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Lujo y muerte sumergidos: en el interior del Costa Concordia

El fotógrafo Danko Kiełkowski nadó 200 metros para retratar la realidad dentro de la tragedia

El Costa Concordia no tiene una película de Hollywood. Tampoco tiene una orquesta que tocó hasta su hundimiento ni se chocó con un iceberg inesperado. Pero, por lo demás, su historia poco tiene que envidiar a la del Titanic.

Ya hace cuatro años desde que el Costa Concordia impactó con unas rocas cerca de la Toscana italiana, frente a la isla de Giglio. 32 muertos, 4197 evacuados y 1470 días después, se publican fotografías exclusivas de lo que ha sido del buque de los sueños rotos.

Imágenes tan bellas como impactantes que sintetizan a la perfección la magnitud de la tragedia

Ha sido el fotógrafo Jonathan Danko Kiełkowski, a través de su libro Concordia, quien ha publicado unas imágenes tan bellas como impactantes que sintetizan a la perfección la magnitud de la tragedia.

El mérito de Kielkowski va mucho más allá de las imágenes, ya que nadó los 200 metros que separaban al buque de la costa de Génova antes de saltar para retratar la realidad de lo que había allí dentro.

El fotógrafo Danko Kiełkowski nadó 200 metros para retratar la realidad dentro de la tragedia

"Contra todo pronóstico, me encontré con que el barco estaba completamente libre", explica el fotógrafo. "No había nada ni nadie allí: ni vallas ni personal de seguridad. Las puertas estaban abiertas".

El caso del Costa Concordia tuvo según la ley un claro culpable: el capitán Francesco Schettino. En la actualidad, Schettino cumple una condena de 16 años de prisión por haber provocado un accidente que ha originado, además de las 32 muertes, pérdidas económicas de más de 86 millones de euros.

La fortuna de los casinos y las grandes escalinatas ha sido consumida por el caos más absoluto

En las imágenes vemos las claras consecuencias de una catástrofe tanto humana como ecológica. La fortuna de los casinos y las grandes escalinatas ha sido consumida por el caos más absoluto. Las máquinas tragaperras se han oxidado. Las fichas se han desperdigado. Los ordenadores han reventado.

Desde su inauguración, los marineros advirtieron del mal de ojo que había caído sobre el crucero. La botella de champán que tenía que darle la bienvenida no se rompió, un signo de mala suerte que, en 2005, no se tuvo en cuenta. Pero que, siete años después, todos recordaron.

Ahora vemos el lujo sumergido junto a los sueños de quienes subieron a bordo de este buque maldito.

Una tragedia inmortalizada por un valeroso fotógrafo

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