

"Cuando me convertí en acompañante, cambié mi nombre a Keiji. Alguna gente nos llama chicos de alquiler. No me gusta esta palabra. Es un nombre grosero para alguien que lleva alegría a la gente para ganarse la vida.

Es nuestro trabajo. Vendemos felicidad a las mujeres, a todas las mujeres. Por esa hora, soy tuyo. Ese es nuestro negocio. Vendemos nuestro amor y atención.

La mayoría de nuestro dinero viene de chicas que también trabajan en nuestra industria. Para ellas es imposible tener vidas normales, o estar con alguien que acepte su trabajo. Tienen vergüenza, así que vienen a nosotros"

Keiji, en un fotograma de River.

Así comienza River, un corto dirigido por Kheaven Lewandowski y estrenado hace pocos días en la web Nowness.

El vídeo narra la historia de Keiji, un "host", como se conocen los jóvenes que trabajan en los clubes nocturnos de la ciudad de Tokio, dedicados únicamente a satisfacer y entretener a mujeres.

Keiji fue captado por un profesional nada más llegar a la capital, como la mayoría de los chicos que se dedican a ello: "Nosotros éramos sus chicos perdidos. Él me enseñó todo lo que sé, me dio un hogar". 

Sólo puede diferenciarse de los demás a través de su peinado

Los acompañantes son reconocibles porque suelen teñirse el pelo de colores claros, por lucir falsos bronceados, por ir vestidos con traje y por tratar de conversar con mujeres que pasan por lugares muy transitados. Se mueven, sobre todo, por el barrio con más actividad comercial de Tokio, Shinjuku.

En este trabajo, beber es obligatorio para mantenerse achispado y Keiji empieza a hacerse mayor, está cansado. Sus clientas habituales le dicen que ya no es tan gracioso como antes: "Haznos reír, chico, te estás volviendo aburrido últimamente. Ya no eres divertido".

En estos servicios, el sexo es opcional y poco habitual: se busca una "experiencia de noviazgo". El coqueto, la conversación, la evasión y seguimiento a las clientas (a través de llamadas y mensajes después de la primera cita) es lo más importante, por lo que hay que mantenerse despierto.

Las clientas suelen ser prostitutas que quieren desconectar, pero también mujeres de negocios, estudiantes universitarias y amas de casa con ganas de fantasear. En contra de lo que muchos hombres imaginan, ser acompañante no es nada fácil. Hay que poner el cuerpo, la sonrisa, una y otra vez.

El sexo es opcional y poco habitual: se busca una 'experiencia de noviazgo'

Las clientas pagan para sentir esa energía, para que las diviertan. Uno de los juegos habituales es conseguir que las mujeres abran una botella de champán: "Antes solía beber más de 10 botellas de champán cada noche. Ya no puedo hacerlo. El médico me ha dicho que tengo una úlcera. Ya no soy el acompañante que era".

Mientras que las prostitutas suelen ser víctimas de la violencia machista de proxenetas y clientes, este corto retrata la dura realidad de estos jóvenes, que a menudo reciben agresiones e insultos de otros hombres que les tachan de afeminados, así como de las parejas o maridos de sus clientas. Muchos clubs han sido relacionados con tráfico de seres humanos y con la mafia de los Yakuza.

Ser un chico de compañía en Japón no equivale a una vida lujosa, ni a glamour. Hay demanda, hay una industria y cada chico es sólo uno más: la competencia es extrema, también el esfuerzo físico que se requiere para aguantar el ritmo.

Las fotos de Keiji forman parte de un catálogo, y su club sólo es uno más en Tokio. Sólo puede difrerenciarse de los demás a través de su peinado. Y eso no parece demasiado divertido. 

Cuando sólo eres uno más, no eres el rey de nada

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