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Con estas iniciativas, el despilfarro de comida tiene los días contados

Comida gratis en neveras sociales situadas en la calle, para acabar con el hambre y el desperdicio

La imagen de personas rebuscando por necesidad en los contenedores de basura se suele clavar con una fuerza insospechada en el fondo de nuestra cabeza.

Cogida con chinchetas o pegada con celo, esa visión acaba siempre justo al lado de otra imagen que es algo así como su reverso: la de toneladas de comida que cada día dejan morir l os supermercados en esos mismos contenedores, o en basureros gigantes donde los yogures que caducaron ayer exhalan su último suspiro junto a manzanas descartadas por no ser lo suficientemente "perfectas" para merecer estar en una estantería. Como si de un concurso de belleza alimenticia se tratara.

Esas dos imágenes, la de la necesidad y la del desperdicio desalmado, son tan incongruentes que nos llevan a preguntarnos: ¿por qué estamos dejando que esto pase?

Todos nos hacemos preguntas, pero solo algunos ejecutan respuestas. Entre los segundos está el alemán Raphael Fellmer .

Impulsor de la iniciativa Lebensmittelretter, dedicada a recuperar y redistribuir alimentos desperdiciados, a Fellmer se le ocurrió un buen día instalar frigoríficos públicos en mercados y calles de Berlín. Frigoríficos sociales en los que la gente dejaba comida que se iba a desechar para que otros pudieran aprovecharla.

Una de las neveras instaladas en las calles de Berlín.

La idea de Fellmer inspiró Álvaro Saiz, un joven de Galdakao (Vizcaya) que creó la primera nevera solidaria de España con su asociación Asociación Humanitaria de Voluntarios de Galdakao.

Desde la Asociación, Koro Ibarra aclara que la función de las neveras no es solo social, no solo piensan en beneficiar a quienes menos tienen, sino que fueron instaladas con el objetivo de concienciar sobre el tremendo despilfarro de comida diario.

La Asociación ha instalado 6 neveras en diferentes lugares del País Vasco y van por la séptima. Del mantenimiento de las neveras se ocupan desde la propia asociación, que vigila que no haya comida en mal estado en los frigoríficos.

Para ello, todas las personas que vayan a dejar comida, deben dejarla con una pegatina en la que ponga la fecha en la que fue cocinada. Si en 2 o 3 días esa comida no se ha consumido, se debe retirar.

Para poder instalarlas, Koro asegura que no han necesitado pedir ningún permiso especial, simplemente han contado con el apoyo de los ayuntamientos de los lugares en las que están ubicadas las neveras.

Una de las máquinas se ha instalado incluso en una Universidad, en el campus de Leioa. De esta nevera se suelen aprovechar los propios estudiantes del centro, cuyo recinto incluye una escuela de Hostelería que funciona como la principal proveedora de la nevera social.

"De llenar las neveras se ocupa la gente normal y los bares y restaurantes que dejan los platos que les sobran al final del día. Los comercios no colaboran, no están tan involucrados como lo estaríamos tú o yo", declara Koro.

La realidad es que muchas de las políticas de los supermercados más grandes del país, impiden la donación de los alimentos que ya no se pueden vender.

De hecho, prefieren tirarlos o dejar que se pudran en recintos enrejados antes que llevarlos a un comedor social o a una nevera solidaria.

Una de las Neveras Solidarias del País Vasco.

 

El proyecto de Galdakao fue exportado por Juan Miguel Varea a Murcia donde funcionó muy bien tan solo 7 meses. Después la nevera fue retirada. Su creador asegura que, por problemas de burocracia, los técnicos decidieron quitarla de la calle, aunque en un principio el Ayuntamiento había mostrado todo su apoyo a la iniciativa.

En España cada día se destruyen 21.000 toneladas de comida. Alimentos que podrían ser aprovechados por millones de personas simplemente acaban en un contenedor.

A nivel global, el problema es mucho mayor. Se calcula que un 40% de toda la comida producida acaba, simple y llanamente, desechada.

¿Es entonces todo un problema de escasez o por el contrario de sobreabundancia?

Lo que queda claro es que es un reparto muy desigualitario.

Los ciudadanos ya han decidido tomar parte en el problema con la creación de las neveras solidarias y con diversas campañas en Change.org. Una de ellas, que pide 1 millón de firmas, va directamente dirigida a la Comisión Europea con el objetivo de que a nivel europeo se apruebe una ley que penalice a los comercios que tiran la comida que ya no se puede vender en vez de donarla.

De momento, la iniciativa ya ha calado en Francia y en Italia donde en los últimos dos meses los gobiernos ya han aprobado leyes para impedir que los supermercados llenen los contenedores de comida en buen estado.

El cambio es posible. Acabar con el hambre, también.

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