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Lo hemos desangrado hasta la muerte: ahora llega su venganza

'The Island and the Whales' aborda el abismo ecológico y de subsistencia al que se asoman tradiciones alimentarias como la de Islas Feroe

Una tradición para vivir puede ser también una tradición para matar. Hay formas de vida que matan.

Durante siglos, la población de uno de los lugares más remotos de Europa ha prolongado una tradición vikinga que tiñe de rojo sus frías aguas. Y llena de alimento sus mesas de madera.

Bienvenido a Islas Feroe, entre Escocia e Islandia. En sus 18 islas volcánicas, de administración danesa, sólo viven 50.000 personas. Sus 6º de media anual impiden que el suelo sea una fértil fuente de alimento. Así que el abastecimiento se busca en el mar. El indefenso pagará por ello.

En Islas Feroe, la caza de ballenas piloto y de aves marinas lleva tiempo siendo puesta en cuestión. Y no sólo por razones éticas. La salud de los consumidores de este tipo de pesca se puede ver amenazada y muchos de ellos están cambiando su perspectiva sobre su modo de vida.

Este es el punto de partida del documental The Island and the Whales ( La isla y las ballenas), que se acaba de lanzar en Kickstarter.

Porque hay muy malas noticias para quienes entienden la alimentación, la vida misma, como la ley del más fuerte. Los estudios hablan de niños nacidos con hasta 40 veces más del nivel de mercurio saludable en el cuerpo. Lo advierte el científico local Pál Weihe, que lleva años persiguiendo el fin del consumo de carne de ballena con sus investigaciones, es una de las voces autorizadas de The Island and the Whales.

Si bien gran cantidad de variedades de pescado contienen restos de mercurio, el nivel resultante en las investigaciones de Weihe supone un riesgo desconocido hasta ahora en Islas Feroe. Especialmente para el sistema nervioso, en forma de párkinson, hipertensión o arteriosclerosis, de niños y mujeres embarazadas. En dos palabras: futuro amenazado.

La contaminación del mar está volviendo a su origen. A los humanos. A sus cuerpos.

Aquellos que envenenan los mares, veneno comerán.

El plástico en los estómagos de las aves marinas vuelve a las bocas de quienes lo arrojaron.

Algunos animales desaparecen directamente. Basándonos en el expolio de la naturaleza, cada vez escaseará más la comida en las mesas de todo el mundo.

Un mundo en el que cada vez hay más humanos. Pero no somos más humanos.

Y cada vez la naturaleza es más pequeña. Pero está decidida a morir matando a quien la mata.

Si somos tan egoístas, ¿por qué nos suicidamos así?

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