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El insaciable apetito fotográfico de un joven llamado Hopper

Un libro y una exposición monográfica en Londres recuperan el legado fotográfico del actor y director de cine Dennis Hopper. Imágenes de una vida intensa a ambos lados de la cámara

Dennis Hopper siempre tuvo un carácter fuerte, recio, nada dúctil. Su fama de persona difícil le persiguió desde joven. Él no era de los de morderse la lengua ni de los de esquivar ninguna pelea, y ese actitud testaruda, combinada con buenas dosis de soberbia, le granjeó sonados choques con compañeros y jefes desde su llegada temprana a Hollywood.

“Él daba por sentado que era el actor joven más grande del mundo. Bueno, no lo era. Era un chico terco, lleno de tontería. Era un pretendido enfant terrible y un incordio”. Con esas palabras rememoraba años después el director Henry Hathaway su experiencia trabajando con un Hopper recién entrado en la veintena. Y a él, en parte, le debemos las imágenes que hoy recuperamos.

En 1958, una bronca con Hathaway durante el rodaje de Del infierno a Texas le costó a Hopper su contrato con Warner Bros, estudio para el que había empezado a trabajar con 18 años. A resultas de aquella experiencia, el actor, decepcionado, desapareció de Hollywood. Hopper se apartó de la interpretación durante más de un lustro. En aquel tiempo, su única vía de escape creativa fue la fotografía, una pasión que había descubierto años atrás junto a James Dean, con quien trabajó en Rebelde sin causa y Gigante.

Moteros, artistas pop, militantes y hippies

Los primeros años sesenta Hopper los gastó merodeando alrededor de la escena cultural de Los Ángeles, fotografiando obsesivamente a sus figuras y documentando lo que se cocía alrededor de la contracultura de la época en ambas costas. Sus instantáneas nos muestran a moteros y a hippies, a músicos y a poetas beat, a actores, modelos y artistas plásticos. Hopper fotografió a Martin Luther King y a Paul Newman, a Jane Fonda y a Timothy Leary, a Andy Warhol y a James Brown, a Merce Cunningham y a Roy Lichtenstein, a Ike y Tina Turner, David Hockney, Jasper Johns, Ed Ruscha, a Rauschenberg enseñando su lengua a cámara... Hopper tuvo acceso a lo más granado del firmamento artístico de la época, pero su cámara también prestó atención a los cambios que estaban ocurriendo a nivel político y social en aquella turbulenta América de los sesenta.

El estreno en 1969 de Easy Rider volvió a encarrilar su carrera como actor y director. Y si hacemos caso a sus palabras, Hopper nunca más volvió a empuñar una cámara fotográfica después de aquello.

“Nunca hice un céntimo de estas fotografías. Me costaron dinero, pero me mantuvieron vivo... Fueron la única salida creativa que tuve durante aquellos años hasta que hice Easy Rider. Nunca más volví a llevar una cámara conmigo”.

A raíz de la muerte del actor en 2010, entre sus pertenencias se descubrieron cuatro cajas con las más de 400 fotografías que el actor había revelado de cara a la primera gran exposición de su trabajo, celebrada en 1970 en el Fort Worth Art Center de Texas. Aquellas fotos, desaparecidas durante décadas, vuelven a ver ahora la luz en forma de libro y de exposición. La muestra se puede visitar en la Royal Academy of Arts de Londres hasta el 19 de octubre.

Aquí os dejamos algunas de esas imágenes. Testamento de una vida extraordinaria.

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